18 dic 2017

Día de la Patrona 2017


La celebración del Día de la Patrona, la Inmaculada Concepción, el 8 de Diciembre, ha estado marcada por la repentina e inesperada muerte de D. Ángel Atarés, General de Brigada y nuestro último Capitán.

Como veteranos de la Compañía de Esquiadores Escaladores de Pamplona, fuimos invitados a los actos que se celebraron en el Cuartel de Aizoain, Navarra, por el Regimiento América 66, del que D. Ángel Atarés fue su Coronel Jefe.

Poco antes de las once acudimos al cuartel,  y tras identificarnos en el cuerpo de guardia accedimos al interior. 

Allí nos reunimos según íbamos llegando. Desde diferentes puntos de la geografía española convergen los compañeros. Abrazos y palmadas en la espalda corroboran nuestra camaradería fuera del tiempo, (cada uno pertenecemos a distintos años y reemplazos), y el espacio, ( venimos de distantes  lugares de España). No existen diferencias entre nosotros,  somos camaradas de la Compañía, sin importarnos ningún otro detalle. Algunos han acudido con sus parejas, incluso con sus hijos.


En un momento, localizo a nuestro antiguo "Sargento" Lara. Le agradezco en nombre de todos las gestiones y facilidades que nos ha dado para estar allí. Anda en labores de organización del evento,  y le solicito pida permiso para hacer entrega de un ramo de flores en memoria de nuestro último Capitán, al Mando pertinente.

Con él, tengo el siguiente  diálogo:

Nos gustaría poder poner un ramo de flores en algún momento de la  misa en homenaje a los Caídos, o en el acto castrense. 

No te preocupes, tu colocarás la corona.

No, me refiero al ramo que hemos comprado para el General Atarés, no hemos comprado ninguna corona.

Sí,  sí...no hay problema, pero tú portarás la corona.

Se me quedó una cara de poker...

Imposible desobedecer a un antiguo Sargento de Esquiadores. Ni antes, ni ahora. Al que además, casi reverenciamos, así como a la muchos de los que nos tutelaron en el servicio militar obligatorio. Es imposible  rechazar, de ninguna de las maneras, semejante honor en tan importante acto.

Coincidimos con el "Sargento" Pascual al que de manera afectuosa saludamos también.

La gente entra en el recinto y pedimos al "Pater" depositar el ramo de flores delante del altar. Accede  a ello y varios niños, hijos de veteranos, con la ilusión de los inocentes, lo ponen. 

Días antes, algunos compañeros, subordinados del General con el que coincidieron en la "mili", pidieron poder entregar el ramo, pero pensamos que era más apropiado y tierno que lo hicieran unos niños, hijos de los que en su época disfrutaron de su presencia, y mando.

A las once en punto, en la capilla del cuartel, da comienzo la misa. 

En ella recuerdan al General Ángel Atarés, así como al resto de Caídos. Y es en ese momento,  cuando el "Pater" tiene el grandísimo detalle de nombrar a los Veteranos y el ramo.


La ceremonia transcurre tranquila y cuando, acaba salimos al patio de armas "Subteniente Casanova". Ahí se celebrará el acto castrense.

Nos colocan en las zonas acordonadas al efecto y un Mando, encargado del protocolo nos informa del mismo. Aparecen las diferentes compañías del Regimiento América 66 y forman tras sus banderines.


Un Teniente General pasa revista a las tropas, saluda a la Bandera del Regimiento y cede la palabra, al encargado del discurso. En él se ponen en evidencia los valores y características del sacrificio que implica el cumplimiento del deber, en estas inciertas fechas. 

A continuación, entonamos " la muerte no es el final" para recordar a todos nuestros compañeros ausentes. 

Luego se realiza la entrega de condecoraciones a los profesionales acreedores de ellas, por diferentes motivos. La Subdelegada del Gobierno en Navarra y varias personas más, se encargan de fijar en esos henchidos pechos, los alfileres de las medallas.


