31 ene 2015

Heroes

Los soldados que eramos destinados a esta unidad lo primero que veíamos al llegar al cuartel era una lapida que recordaba una tragedia ocurrida en los orígenes de esta unidad.

El 24 de Octubre de 1964, perdidos por la niebla y envueltos en una terrible tormenta de viento y nieve, un cabo y tres soldados de la compañía perecían victimas del frió y el agotamiento. En aquellos terribles momento se vivieron grandes gestas de heroísmo y compañerismo donde los que estaban mas fuertes lo dieron todo para salvar a los mas débiles. Un cuadro con la fotografía de los compañeros caídos presidia el salón de actos de nuestro cuartel, sin embargo, no podíamos ponerle cara a aquellos primeros soldados que nos precedieron.

Sirvan estas fotografías de los actos celebrados con motivo del 50 aniversario de aquella tragedia para homenajear a aquellos héroes. 

Tres de los veteranos de 1964 que se distinguieron por protagonizar escenas de gran valor junto a la hermana del fallecido Soldado D. Jesús Santamaria Barbero.



Familia del Soldado D. Jesús Santamaria Barbero.
 
Los capitanes de nuestra Compañía y algunos de sus mas antiguos oficiales.

25 de Octubre de 2014, la familia del Soldado D. Jesús Santamaria Barbero durante la comida de hermandad.
Nuestros mas antiguos veteranos, héroes aquel 24 de Octubre de 1964.

En el centro el Coronel D. Feliciano Bartual, Teniente en 1964, quien realizo un heroico descenso en lo mas duro de la tormenta para buscar ayuda en el pueblo francés de Larraun.  
 
2014, veteranos de todos los rincones de España acudieron a honrar a los compañeros caídos en 1964
El General D. Luis Palacios, Teniente en 1964, junto a la familia del soldado D. Manuel Perez Perez.
24 de Octubre de 2014, foto de familia, veteranos de todas las épocas.

Cada verano, en el Puerto de Larraun, los soldados que sirvieron en 1964 siguen acudiendo a honrar a los compañeros caídos.








8 ene 2015

EL BATALLÓN ALPINO DEL GUADARRAMA


Los inicios del Batallón Alpino del Guadarrama, fueron dobles pues se formaron más o menos a la vez dos unidades que posteriormente se unirían.

La primera unidad Alpina se forma en Septiembre de 1936 en la Zona de Cercedilla, donde una serie de jóvenes y aficionados al esquí forman el “Batallón Alpino Juventud” previa autorización de las Juventudes Socialistas Unificadas, que ponen al mando del mismo a Raimundo Calvo y estableciendo su base en un Palacete requisado de la Calle de Velázquez, y como Comisario a Eduardo Muñoz. La presentación tuvo lugar en el Coliseo Pardiñas, con todos los tópicos del momento, incluido un pase de la película Rusa “Los Marinos de Kronstad¨.

Una vez formada la primera compañía y tras un pequeño periodo de instrucción militar se trasladan a la sierra, instalando su puesto de mando en la Casa Forestal de los Ingenieros de Montes en las Dehesas de Cercedilla, en lo que fue el restaurante “Casa Cirilo”.

A comienzos de Noviembre de 1936 se incorpora la 2ª Compañía, quedando el Batallón organizado de la siguiente forma:
  • Comandante: Raimundo Calvo. 
  • Teniente Ayudante: Vicente García. 
  • Comisario: Eduardo Muñoz. 
1ª Compañía: 
  • Capitán: Miguel Condes. 
  • Tenientes: Luis Velázquez, Luis Cos y Miguel Ruiz. 
2ª Compañía: 
  • Capitán: Jesús Velázquez. 
  • Tenientes: Casildo Fernández, Francisco Sánchez, Germán Largo.
La segunda unidad Alpina , y de forma paralela, se formó igualmente a partir de un grupo de aficionados a la montaña y los deportes de invierno y de tendencia comunista, quienes exponen la idea de formar una unidad de esquiadores a partir de los que en ese momento se integraban en el 5º Regimiento.

De esta manera se formaría el denominado “Batallón Alpino del 5º Regimiento” con sede en la calle Gaztambide de Madrid, y al mando del mismo se designa al Capitán de Milicias Joaquín Rodríguez López, de profesión mecánico de máquinas de escribir afiliado a la UGT , pero también uno de los mas entusiastas miembros del Montañismo Madrileño. Para Comisario Político se designa a Teógenes Díaz Gabín, comunista y a la vez veterano montañero.

Una vez uniformada y equipada esta primera compañía sube al puerto de Navacerrada el 14 de Octubre de 1936, instalándose en el chalet de la Sociedad Española de Alpinismo Peñalara y en el chalet del Club Alpino Español en el cercano puerto de Cotos y con los siguientes mandos:
  • Capitán: Luis Balaguer. 
  • Comisario: Vicente Olmos. 
  • Tenientes: Francisco Molina, Alejandro Gutiérrez, y Luis Guillón.
Mientras tanto una segunda compañía del 5º Regimiento seguía en el cuartel de Gaztambide la instrucción, aun así entraran antes en combate que sus compañeros de la primera. La situación de Madrid estaba tan apurada que son trasladados a primera línea del frente en la Ciudad Universitaria, teniendo las primeras bajas en combate del batallón.

El 17 de Noviembre de 1936, con la cosa algo mas tranquila, la compañía es trasladada a Navacerrada uniéndose con la primera y alojándose en el Centro Militar de Montaña. Sus mandos fueron:
  • Capitán: Santiago Aguado 
  • Comisario: Jacinto Barrios 
  • Tenientes: Miguel Arribas, José Pérez, Ernesto Matesanz.
A ambos batallones, rápidamente se alistarían deportistas de casi todos los clubs de montaña y esquí de Madrid: Peñalara, Alpino Español, Sociedad Deportiva Excursionista de Salud y Cultura y otro muchos de menor relevancia.




FUSIÓN

A primeros de diciembre de 1936 se produce la fusión de ambos batallones, pasando a denominarse “Batallón Alpino” siendo la 1ª y 2ª compañías las provenientes del 5º Regimiento y las de las Juventudes Socialistas la 3ª y 4ª. El Comandante Jefe será Raimundo Calvo.

A primeros de Enero de 1937 se formó la 5ª compañía con pobladores de la sierra que habían huido de sus casas en julio al quedar en zona nacional, quedando al mando del Capitán Alejandro Gutiérrez.

A primeros de Septiembre de 1937 se completa la 6ª compañía de fusileros, al mando del Capitán Ambrosio Tiedra en base a nuevos reclutas y reclamando de otras unidades al personal con conocimientos de montañismo.

La nueva unidad fue desplegada por las alturas del puerto de Navacerrada, donde quedaron establecidos el mando y las dependencias del batallón en el Hotel Victoria, junto a la estación de ferrocarril.

Para el “Batallón Alpino”, el mando del Ejército Popular no tenía previsto su entrada en combate de forma masiva, pues su alta especialización para aquella época los hacia imprescindibles para vigilar y controlar una amplia extensión de terreno, aunque claro está, si tenían que entrar en acción lo harían.

