28 dic 2012

La montaña como modelo de valores


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"Lo harás según el modelo que se te ha mostrado en la Montaña" (Ex. 25.40)




Por Jose María Ponz Callén

Publicado originalmente en:
http://esquiadoresescaladoresdeviella.wordpress.com/


Estas palabras del Éxodo, aunque fueron referidas a otros aspectos, no dejan de ser una guía muy importante a tener en cuenta, de un modo especial, en estos momentos en que existe un reconocimiento universal de la importancia de las montañas.

Del mandato del Éxodo podríamos extraer la confirmación de algo que, todos aquellos que hemos tenido la suerte de haber disfrutado de la vida en la naturaleza, tenemos muy claro: la montaña es un modelo, es una magnífica escuela de valores.

Bias Pascal, en sus Pensamientos, nos avanzaba ya la inmensidad de sus contenidos cuando afirmaba:

Que la imaginación vaya más lejos, antes se cansará de imaginar que la naturaleza de proporcionarle materia.

Nuestras montañas  gigantes de la naturaleza, son pues un modelo que supera nuestra imaginación  Y si alguna cosa necesita hoy en día nuestra sociedad, y especialmente los más jóvenes, son modelos.

Los niños no pueden crecer y madurar sin modelos, los necesitan, y si no sabemos aprovechar los que la vida en la naturaleza les puede proporcionar, crecerán según los modelos que les proporcionan la televisión-basura y el afán consumista de la publicidad.

Son innumerables los valores que podemos aprender en la montaña. A cualquiera de los lectores que se haya movido por ella, surgirán rápidamente en la montaña? ; la voluntad, ¿cuántas veces hemos tenido que ejercitarla en sus pendientes?; la independencia ¿o es que la hemos apreciado más claramente en otro lugar?; la felicidad, que hemos sentido independientemente de alcanzar o no nuestras metas; la valentía, que se va adquiriendo poco a poco y a través del esfuerzo; el orden, que descubrimos imprescindible en la organización de nuestro material y en la planificación de las salidas; también el dolor físico y moral que aprendemos a superar en las pequeñas contrariedades y en las grandes pérdidas. Y así muchos otros valores más que aparecen: austeridad, comprensión, generosidad, respeto, optimismo, etc.

Pero hay un valor que he podido comprobar está, de una forma especial, presente en la mayoría de aquellos "grandes mon­tañeros" que he podido conocer: la humildad  No me extraña que sea así, ya que entre algunos de los valores que he mencionado figura la generosidad y con ella, a medida que uno se olvida de sí mismo, resulta más sencillo atender a los demás y preocuparnos por sus necesidades, lo cual es propio de la humildad. Ya que en verdad sólo se puede dar humildemente.

Otro de los factores que debe facilitar la adquisición de la humildad  que he percibido en los montañeros, supongo que debe ser la fatiga. Sufrir el cansancio enseña a ser humildes del mismo modo que el hecho de  sentir necesidad de ayuda y dejarse ayudar por los compañeros permite descubrir la humildad. No obstante, nunca ha de malinterpretarse la humildad ni entenderla como el hecho de tener mala opinión de las propias cualidades. La humildad consiste en callar estas cualidades y dejar que sean los otros quienes las descubran.

Quisiera acabar con dos citas que creo relacionan muy bien la humildad con la montaña. La primera de ellas pertenece a Tomás Moro:

La humildad, fundamento del resto de virtudes, permite a uno mismo remontarse hacia las más altas metas con paso seguro.

Y la segunda de Fulton Sheen:

No buscaremos el valle de la humillación para sumirnos en la oscuridad. Desde este valle veremos mejor la monta­ña de Dios y en ello encontraremos nuestro ensalzamiento.






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