Después llega la colocación de la ofrenda en el monolito a los Caídos. Me indican que acompañe al Coronel y a otra persona, con la que pondré la corona. Atravesamos el patio de armas hasta recogerla de manos de un soldado esquiador escalador y de un cazador de montaña que la sostenían. Una vez recogida, la colocamos delante, en el lugar indicado y nos mantenemos en firmes delante, escuchando el himno y saludando.





Un piquete de honor dispara una salva en el momento álgido.



Al rato, las unidades que han participado en la parada desfilan delante del cuerpo de guardia, rindiendo honores a la Bandera y saludando a las autoridades presentes. 



Finaliza la celebración formal y vamos a hacernos unas fotografías al lado de la cafetería, delante de la placa que colocó nuestro último Capitán en recuerdo de todos los que servimos en la Compañía de Esquiadores Escaladores en cualquiera de sus nomenclaturas. 

Es allí, donde sentimos un  mayor recogimiento. Es allí donde unos antiguos soldados de la Compañía agradecen de corazón el que nuestro amigo Ángel, nos recordara a todos los que pasamos por dicha unidad. 



Mientras disfrutaba de salud, incluso cuando ya estaba enfermo de gravedad, veló por nuestro colectivo. Facilitó,  cada vez que estuvo en su mano, nuestra relación con el estamento militar, y logró favores que todavía estamos preguntando cómo los consiguió.

En nuestro primer encuentro, posibilitó la visita, a la que fue nuestra casa durante un año. Allí pasamos el día, e incluso pudimos dormir tal y como lo hicimos antaño. Nos pasó revista delante del cuerpo de guardia, en la que dijo ser una de su más especial formación, al amanecer; y compartió con nosotros ilusión , e imagino sorpresa por el interés y compromiso, pasados tantos años.



Luego, en un emocionante acto, en presencia de Veteranos de los Veteranos, al que acudió incluso el General Palacios y compañeros coetáneos suyos, víctimas de la infausta marcha de Larrau, se impuso un ramo de flores en recuerdo de tantos, y tan esforzados soldados. Como consecuencia de su fallecimiento  un sentimiento de soledad, una cierta orfandad se  ha instalado en nuestros corazones.

No me extiendo más en recordar lo que ya, contamos sobre aquel encuentro en su momento, pero necesito reafirmar la solemnidad y cariño con el que recordamos al que fue nuestro último Capitán, y nuestros veteranos.

Más tarde entramos en el comedor para degustar un vino y unos canapés, en compañía de todo aquel que quiso abonar los cinco euros preceptivos para ello. Todo hay que decirlo,  abundante y apetitoso en aquellas horas lejanas de los desayunos de algunos. 

Departimos con militares profesionales,  civiles, policías nacionales,  guardias civiles y familiares. Nos hicimos fotografías entre nosotros, y de manera sorpresiva, con diferentes personas muchas de ellas a las que no conocíamos, pero que se interesaron por nuestra identidad.




Al vestir el forro polar que adquirimos para ir todos iguales a los eventos planificados, y nuestra sagrada boina, nos distinguíamos, motivando la pregunta:  "y vosotros, ¿quienes sois?"

Entonces alguno les susurraba al oído quienes éramos, y se acercaban sorprendidos.

Y quedó constancia, una vez más, de la capacidad de los "esquiatas" para conservar su antiguo poder de atracción para con el otro sexo...

Bueno,  tras muchas fotos, presentaciones y canapés, abandonamos el comedor, y al otro lado del patio, en el monumento a los Caídos , donde reposa la placa conmemorativa con los nombres de los fallecidos en Larrau, decidimos hacernos una foto de grupo. 



Muchas más fotos después, apareció un Mando que antes de decirnos quien era, nos comentó que había estado en la Compañía. Le miro con detenimiento. Había cambiado como todos, pero... ¡joder! esa mirada la reconocí: aún quedaba en sus ojos reminiscencias del cañero Teniente de Esquiadores que fue, nuestro antiguo Teniente Mesa, que cuando nos vio, no lo pudo evitar y quiso  fotografiarse con nosotros. ¡Cómo pasa el tiempo!

Nos despedimos de nuestro "Sargento" Lara y algunos más, y dimos por finalizada la visita.