Tenían que cubrir el dilatado frente de casi 50 kilómetros de cumbres, la mayor parte por encima de los dos mil metros de altitud, que se extienden desde la Peña de la Cabra, al levante del puerto de Navafría, hasta la cima de la Peñota, ya cerca del Alto del León. 

Adiestrados para la guerra de Alta Montaña y equipados con uniformes de esquiador, los combatientes del batallón debían guardar las posiciones republicanas en lo alto de la sierra desde septiembre hasta mayo, siendo después relevados por tropas convencionales de la 28ª y 29ª Brigadas.

Sus misiones fueron principalmente las de vigilancia del enemigo mediante patrullas continuas y el control de los pasos de la sierra. Para ello se organizan por compañías completas que se relevarían cada diez o quince días en las posiciones de montaña y donde pernoctan en las pocas cabañas de pastores existentes o en refugios construidos por ellos mismos, pasando los de descanso a zonas de retaguardia en el Puerto de Navacerrada o bien de permiso en los pueblos mas bajos, casi siempre en Cercedilla.

La tranquilidad del frente durante el primer invierno de la guerra permitió a los mandos republicanos convertir las laderas del puerto en un improvisado campo de instrucción, donde a marchas forzadas, los oficiales instructores, en su mayor parte procedentes del Club Alpino Español y la Sociedad de Alpinismo Peñalara, adiestraban en la práctica del esquí a los voluntarios de los pueblos de Rascafría, Lozoya, Navacerrada o Valsaín, que se destacaban por su gran conocimiento del terreno serrano, muchos de los cuales no habían visto unas tablas en su vida.

A lo largo de toda la guerra se llevaron a cabo algunas rectificaciones de líneas que trajeron consigo frecuentes escaramuzas y, en ocasiones, audaces golpes de mano en los que pequeñas patrullas de esquiadores formadas por cinco o seis hombres armados con fusiles y ametralladoras, recorrían las cumbres en misiones de vigilancia o distracción del enemigo.




1936

Poco después y en consecuencia con la organización del Ejercito Popular, que intentaba una homogeneidad de unidades, y al igual que hizo con los batallones de montaña del Pirineo y de las unidades alpinas Astur-Leonesas y de Andalucía, el “Batallón Alpino” pasa a denominarse “Batallón de Montaña del Ejercito del Centro”.

1937

En Mayo se produce la ofensiva republicana hacia Segovia en la que el “Batallón Alpino” tuvo encomendado el ataque a posiciones nacionales de la Cumbre del Nevero.
Fue el 1 de Septiembre de 1937 en el Monasterio del Paular, toma el mando el hasta entonces Capitán de la 1ª Compañía, Alejandro Gutiérrez Rivera, y están presentes en el acto las seis compañías de esquiadores y las unidades anejas: Unidad Sanitaria, Cuerpo de Tren y Combate, Transmisiones y Plana Mayor. 

El 13 de Diciembre de 1937 las compañías vuelven a patrullar por los puertos, ampliando a los ya citados de Navacerrada y Cotos, los de Reventón y Malagosto, así como los sectores de Fuenfría y Peñalara. Las patrullas se amplían, llegando a puntos que se encontraban incluso por detrás de las líneas enemigas como fue el caso de La Atalaya, al norte de La Granja y todo ello gracias al trabajo realizado en el verano donde se prepararon refugios y se almacenó comida y leña. La libertad que les daba el inmenso terreno nevado, les dio una confianza que a la larga les resulto fatal.

En diciembre de 1937 la distribución del “Batallón Alpino” por la Sierra del Guadarrama era la siguiente:
  • 1ª Compañía y Compañía de Ametralladoras: km.30 carretera de la Granja, la Camorca y alrededores. 
  • 2ª Compañía: Dehesas de Cercedilla, Peña Águila y La Peñota. 
  • 3ª Compañía: Fuenfria, Montón de Trigo y Cerro Minguete. 
  • 4ª Compañía: Peña Citores, Peñalara y Puerto de los Cotos. 
  • 5ª Compañía: Navacerrada y Guarramillas. Se relevaba cada 15 días con la 1ª Compañía. 
  • 6ª Compañía: Malagosto, el Reventón y Parache.
Los efectivos ascendían a 35 Oficiales, 58 Suboficiales, y 774 de Tropa, con el siguiente armamento: 
  • 565 Fusiles. 
  • 19 Fusa.
  • 10 Ametralladoras.
  • 25 Pistolas.
  • 12 Lanzabombas.
1938

Una de las patrullas habituales en busca de información se hacía desde el Puerto de Malagosto hasta las proximidades del Pico y Puerto del Nevero, pero la rutina y el exceso de confianza hizo que la patrulla se realizase todos los días por la tarde y a la misma hora.

Conocedores de esto, el 7 de febrero de 1938 , la patrulla cae en una emboscada por parte de dos secciones de esquiadores del Ejercito Nacional en las inmediaciones del Pico del Nevero, muere un soldado y otros dos resultan heridos, mientras la patrulla consigue evadirse y bajar a Rascafria, llevando a hombros a los heridos. Este fue uno de los pocos combates que se produjeron entre esquiadores de ambos bandos.

Uno de los episodios de esta guerra de emboscadas que nunca registraron los libros de historia pero que tiñeron de sangre las cumbres del Guadarrama, tuvo lugar en Marzo de 1938, concretamente en la noche del 8 al 9, se inició por parte de tres compañías nacionales de Requetés, que habían ascendido por las laderas segovianas del Puerto del Reventón, convenientemente atados con trapos los cascos de los caballos para evitar cualquier ruido, sorprendieron a una sección de treinta esquiadores republicanos. En el tiroteo que se produjo en lo alto del puerto cayeron muertos doce soldados del “Batallón Alpino” y el resto hubo de huir a Rascafría. Este ataque era parte de un intento nacional de desalojar a las tropas republicanas de sus trincheras entre Peñacabra y Peñalara, pero un contraataque de los esquiadores impidió que cayeran mas posiciones, aparte de la referida del Reventón y el puerto de Malagosto, que ya no se recuperaron. Por parte del Ejército Nacional la ofensiva terminó con la ocupación de los Puertos de Malagosto, Flecha y Reventón. Durante esos primeros días se sucederían los duros combates entre ambos bandos, dando como resultado la pérdida de la mayor parte de la Sierra del Guadarrama por parte del Ejercito Popular.

Pero mucho peor que las luchas fueron las extremas condiciones climatológicas que hubieron de soportar las tropas del batallón que, durante todo el invierno, permanecían refugiadas en simples abrigos excavados en el suelo y enterrados en la nieve, mientras que en el exterior temperaturas de veinte grados bajo cero "mataban de frío a los mulos".

Este hecho hace que el mando de ese Sector, se plantee destinar a los esquiadores que han sobrevivido a ocupar posiciones que pudieran ser de mas interés estratégico, como son las lomas cercanas a Valsaín y la Granja.

A partir de ese momento los esquiadores se dedicarían casi exclusivamente a efectuar algunas patrullas de información y pequeños golpes de mano durante el resto del verano y hasta el final de la Guerra.

1939

Los últimos mandos del Batallón en Marzo del 39:
  • Mayor Jefe: Jesús Velázquez Rubio.
  • Comisario: Pablo Aparicio. 
  • 1ª Compañía: Teniente Crescencio Montenegro. 
  • 2ª Compañía: Capitán José Pérez Leatherdale. 
  • 3ª Compañía: Capitán Vicente García. 
  • 4ª Compañía: Capitán Ricardo Palacios. 
  • 5ª Compañía: Teniente Victoriano Rodríguez. 
  • 6ª Compañía: Capitán Ambrosio Tiedra. 
  • Cia Ametralladoras: Capitán José Liaño.
El 28 de Marzo de 1939, se recibió la última orden en el Batallón, para ser cumplida al día siguiente 29 de marzo, recoger el armamento y equipo para marchar a Cercedilla y entregarlo en la plaza de dicha localidad al Ejercito Nacional, luego disolverse. Pero unos cuantos miembros de dicho batallón, decidieron no obedecer esta última orden, tiraron las armas y granadas al río Eresma y emprendieron la marcha a pie hacia Madrid.

Años después y a raíz de un encuentro casual de algunos de sus miembros, decidieron reunirse periódicamente, actividad que a pesar de los casi setenta años transcurridos se sigue haciendo.






Material y uniformidad del “Batallón Alpino”

Al principio se utilizó el material de esquí y escalada propiedad de los propios milicianos o el existente en los clubs de montaña y tiendas especializadas de Madrid. También el que se encontraba en el centro de Instrucción Militar de Montaña de Navacerrada. Hasta mediados del 37 no llegó a la unidad un gran envío de botas y esquís fabricados en Cataluña, con lo que se pudo homogenizar este material.

Los esquís en los comienzos de la unidad fueron de muy diversas marcas, tanto nacionales, en madera de fresno, como extranjeras, por lo general fabricados en hickory, de mucha mejor calidad pero muy caros. Fabricados de una sola pieza de madera con fijación metálica por correas al talón de la bota. Las botas eran de cuero resistente, suela lisa y caña media, con dos láminas metálicas a los lados para ajustarlas en las fijaciones de los esquís.

El primer uniforme técnico en el invierno de 1936 consistía en:

Ropa Interior:
  • Camiseta y calzoncillos de punto de lana fina. 
  • Camiseta de tejido corriente. 
  • Jersey holgado de lana gruesa. 
  • 2 Pares de calcetines: unos de lana fina y sobrepuestos, otros de lana gruesa. 
Ropa exterior:

  • Pantalón de paño recio amplio. 
  • Blusa larga con capuchón impermeable al agua y al aire ( tipo anorak Noruego), confeccionada con tela de avión o en su defecto con cualquier tela fina una vez impermeabilizada. 
  • Gorro con protección del frente y las orejas. 
  • Guantes corrientes de lana fina, sobre ellos manoplas con 3 dediles (para poder utilizar el fusil).
  • Botas impermeabilizadas.

Este uniforme era en loneta blanca, aunque también se usó otro modelo, de una sola pieza tipo mono.

En los primeros meses de 1937 mejoró mucho la uniformidad y el equipo, con gorros de lana gruesa parecidos a los rusos y chaquetones fabricados con tela de avión. Para los veranos, muy calurosos en la Sierra, se usaba la uniformidad típica de Infantería, con el añadido de unos pantalones cortos por el día, cambiando por las tardes y noche, mucho mas frescas, a uno largo muy amplio de tejidos ligeros abrochado bajo el tobillo. Camisa, jersey de lana, capote y gorra tipo Noruega completaban la uniformidad de verano. La bota era diferente de la de esquiar, de cuero mas ligero y con la suela con tachuelas metálicas, usándose también las tradicionales abarcas con suela de goma de camión.

En el invierno del 37, el uniforme Blanco varió. El anorak paso a un modelo mas largo y de mejor calidad, hasta la mitad del muslo, de tejido mas impermeable y resistente. La mochila paso a ser del tipo “Bergmann” con armadura metálica, algo pesada pero resistente.


Originalmente publicado en:


Resumen de un trabajo excelente realizado por D. Jacinto M. Arévalo y publicado en el Boletín Informativo del Grupo de Estudios del Frente de Madrid y algunas aportaciones de usuarios del Foro de Historia Militar “Gran Capitán”. 

EL BATALLON ALPINO DEL GUADARRAMA
JACINTO M. AREVALO MOLINA , LA LIBRERIA, 2006

ISBN 9788496470347




16 dic 2014

Mi Felicitación de Navidad




Este ha sido un año muy especial.

Muchas emociones juntas en un corto espacio de tiempo que han culminado el trabajo constante durante estos años.


Desde aquí doy las gracias a ese puñado de veteranos que han hecho posible algo que parecía imposible...


A Francesc por tener la idea de crear el grupo.


A Kepa por sus magníficos relatos.


A Pachu, que guardo durante tanto tiempo un trozo de historia.


A Jose Ángel, que plasmo en metal nuestro espíritu.


A Martín, por estar al pie del cañón y su hospitalidad.

A todos los veteranos por mantener fresca la memoria, la actitud y el espíritu desde hace tantos años.


A nuestros antiguos mandos, cuya emoción nos sorprendió.

A los que no pudieron estar presentes, por su animo y apoyo.

A nuestras familias, por tener tanta paciencia y comprensión.



Compañeros, misión cumplida.

Gracias a todos.

J. Florencio, reemplazo 2º/1984.









13 dic 2014

Nuestro Capitán



D. Ángel Atarés Ayuso, que por ser nuestro ultimo capitán nunca dejo de ser el Capitán de la Compañía de Esquiadores Escaladores 51/LI.

Seguro es que me amonestara por este pequeño homenaje, pero es deuda que los veteranos de su antigua compañía tenemos hacia el.

En breve dejara su actual destino como Coronel Jefe del Regimiento de Cazadores de Montaña América 66, y como muchos de los veteranos no podremos estar presentes en el cuartel de Aizoain el día de su despedida, desde aquí queremos dar nuestra felicitación por el gran trabajo realizado durante este destino y ofrecerle nuestros mejores deseos para el futuro.


En 1993 siendo Capitán de la Cia. EE. EE. 51/LI, y en aquel momento el Capitán mas antiguo de la formación militar encargada de celebrar el 50 aniversario de la División de Montaña "Navarra" nº 5, le correspondió custodiar la bandera del RCZM América 66.


2014 durante la celebración del 250 aniversario del RCZM América 66.


24/10/2014 junto a los veteranos de la Compañía de Esquiadores en la cima de Pico de Ori.


25/10/2014, recibiendo un regalo personal de los veteranos, una replica del banderín de la Compañía de Esquiadores Escaladores 51/LI.


GRACIAS, MI CAPITÁN.


Lea también: El Ultimo Capitán 




6 dic 2014

Un Rincón del Pirineo

En el pirineo navarro existe un rincón solitario, triste y desolado.
Tierras donde bajo el cielo se funden dos países.
Allí gobierna el viento que sopla sin piedad.
Lugar de paso donde solo se atreve el cazador y el montañero.
En ese rincón entre la tierra y el cielo vive nuestro corazón.