Montamos en los coches y salimos del acuartelamiento con un grato recuerdo por el trato recibido hacia nosotros y nuestras familias. Luego buscamos una cafetería, ya sabéis, para hablar de nuestras cosas, contar batallitas y preguntar por los que no han venido, pero eso ya es otra historia.

Posdata: Antes de acabar, me gustaría mencionar  varias cosas: 

En primer lugar, agradecer de corazón el trato recibido para con nosotros y nuestras familias en dicho acto. El Coronel Jefe del Regimiento y toda su tropa lograron que nos sintiéramos en casa, tiempo después. La deferencia que tuvieron al invitarnos, intentamos corresponderla con nuestra presencia y predisposición para cualquier colaboración.

En segundo lugar queremos agradecer al Coronel Jefe del Regimiento América 66, permitir despedirnos de nuestro último Capitán, el General Dn. Ángel Atares, en tan importante acontecimiento, habiendo significado mucho, para nosotros, el invitarnos a participar.

Y finalmente, como no podía ser de otra manera, haber dado la oportunidad de participar activamente en el acto a mi personalmente y representando a todos mis compañeros, un honor que no olvidaremos  y transmitiremos con orgullo al que nos quiera oír.

Muchas gracias por todo y un fuerte abrazo.


¡LA MONTAÑA NOS UNE!





General D. Ángel Atarés Ayuso.

In memoriam.







2 dic 2017

Fallecimiento de D. Ángel Atarés Ayuso


Don Ángel Atarés Ayuso, General de Brigada, DEM, y nuestro ultimo Capitán,
ha fallecido el día 2 de Diciembre de 2017 a la edad de 56 años.

Desde aquí, los veteranos de la Compañía de Esquiadores-Escaladores
de la División de Montaña "Navarra",
 queremos expresar nuestra gran tristeza y pesar por su perdida.

También queremos consolar a la familia en estos difíciles momentos.

Ha muerto un gran militar y mejor persona.

Los veteranos nunca olvidaremos lo que hizo por nuestra Compañía.














Alocución del entonces Coronel Átarés
a los asistentes al acto de Larrau,
el 24 de Octubre de 2014

Mi General:

El once de noviembre de 1994, pronto hará veinte años, finalizaba la Compañía de Esquiadores Escaladores 51 la última actividad en montaña de su historia, con un acto de Homenaje a los Caídos en este mismo lugar. Aquí, frente a la placa que recuerda el supremo sacrificio de un Cabo y tres Soldados de nuestra Unidad, apenas medio centenar de hombres y un solitario corneta, recitábamos la Oración del Montañero.

Ese día, me dirigí a aquellos emocionados soldados de reemplazo para hacerles ver que allí estábamos todos, los mismos de siempre: Un puñado de hombres jóvenes e ilusionados, perdidos del mundo entre el frío y la niebla, pero con el corazón ardiendo de amor a España y a la montaña. Los amantes del riesgo y la fatiga; los de ojos alegres abiertos al abismo y el pecho ensanchado al aire helado de las cumbres; los del “no importa” siempre en los labios, porque la ruindad de nuestro mundo se quedaba abajo, en el valle.

También les dije que terminaba la andadura de una Unidad, que desaparecía un nombre y un número en el organigrama de nuestro Ejército, pero que nuestro espíritu no desaparecería jamás.

Y hoy, emocionado por el privilegio que se me otorga como último Capitán de la Compañía, os repito lo mismo a vosotros, antiguos componentes de la Compañía de Esquiadores Escaladores Paracaidistas de la División de Montaña Navarra 62 del viejo cuartel de Pamplona, a los de la Compañía de Esquiadores Escaladores de Estella y a los más jóvenes de la Compañía de Esquiadores Escaladores 51 de Aizoaín. Ese espíritu forjado en la dificultad, es el que os ha traído hoy aquí y es el que anima a los muchos que nos dejaron y a los que el desconocimiento de este acto, el trabajo, la enfermedad o la lejanía, han impedido estar con nosotros.