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50 ANIVERSARIO DE LA MUERTE EN MONTAÑA DE UN CABO Y TRES SOLDADO DE LA COMPAÑÍA DE ESQUIADORES ESCALADORES PARACAIDISTAS DE LA DM.62 (POSTERIORMENTE COMPAÑÍA DE ESQUIADORES ESCALADORES 51/LI)
Y ENCUENTRO DE VETERANOS DE LA MISMA.
PUERTO DE LARRAU – OCHAGAVÍA (NAVARRA) 24 DE OCTUBRE DE 2014
ALOCUCION DEL CORONEL JEFE DEL RCZM AMERICA 66
ANGEL ATARÉS AYUSO, ULTIMO CAPITAN DE LA COMPAÑIA

Mi General:

El once de noviembre de 1994, pronto hará veinte años, finalizaba la Compañía de Esquiadores Escaladores 51 la última actividad en montaña de su historia, con un acto de Homenaje a los Caídos en este mismo lugar. Aquí, frente a la placa que recuerda el supremo sacrificio de un Cabo y tres Soldados de nuestra Unidad, apenas medio centenar de hombres y un solitario corneta, recitábamos la Oración del Montañero.

Ese día, me dirigí a aquellos emocionados soldados de reemplazo para hacerles ver que allí estábamos todos, los mismos de siempre: Un puñado de hombres jóvenes e ilusionados, perdidos del mundo entre el frío y la niebla, pero con el corazón ardiendo de amor a España y a la montaña. Los amantes del riesgo y la fatiga; los de ojos alegres abiertos al abismo y el pecho ensanchado al aire helado de las cumbres; los del “no importa” siempre en los labios, porque la ruindad de nuestro mundo se quedaba abajo, en el valle.

También les dije que terminaba la andadura de una Unidad, que desaparecía un nombre y un número en el organigrama de nuestro Ejército, pero que nuestro espíritu no desaparecería jamás.

Y hoy, emocionado por el privilegio que se me otorga como último Capitán de la Compañía, os repito lo mismo a vosotros, antiguos componentes de la Compañía de Esquiadores Escaladores Paracaidistas de la División de Montaña Navarra 62 del viejo cuartel de Pamplona, a los de la Compañía de Esquiadores Escaladores de Estella y a los más jóvenes de la Compañía de Esquiadores Escaladores 51 de Aizoaín. Ese espíritu forjado en la dificultad, es el que os ha traído hoy aquí y es el que anima a los muchos que nos dejaron y a los que el desconocimiento de este acto, el trabajo, la enfermedad o la lejanía, han impedido estar con nosotros.



Por pequeña que haya sido nuestra Unidad, el Ejército no podía dejar en el olvido el esfuerzo y sacrificio, incluso la propia vida, de los que sirvieron en nuestras filas. Por ello el Mando dispuso que fuera nuestra Compañía gemela, la entonces Compañía de Esquiadores Escaladores 41 de Viella la que recogiera y guardara nuestro Historial.

Ninguna otra unidad mejor. Nacidas el mismo día, con idénticas misiones, una desaparecía pero se abría un prometedor futuro para la otra.

Esa Compañía es la misma que hoy, con el número 1 e integrada en el legendario Regimiento de Cazadores de Montaña Galicia 64, conserva y aumenta el prestigio de las unidades de esquiadores escaladores del Ejército Español.

Hoy forman aquí, con nosotros, trayendo consigo nuestro histórico Banderín. Junto a ellos, la Sección de Reconocimiento, esquiadores escaladores del Batallón Montejurra, con la que tantos años compartimos cuartel y sana rivalidad.


Reunidos de nuevo en este simbólico lugar, vamos a rendir homenaje a nuestros cuatro compañeros que justo hoy hace cincuenta años, entregaron aquí sus vidas en el cumplimiento del deber. Nos acompañan algunos de sus jefes y compañeros en aquella dura jornada. También están aquí con nosotros, familiares de uno de ellos, el soldado Manuel Pérez Pérez, a los que junto a nuestro agradecimiento por el esfuerzo realizado, queremos testimoniar todo nuestro cariño y reconocimiento.

Mi General: No podíamos haber imaginado un escenario mejor para recordar nuestra inolvidable pequeña gran unidad, ni para homenajear a nuestros caídos. Por ello este puñado de veteranos, y sé que hablo por todos ellos, quiere manifestar su más profundo agradecimiento a la Jefatura de Tropas de Montaña “Aragón” número 1, por hacer posible este acto. Sólo esperamos que por el bien de España, el acierto del Mando siga manteniendo en el futuro unidades de montaña en nuestro Ejército. Si hace falta, aquí hay un puñado de voluntarios. Muchas gracias.





28 nov 2014

La Boina Roja


¡Cuánto tiempo.. ! Y recuerdos...

Si hubiera apostado entonces, a que nunca más retornaría allí, hubiera perdido.

¡Y eso que el riesgo era remoto! —¡estás loco!— hubiera sentenciado.

Sin más, me hubieran “desplumado”. Cuando se es joven, ya se sabe...

Por fin en Aizoáin, en el cuartel de Infantería General Mola. Han pasado veintisiete años desde que atravesé la valla de acceso por última vez. Concretamente, en  sentido contrario, y sin ninguna gana de volver la cabeza. Retorné a casa con prisa, pero conmocionado por volver a enfrentarme a la dureza de la vida civil. Incertidumbre en el trabajo, en la vida, el porvenir…

La rutina castrense es previsible, estricta, y severa; pero también segura.

Puedo decir que, aunque con unas ganas locas de abandonar aquello, marché con alguna lagrimilla cayendo, al reflexionar sobre lo que dejaba allí, y que pensaba no iba a volver a ver.

¡Ni ganas tenía entonces!.

Ahora, gracias a la dedicación de Juan Florencio y la ilusión de multitud de veteranos, incluidos "Mandos", hemos podido hacer realidad el proyecto germinado a lo largo de más de un año.

Provenientes de distantes lugares y diferentes reemplazos. Gente que no nos conocíamos físicamente, pero que habíamos compartido una realidad y trabajamos por un sueño. La red ha hecho posible el contacto.

Nunca hubiera sido igual si el responsable actual de nuestra antiguo cuartel, el Coronel Ángel Atarés, y último Capitán de nuestra Compañía, no hubiera sido picado por la misma ilusión que nosotros. Imagino que al tener las primeras noticias de nosotros, la sorpresa sería mayúscula. Después, la curiosidad por no saber lo que éramos capaces de sacar adelante, aunque conociendo lo que se forjaba en la Compañía…

Las facilidades que nos otorgó, hicieron posible en su mayor medida, la consecución del éxito logrado.

Así,  propició revivir sensaciones olvidadas…

El Cabo de guardia ejerce de anfitrión, nos enseña la camareta donde dormiremos.

En una como esta, tuvimos catre y taquilla...aunque no nos permitían intimar demasiado con las comodidades.

La cama era un lujo prescindible. Como lamentaba “Truje”:

— cuando disfrutaba de una no podía dormir, demasiado blanda. Me había acostumbrado a descansar encima de la esterilla, en el duro suelo. Demasiadas incomodidades, demasiados días de maniobras. Mi espalda no olvidaba fácilmente.

En eso coincidíamos. Puedo asegurar que era una opinión bastante extendida.

Camino junto a Chus, también destinado en el mismo lugar que yo, en aquella época, pero cuatro años antes.

Las escaleras de acceso a nuestra antigua Compañía desembocan en un pasillo. Puertas a ambos lados situaban  las oficinas de Plana y botiquín. En mi reemplazo, en 1987, dominio de César, Cabo sanitario. Brujo, druida, etc.  Así lo llamábamos soldados y Mandos, en definitiva nuestro médico, nuestro amigo.

¿Quién no fue “curado” con  la milagrosa medicina, el pacharán, dentro de su cubil?. Creo que todos los que pasamos por allí recordamos su amabilidad y sentido del humor. Un gran tipo.

Al final la sala de televisión. Un aula para lo que hiciera falta, con sillas. Sus reposabrazos son testigos de infinidad de caligrafías. Apuntes recogidos a toda velocidad y de cualquier manera, en la reglamentaria libreta. Allí recibimos las primeras nociones de técnicas variadas: nudos de escalada, instrucción del fusil de asalto,  de cartografía, orientación, etc.

— ¡Cuántas veces estuvimos a punto de quedarnos sin fin de semana, por no mantener abiertos los ojos!

Y es que esas clases eran normalmente, por la tarde después de comer. Cuando la digestión retira flujo sanguíneo al cerebro y lo destina al procesado de los alimentos imprescindibles para su subsistencia.

En fin, un sopor brutal.

Me sitúo en el centro de la habitación y allí, intentando no perderme nada, he dado una vuelta entera .



Bueno, no la he completado...algo me llama la atención. Rechina.

— ¿Una boina de color rojo?, ¿dónde se ha visto eso?— según entras a la izqda., en medio de la pared, enmarcada. Un cristal la protege.

No la recordaba. Miro a mi veterano y sonríe:

— Sí yo te contara…

— ¡Cuenta, cuenta…— sabedor de que no podrá aguantar.

— Es un trofeo de guerra, bueno de guerrilla.

— ¿Es de vuestra época?— nunca había visto una unidad del Ejército con ese color. Ni la recordaba.

— Pues sí, es de entonces. La ganamos en unas maniobras con los paracaidistas franceses.

La historia empezaba a ser jugosa. Una cosa es que te la regalen por cortesía, y otra muy distinta que la “ganes”.

Los que hemos pasado por la Compañía sabemos que conseguir una boina cuesta lo indecible. Ese tipo de comentarios no los hacemos a la ligera.

Chus comienza a recordar:

— Corría el mes de Junio de 1983. El reemplazo 2º/83 comenzaba a sentirse relativamente cómodo.

Iba pasando nuestro periodo de Servicio Militar Obligatorio, la “mili”, de aventura en aventura. Casi podríamos decir que empezábamos a disfrutar, desde el punto de vista de un soldado reclutado a la fuerza, en una leva obligatoria.

Nuestros veteranos acechaban, aunque se mantenían a la expectativa. Ya no éramos unos mirlos y tampoco tan fácil "putearnos". Manteníamos un nivel de alerta elevado. Aunque éramos unos conejos despistados, y a veces amontonados, como nos calificaban.





De vez en cuando, el inevitable “pelote”, nuestro particular pelotón de castigo, nos convocaba a una comunión con la vetusta tierra del Viejo Reyno..

Provistos de pico y pala debíamos excavar un hoyo suficiente para que nos sirviera de cubierta en caso de necesidad, además con una anchura tal que rozaba el escándalo. Vamos, casi una sepultura. Desgraciadamente me convertí en un experto accidental, al que de una forma u otra, y más habitualmente de lo que quisiera, le tocaba ejercer de ingeniero zapador . ¡La cantidad de zanjas que llegamos a hacer, y más tarde rellenar!

Bueno, es que a pesar de ser casi nuevos, tampoco éramos unos santos y quieras que no, “a cualquier dama se le escapa un  pedito…”.

Discurría el mes de junio de 1983.

Corrían rumores de unos ejercicios militares a gran escala. Nosotros expectantes.  Éramos recién llegados a la Compañía y veíamos a los Mandos alterados. No era normal. Nos convocan en la sala de televisión.

El Teniente De Turiso toma la palabra:

— Podéis sentaros. Estamos aquí para comentar una novedad — obedecemos.

— Vamos a realizar unas maniobras conjuntas internacionales. Serán a nivel de Batallón. 

Estarán los paracaidistas franceses, fusileros y nosotros. Todo esto aderezado con los "pepinos" de nuestra gloriosa artillería. Unidades de toda España se darán cita aquí. Y dispondrán de sus medios más modernos. Así que estaremos en el ojo de todo el mundo. Habrá que andarse con pies de plomo. El Alto Mando  ha considerado que nuestro papel en esta misión será el de guerrilla hostil.

Existen unas reglas de enfrentamiento que serán entregadas por escrito a los responsables.

Son más o menos las de siempre:

— Nunca y en ningún caso se utilizará fuego real. En las situaciones de enfrentamiento directo e inmediato se usarán pitidos para señalar el disparo. Como bien sabéis nuestro CETME tiene la posibilidad de, moviendo su aleta selectora, elegir el tipo de disparo a efectuar: tiro a tiro o ráfaga. Los pitidos serán usados en la misma medida, para que el contrincante al que disparéis, sepa que ha sido disparado e impactado.

— “Un poco ridículo”— pienso. Un veterano parece leerme la mente y me ilumina por lo “bajines”:

— No usamos ya la munición de fogueo. El cartucho tenía un proyectil de madera. Si te daban de cerca dolía de "cojones" y además quemaba cosa fina,— comentaba entre susurros — no quieren que ocurran accidentes como el de un "bisabuelo" nuestro, al que le dieron en la cara y tuvo una avería de tres pares de narices. ¡Imagínate para arrestarlos!

Mi cara de pardillo interesado  cambió de expresión:

— ¿Arrestar unos cartuchos de madera?

— ¡Sí, aquí os iréis dando cuenta que cuando pasa algo, siempre hay un responsable! En ese saco entra cualquier ser, persona o cosa — explicaba.





Tenía razón como siempre. Con el tiempo conocí diferentes objetos arrestados. Por ejemplo el gallinero de la pista americana: una sucesión de vigas de hormigón colocadas transversalmente a diferentes alturas y distanciadas entre sí. Era un obstáculo temido por su alta probabilidad de desgraciarse, sobre todo cuando estaba húmedo. Debido a que alguien se lesionó gravemente en él, acabó arrestado. Fusileros y demás personal del regimiento no lo pasaban. Nosotros  como de costumbre, no entrabamos en ninguna de las dos categorías: ni eramos fusileros ni personal del regimiento, por eso... ¡esquiadores...adelante!