Por pequeña que haya sido nuestra Unidad, el Ejército no podía dejar en el olvido el esfuerzo y sacrificio, incluso la propia vida, de los que sirvieron en nuestras filas. Por ello el Mando dispuso que fuera nuestra Compañía gemela, la entonces Compañía de Esquiadores Escaladores 41 de Viella la que recogiera y guardara nuestro Historial.

Ninguna otra unidad mejor. Nacidas el mismo día, con idénticas misiones, una desaparecía pero se abría un prometedor futuro para la otra.

Esa Compañía es la misma que hoy, con el número 1 e integrada en el legendario Regimiento de Cazadores de Montaña Galicia 64, conserva y aumenta el prestigio de las unidades de esquiadores escaladores del Ejército Español.

Hoy forman aquí, con nosotros, trayendo consigo nuestro histórico Banderín. Junto a ellos, la Sección de Reconocimiento, esquiadores escaladores del Batallón Montejurra, con la que tantos años compartimos cuartel y sana rivalidad.

Reunidos de nuevo en este simbólico lugar, vamos a rendir homenaje a nuestros cuatro compañeros que justo hoy hace cincuenta años, entregaron aquí sus vidas en el cumplimiento del deber. Nos acompañan algunos de sus jefes y compañeros en aquella dura jornada. También están aquí con nosotros, familiares de uno de ellos, el soldado Manuel Pérez Pérez, a los que junto a nuestro agradecimiento por el esfuerzo realizado, queremos testimoniar todo nuestro cariño y reconocimiento.

Mi General: No podíamos haber imaginado un escenario mejor para recordar nuestra inolvidable pequeña gran unidad, ni para homenajear a nuestros caídos. Por ello este puñado de veteranos, y sé que hablo por todos ellos, quiere manifestar su más profundo agradecimiento a la Jefatura de Tropas de Montaña “Aragón” número 1, por hacer posible este acto. Sólo esperamos que por el bien de España, el acierto del Mando siga manteniendo en el futuro unidades de montaña en nuestro Ejército. Si hace falta, aquí hay un puñado de voluntarios. Muchas gracias.














Algunas de las  publicaciónes de "nuestro Capitán" cuando era Tnt. Coronel:





In memoriam de Ángel Atarés Ayuso

Hace pocos días, bajo el cielo limpio y frío de Jaca (Huesca), despedimos a Ángel Atarés Ayuso, General de Brigada del arma de Infantería, cuya patrona, la Virgen Inmaculada, honramos en estas fechas. Falleció el 2 de diciembre en Madrid, a los 56 años de edad, cuando la muerte, sin previo aviso, vino a llamar a su puerta.

Los que le conocimos sabemos que Ángel hizo del amor a su familia y al servicio a España los motivos principales de su vida. No en vano, tuvo en la figura de sus padres dos magníficos ejemplos de vocación de servicio a los demás.

Ninguna imagen tan sobrecogedora como la de María Luisa Ayuso, su madre, arrodillada junto al cadáver de Juan Atarés, su padre, general retirado de la Guardia Civil, al que los sicarios de ETA acababan de rematar en el suelo del parque de la Ciudadela, en Pamplona, un 23 de diciembre. Pero esa imagen también nos mostró la propia cara de las almas buenas, esas que son incapaces de transmitir odio porque la fuerza de su fe se lo impide. Así, con esa valiosa herencia recibida, Ángel sintió y vivió su vocación militar, ejercida durante un buen número de años en tierras de Navarra y los Pirineos.

Como soldado de Infantería destacó por su sencillez, su alegría y su firmeza; así se hizo querer y respetar en todos sus destinos. Ganó su prestigio a base de esfuerzo, honestidad y buen trato, haciendo buenos aquellos versos de Calderón sobre la milicia: … “porque aquí a la sangre excede el lugar que uno se hace, y sin mirar cómo nace se mira cómo procede”... Así, con el deber cumplido y
dejándonos entre nosotros el consuelo de su memoria, descanse en paz, mi general.

Manuel Sierra Martín, Coronel de Infantería.