E incluso en otro cuartel, el de Colmenar Viejo en Madrid, había una piscina  arrestada. El motivo: haberse ahogado un recluta dentro de una taquilla. Como podéis entender, el soldado no se lanzó voluntariamente al agua dentro de un armario candado. Los que lo hicieron se pudrirían en algún penal militar, tipo al de Mahón, y estarían el resto de sus vidas arrepintiéndose de su felonía. ¡Hay cada imbécil!

Continuamos escuchando al Teniente:

— Una  última aclaración. La he dejado para el final porque me produce cierta desazón — mira sus papeles. Los encuaderna golpeando contra la mesa. Levanta el rostro e intenta abarcar a todos.

Nos mira a los ojos:

— Las órdenes nos obligan a ser capturados por el enemigo, el cuál aplicará el protocolo de trato a prisionero — murmullos en la sala muestran el sentir, malestar generalizado.

El Mando sabe que esas órdenes no son bien recibidas por la tropa. A nadie le gusta jugar sabiendo que va  a perder de antemano y encima le van a machacar.

— ¿Alguna duda? —

Sin preguntas. Todos sabemos que no hay que señalarse en estas circunstancias. Pasar inadvertido el mayor tiempo posible es la consigna, y si consigues licenciarte sin que tus superiores recuerden tu nombre, mejor que mejor. Somos conejos, pero no tontos.

— Bien, podéis pasar por el almacén de material donde el Brigada os hará entrega de un silbato. ¡No malgastéis munición!

—“¡pero que gracia tiene mi niño, ozú!”— pensamos unos cuantos.

— Este ejercicio será evaluado al más alto nivel, así que poneos las pilas. No quiero que nos llamen la atención por nada, ni por nadie. No la caguemos por incompetentes. Y vosotros, los nuevos... ¡AL LORO!

Recordad que si fallamos lo pagaremos caro. Aparte de ser el hazme reír del batallón. ¡Cómo algo no funcione por vuestra culpa, garantizo  que os arrepentireis! ¡¡ROMPAN FILAS!!

Levantamos nuestros traseros de las sillas y vamos haciendo corrillos en los que comentamos las palabras del Teniente.

Rober, Ricardo, Salvador, Enrique, Paco…compañeros del mismo reemplazo, el segundo de 1983.

Los del mes de marzo estamos excitados. Es nuestra primera maniobra ¡y nos llevan a una de este nivel!

Vamos advirtiendo que esta Compañía no es como las otras, es como la llaman nuestros Mandos: 
¡La élite del batallón!

Al día siguiente ya estábamos metidos en el ajo.

Íbamos en el primer pelotón de la Segunda Sección, y al mando el Sargento Arguisjuela.

Bueno, nosotros lo llamábamos “Larguisjuela” por lo grande y largo que era, Los otros compañeros habían sido repartidos en varios grupos y nos dividieron para dificultar la localización. Incluso llevábamos un intérprete, un muchacho nuevo como yo, apodado “franchute” por nosotros, y apellidado Ontanilla. En la vida civil había adquirido  los conocimientos necesarios para desenvolverse en el idioma vecino.

Nos habían hecho pintarnos la cara y camuflarnos de la mejor manera posible. Eso incluía el uso de corcho quemado, ramas, hojas, barro, etc. Cualquier cosa adecuada para pasar desapercibidos en la naturaleza. También llevábamos la boina. Nos la habían entregado porque en unas maniobras de ese postín no podía acudir más que lo mejor de lo mejor — ¡si nos conocieran a nosotros…! — Teníamos que merecerla, porque participar con la gorra de Infantería podía significar una deshonra para la Unidad.

Los nuevos íbamos acojonados con tal despliegue de medios y personal. Se debían notar bajo las ramitas y el fiero aspecto con la pintura de guerra, los ojitos de conejos asustados.

La Artillería bombardeaba cerca de nuestras posiciones y limitaba la posibilidad de movimiento, algo vital para una guerrilla. Luchando en minoría deberíamos de aprovechar las virtudes de rapidez y movilidad, utilizando el terreno para ello.


El Mando francés disponía de un helicóptero de observación  que impedía cualquier salida a la descubierta. Los árboles se convirtieron en  nuestro mejor aliado. Cada vez que intentábamos alejarnos de la protección que suponía la vegetación, el inconfundible ruido de las hélices nos obligaba a escondernos. 

Sin posibilidad de cruzar ningún descampado.

Era la cuarta vez que lo hacíamos y de nuevo retirada. No pudo ser.

El Sargento Arguisjuela estaba que trinaba. Sacó un plano y nos hizo partícipes de su aplastante lógica militar:

— El helicóptero no nos deja salir. Nos tiene pillados por las pelotas. No podemos ponérselo a huevo. Hay que pensar algo.

Escuchábamos intentando deducir alguna estratagema que nos librara del cepo que suponía no poder abandonar el bosque cerrado.

— Ya está, debemos hacer algo que impida al helicóptero seguir jodiendonos.

— “¡Ya!, ¿pero como?”— ninguno le ayuda o participa proponiendo alternativas.

— He estado comprobando las idas y venidas de nuestro “pajarito”, y siempre finaliza el recorrido tras aquel collado. En el mapa viene que ahí existe una planicie suficiente para que pueda aterrizar y despegar. Además dispone de comunicaciones por carretera.

¡Mirad por aquí! — nos lo señala en la cartografía.

Alucinamos de la capacidad de deducción de un Sargento del Ejército Español. Si todos nuestros superiores más inmediatos como él, tienen su misma preparación y deductiva, no nos extraña que este ejército haya sido el terror del mundo a lo largo de la historia.

La palabra del Sargento era respetada y admitida como una de las más sabias, prudente y acertada de nuestra Compañía. El respeto de los veteranos rozaba la veneración. Una verdadera máquina como no tardamos en comprobar.

A todo esto la radio no paraba de emitir informes de diferentes patrullas, en el sentido de que cumpliendo su cometido, habían sido capturadas por los “bravos” paracaidistas franceses.
Aprovechamos la línea de bosque para avanzar hasta que encontramos la vía comentada por nuestro Mando. Una senda minúscula y sin asfaltar.

— Sí, por aquí es — consulta de nuevo el mapa — Más tarde o más temprano aparecerá un vehículo. La única forma de librarnos del “moscón” es cortándole el suministro de combustible. Así podremos movernos con mayor libertad y darles un poquito de guerra a estos “franchutes” — explica.

— Por ahí seguro que le proporcionan el combustible para volar y que no pierda tiempo en el suelo. No veo otra posibilidad. 

Desafiante suelta:

— ¡Vamos a emboscarlo!

Nuestra actitud debió de ser transparente para él:

— tranquilos, nos escondemos y quedamos quietos hasta oír el vehículo. Entonces daré la orden y nos haremos con él.

Lo decía y parecía sencillo. Claro, luego vienen los imponderables. Situaciones impredecibles e inesperadas que suelen hacer fracasar planes tan frágiles como el nuestro.

Dicho y hecho. Sepultados bajo el manto vegetal en los laterales de la senda, nos disponemos a esperar a nuestra víctima propiciatoria.

Casi no respiramos, de esa forma evitamos que se nos oiga. Además con nuestra munición en la boca, (el pito), cualquier resoplido puede advertir al enemigo. Hay que respirar por la nariz. 

El CETME sujeto como sólo lo puede hacer un recluta: las manos pálidas de apretar el arma.

Pasa una hora. — “pues ya tarda” — pienso para mis adentros.

Transcurre la segunda hora. — “¡Joder que mierda! No aparece por ningún lado” — reflexiono.

Llega la tercera hora —”el Sargento se ha tirado un largo con los nuevos, pero me da a mí que se ha colado”— me permito juzgar al Mando.

La cuarta hora acota nuestras esperanzas. El crédito del Sargento está agotándose. Ya cada vez ponemos menos precauciones y no tenemos el cuidado del principio...

.—“¡Espera!” — oigo algo . El motor de un camión ronronea en la lejanía. Cada vez más cerca, cada vez más en nuestro poder.



— ¡ATENTOS!— el vozarrón del sargento rompe el encanto del que hemos disfrutado por espacio de más de cuatro horas.

Yo no sabía si coger el “chopo” o el silbato. Mis dedos agarrotados sobre el fusil de asalto, pedían a gritos  acción. Así que la orden supuso un alivio.

— ¡¡AHORA!! — El pelotón fantasma brotó del infierno, de las entrañas de la tierra y rodeó el transporte. El sargento con la pistola en sus manos cortó el paso apuntando directamente al conductor. 

Frenazo antológico.

— ¡¡¡PÍÍÍÍ, PÍÍÍÍ, PÍÍÍÍ, PÍÍÍÍ, PÍÍÍÍÍ!!! — parece que todos hemos puesto el selector de disparo en ráfaga. Acabamos con ellos en un santiamén. El vehículo enemigo fue tomado a puro pitido. 

Otra estridente voz perfora mis oídos:

— ¡¡¡ARRETE LE CAMIÓÓÓNNN!! — Ontanilla desatado urge a los franceses.

Ahora me permito observar de cerca nuestras víctimas: son un cabo y dos soldados. Viajan en un camión cisterna — “¡cómo nos había adelantado Arguisjuela!”— recapacito asombrado. 

También veo a mi superior y compañeros, llenos de restos vegetales y demás porquería utilizada para camuflarse durante el largo periodo de espera. Con las caras pintadas y tal cantidad de mugre es casi imposible identificar a nadie del pelotón. ¡No me extraña que se acojonaran los gabachos cuando aparecimos de improviso! ¡Parecíamos seres de ultratumba!

Los fieros rostros seguramente ayudarían a aflojar en algún momento sus esfínteres. Me imagino que en colaboración con el “hierro” del Sargento. Una “Star”, “made in Eibar”, nueve milímetros, fiable como él y negra como el futuro de nuestros paracaidistas.

Las víctimas no salían de su estupor. Esta actitud fue aprovechada por el sargento para deslizarse por el lateral del vehículo y subir al pescante del lado del conductor. Desde el peldaño y sin dejar de apuntar con su arma reglamentaria, consiguió que le diera las llaves del mismo, mientras mediante gestos indicaba que bajaran. 

Agarrado al espejo retrovisor con una mano, mostrando ante la nariz respingona del francés el “nueve largo” no le dejó opción alguna. 

Cuando el cañón de un arma se convierte en prolongación de tu apéndice nasal, y resulta imposible enfocarlo con los ojos, su extrema proximidad no deja pensar. Sólo te queda la  alternativa de la rendición, bueno... esa y la de mojar los pantalones.

Conseguimos que abandonen el vehículo y pongan sus manos enlazadas detrás de la cabeza. 
Creo que hasta ese momento habían perdido su capacidad de reacción, pero al ver que estábamos organizados y seguíamos las órdenes de nuestro sargento, se fueron arriba.

— ¡Ponedlos de rodillas en la cuneta, y que no bajen las manos!— increíble lo rápido que puede hablar un francés cabreado, ¡y menudo rebote llevaban estos!

— Mi Sargento, dicen que esto está fuera de norma o de regla, o algo así — informaba nuestro compañero.

— Diles que sí, que tienen razón, pero que tienen que hacer lo que les digamos— le instruía Arguisjuela. Este nos observaba. Se daba cuenta de que estábamos eufóricos por el eficaz golpe de mano que, de manera impecable, habíamos ejecutado. ¡No se nos hubiera resistido nadie! Creo que en aquel momento, seguro que se sintió orgulloso de sus soldados.

— ¡Rápido, atadlos!— urgía.

— ¡Mi Sargento, que no hacen más que protestar, nos están poniendo la cabeza como un bombo!— me quejo.

— ¡Esto no es un juego, aunque quieran hacérnoslo creer! Son unas maniobras militares y ellos son nuestros prisioneros, así que obren en consecuencia: hagan lo que crean conveniente y necesario para cumplir su propósito.

— Ellos están en su derecho de hacer todo lo posible para ponérselo difícil. Aunque para eso, ya saben lo que hay que hacer. ¡Los quiero bien “ataditos” ya!

Parece que las tornas han cambiado. Ahora somos los que tenemos la sartén por el mango. 

El cabo francés indignado no para de protestar airadamente. Levanta la voz e incluso llega a bracear. ¡Error!

Le cae la primera “ostia” en la parte de atrás de su estirado cuello. Un veterano se encargó de explicárselo de la forma adecuada. ¡Y a fe que lo entendió, en verdad hay idiomas que son universales!. 

La calada boina roja despegó y planeó hasta el infame suelo.

Un compañero la recoge — tráela, será nuestro trofeo — el sargento habla, mientras se introduce en el vehículo para registrarlo. Sale del interior enarbolando otras dos boinas como botín.

Dejamos a los franchutes atados e inmovilizados. Aunque a uno de ellos lo amarramos de forma que pudiera soltarse un poco más tarde. 

— Creo que con esto que hemos hecho, inclinamos la balanza del combate. Debemos poner a buen recaudo nuestra valiosa presa, vamos a entregarlo — resume el Sargento.

Rober se encargó de conducir el camión para ponerlo a buen recaudo.

Habíamos conseguido lo imposible: hacer bajar el helicóptero e imposibilitarlo. Lo oímos atravesar la loma y aterrizar. Sin combustible, no volvió a volar, ¡kaput! 

Me imagino que el resto de pelotones libres nos lo agradecieron. 

De hecho, aparecieron otros camaradas en la lejanía, ocultos en la espesura. Sombras atravesaron el claro y las líneas enemigas, desapareciendo en el bosque.

Con esa actuación, finalizó nuestra gloriosa participación en las maniobras, tras dejar el camión cisterna en el centro de coordinación del ejercicio y disfrutar de las boquiabiertas caras de los Mandos extranjeros al bajar de la cabina. Estos si que se quedaron sin palabras.

¡Y sobre todo, lo que no entendían era que nos hubiéramos pasado las normas por el forro de los c…!

Una vez llegados al lugar, el Sargento nos hizo formar y dio novedades al Capitán de nuestra Compañía.

— ¡Capitán, acompáñenos! — Altos Mandos, responsables de las maniobras lo citan en la tienda de campaña donde se encontraba el centro de Mando y Control, coordinador del ejercicio.