9 nov 2017

Pero, Volvimos


Tuvimos, para decir verdad, sufrimos,  uno de los servicios militares más duros que había en mi época. Recuerdo que el día que nos licenciamos cantamos eso de: “y no volveros más…”, pero…, volvimos.

Era difícil que te tocara hacer el servicio militar en la Compañía de Esquiadores-Escaladores de la División de Montaña “Navarra” si no ibas voluntario:

  1. Te tenía que tocar en sorteo el CIR nº 11 en Araca, Vitoria.
  2. Ser del 2º o 6º reemplazo.
  3. Presentarte voluntario a la captación que realizaba la Compañía.
Yo había elegido quedarme en Vitoria, incluso les decía a los compañeros que se presentaron a esa captación, que la montaña era muy dura, que no sabían dónde se metían, etc.

Bueno, pues acabe en dicha Compañía, muy a mi pesar.



¿Fue duro?

Muy duro, mucho más de lo que me imaginaba. Vamos, un infierno…

En la Compañía estaban los que físicamente iban sobrados, los que teníamos que hacer un gran esfuerzo, y los que no podrían aguantar lo más duro.

¿Qué fue lo más duro?

Realmente todo fue duro. Desde la obligación de tener que hacer el servicio militar, la dura instrucción, la férrea disciplina, las inacabables marchas y sobre todo, el invierno.

Muchas veces cuando alguien me pregunta sobre la dureza, siempre soy yo el que les hace otra pregunta, ¿es duro el ciclismo?

La respuesta siempre es sí
.
Seguidamente les vuelvo a preguntar ¿Qué es lo más duro del ciclismo?

No hay otra respuesta, es la montaña.

Pues eso.

Hasta que llego el invierno fue aguantable. Por invierno no me refiero a las bajas temperaturas, que ya de por si aplica un plus de dureza; a estar tres meses que solo ves nieve. NO, no me refiero a eso.

Si de por sí las marchas en el resto del año ya eran muy duras, en invierno se salían de cualquier medida.

¡¡¡COMO PESABAN AQUELLAS MOCHILAS!!!

¡¡¡COMO LLORÁBAMOS CUANDO REGRESÁBAMOS
 AL REFUGIO DESPUÉS DE UNA LARGA MARCHA!!!


Solo el que lo ha vivido sabe lo que estoy tratando de explicar.


Cuando entre los amigos sale el tema de la “mili” me causa gracia que algunos, que lo mas que han hecho son guardias y alguna maniobra, se quejen.

Termine muy “quemado”. Cuando terminaron aquellas terribles maniobras, físicamente, no podía más, estaba lo que se dice, “listo de papeles”.

Antes de licenciarme pase unas semanas de mucha tensión psicológica, me quería ir, pero tenía mucho miedo a que, por cualquier “movida”, no pudiera hacerlo. La ansiedad me comía por dentro.

Llego tan ansiado día, y al final pude irme, como anteriormente dije, cante aquello de “y no volveremos más…”

Pero, volvimos.


¿Qué ocurrió?

Con el paso del tiempo creo que fuimos conscientes de lo que fuimos e hicimos.

Nuestro servicio militar no fue el normal de la mayoría. Pero fue muy positivo, pues nos enseñó que podríamos afrontar la vida, lo que normalmente se define con la expresión “nos espabilamos". Aprendimos a valernos por si mismos, con muy pocos recursos. Conocimos muestra verdadera capacidad. Y sobre todo, que no hay límites y siempre puedes superarlos porque la verdadera fortaleza esta en tu mente.

En definitiva, hemos llegado a tener cariño por aquella etapa, aprecio por nuestros duros mandos y orgullo por lo que hicimos.


Pasados los años no reunimos los veteranos, en el mismo cuartel, aquel que en un tiempo considerábamos como una cárcel. Dormimos en las mismas camas, apreciamos, y nos alegramos por ello, de las mejoras que ahora tenían los soldados actuales. Lo pasamos muy bien.

Que tiempos, que nostalgia.

¿Volvería a hacerlo?

Si pudiera, volvería, y sería un soldado…





J. Florencio, 2º/84