Nosotros nos mantuvimos en formación, recomendados por el sargento. Parecía preocupado por las consecuencias que tuviera una actuación, que los Jefes al parecer, opinaban había sido precipitada e irreflexiva.

Viene el Capitán — ¡Sargento, entre usted! — abandona la posición y el pelotón.

Tardó aproximadamente cinco minutos. Nosotros el culito bien prieto. 

Como siempre, las cosas en el Ejército se solucionan de forma rápida y efectiva.

Regresan nuestros Mandos inmediatos y se integran en la formación. El Capitán, como responsable da las últimas novedades, solicitando instrucciones.

— ¡Rompan  filas!— ordena un Alto Mando, creo que un Coronel , aunque no estoy muy seguro de que su rango sea ese.

Entonces intentamos desaparecer, instinto de supervivencia —pero...¿dónde vais?— el Sargento nos reúne en un discreto lugar, bajo un apartado roble y detalla:

— ¡No os podéis imaginar la suerte que hemos tenido! Han estado hablando entre ellos, luego llamaron al Capitán y le pidieron explicaciones de lo sucedido. Él me ha citado para que las dé yo, porque desconocía el motivo de que no hubiéramos respetado las reglas de confrontación.

— ¿Y qué ha dicho Vd., mi Sargento?

— Pues que voy a decir, que en el fragor de la batalla, en mitad del ejercicio tomé la decisión más adecuada a mi entender, tras un sereno análisis de todos los factores que influían en la resolución de nuestra misión, como soldados del Ejército Español.— ni parpadeamos.

— Y que una vez valorados los medios propios y los del enemigo, así como las posibilidades de mi tropa, improviso, tomo la iniciativa y decido inmovilizar el helicóptero para posibilitar nuestra progresión y la de todos nuestros camaradas así como para mayor gloria de mi Patria.

”¡Joder, y lo ha soltado de carrerilla, cómo si lo hubiera estado ensayando toda la mañana!, aunque bien pensado, seguro que sabía lo que le esperaba y ha ido cavilando la forma de justificar nuestro acto de guerra”.

Si puede, el Sargento no deja nada a la improvisación, y normalmente opta por la mejor opción. Incluso en imprevistos, su elección suele ser óptima.

— ¿Y qué le han dicho entonces?— preguntamos.

— Me han hecho salir y han hablado con el Capitán. Él me ha invitado de nuevo a entrar. Entonces un General ha hablado:

— Sargento, en primer lugar Vd. no ha respetado las normas de enfrentamiento convenidas por todas las partes, por ello merece ser castigado. En segundo lugar, ha desobedecido una orden directa, lo cual conlleva una pena severa. He estado hablando con su Capitán y lo ha descrito como un soldado ejemplar. Asimismo hemos comprobado por la resolución del incidente, que sus hombres se portaron con el valor exigido a militares de cualquier país. Han ido más allá de lo requerido; haciendo  muestra de la reconocida iniciativa de un soldado de su unidad.

Tras deliberar, he llegado a la siguiente conclusión:

— Para nosotros tampoco es plato de buen gusto dejar a los franceses hacer lo que quieran, y mira por donde que unos modestos soldados de reemplazo, nos han tenido que recordar los valores inherentes a un guerrillero: capacidad de infiltración, improvisación, valor, y ...victoria

Hemos compartido cada decisión suya. Anhelamos ese tipo de actuaciones, nos identificamos con todos y cada uno de los componentes de su patrulla. Estamos orgullosos y desearíamos haberlo vivido con vds. Como comprenderá, así, no podemos castigarle.

No nos queda más que eximirle de toda culpa dado que su pelotón ha sido el único capaz de hacerles hincar la rodilla en tierra a estos “gabachos”. También le instamos a que en lo sucesivo se limite a cumplir sus órdenes, al menos en los ejercicios de maniobras.

Los franceses han admitido su acción y la califican como sorprendente e inesperada. Pero coinciden en que en tiempo de guerra todo vale. Les han mostrado errores que en otras circunstancias hubieran costado vidas. Por eso les agradecen su entrega y reconocen su acierto. Por último, felicite a su pelotón por el golpe de mano y la captura de esos preciados trofeos.

Esto le faculta a poder exponerlos en su Compañía a mayor honra del Ejército Español.

Como comprenderéis, después de la cera que nos habían dado, no nos cabía una pajita por el culo. 

Desde entonces, nuestra forma de mirar al Sargento cambió. 



                                                                       “GUERRILLERO”

                                                         Cuerpo cenceño y ágil, tez morena.
                                                         A la espalda el morral, camina y lleva
                                                         el certero fusil con mano fuerte.
                                                         Sin pan, sin techo, en su mirar se advierte
                                                         vívida luz que el camino serena,
                                                         la limpia claridad de su alma buena
                                                         y el augusto reflejo de la muerte.

                                                          No hay a su pie risco vedado,
                                                          sueño no ha menester,
                                                          quejas no quiere,
                                                          donde le ordenan va, jamás cansado,
                                                          ni el bien le asombra, 
                                                          ni el desden le hiere.
                                                          Temido, valeroso y abnegado.
                                                          Obedece, pelea, triunfa o muere.


                                                                               FIN



    Protagonistas:

Chus
Ricardo y Roberto
Chus, Rober, Javi y Ricardo, segundo reemplazo de 1983.
Y alguno más...
                                                                           

Nota del autor:

Este texto emana de los recuerdos de veteranos protagonistas del incidente en aquellas maniobras. La totalidad de los detalles están ceñidos a la realidad, en su mayor medida. He tenido que permitirme alguna licencia literaria para justificar y honrar la actuación de unos soldados de reemplazo obligatorio, y de los mandos que los guiaron y ampararon en sus acciones. La actuación del sargento y los soldados viene a ser una interpretación particular. 

Reconozco que las palabras de los Jefes no son textuales, pero he intentado reflejar el sentir de los actores de aquel golpe de mano. Aunque no deja de ser una ficción en su parte final, y creo no molestar a nadie.

 Todos estuvimos en similares maniobras en las que militamos como guerrilleros. Puede ser que el grado de penosidad en esta operación no haya sido el extremo al que estábamos acostumbrados, pero quedaron patentes los principios que nos guían.

Golpes de mano, ataques a posiciones, toma de búnkeres, voladura de puentes y objetivos similares…

Por el día o la noche. Buscando ventajas y superando inconvenientes. Barro, nieve, hielo, sueño, humedad, frío, calor…

En cualquier circunstancia o condición, variedad de prácticas y siempre con algo en común: ser guerrilleros.


Espero que lo leído haya sido agradable; compartas unos minutos de distracción y recuerdos con mis compañeros y conmigo. Si he logrado hacerte recordar, o sonreír…¡mejor que mejor!.

Dedicado a los esquiadores que acudieron al primer encuentro, donde pusimos cara y corazón a los amigos. Y sobre todo a los que no pudieron estar, para que tengan en cuenta que ya estamos trabajando en el segundo y, como no puede ser de otra manera…


¡OS ESPERAMOS!


Fdo.: Kepa San Blas
Veterano de la Compañía de Esquiadores Escaladores 51/LI.


En Bilbao a 20 de Noviembre de 2014.