1 jul 2014

Las caricaturas de Chus

Chus Estrada es veterano del reemplazo 2º/83 y es poseedor de una extraordinaria memoria con la que nos deleita recordando sus "aventuras" siendo soldado esquiador-escalador.

Entusiasta colaborador en el grupo facebook, y comprometido con la realización del primer encuentro de veteranos, de vez en cuando nos obsequia con sus divertidas caricaturas. 













Conejo: Soldado novato. La compañía recibía anualmente solo 2 reemplazos de soldados existiendo solo dos categorías, "conejo" y "veterano".

Pelote: Pelotón de castigo. Era el arresto habitual para faltas graves en la compañía. Normalmente, después de pasar una vez por el pelote, te espabilabas para no tener que volver nuevamente. Consistía en la realización de trincheras durante tu tiempo libre y/o descanso, el cual también incluía la noche, sin importar el tiempo atmosférico. 






22 jun 2014

EL ESPÍRITU DE LOS VETERANOS


Otra noche, una más, los veteranos de la Compañía de Esquiadores Escaladores 51 intercambiamos bromas, experiencias y sensaciones. No ocurre todos los días, pero algunas veces parecería que nos convoca un atávica señal de la luna. Cómo si el ancestral cuerno, entonado en nuestras amadas cumbres y montes bocineros, nos señalara el advenimiento de algo vital.

Esta vez el guía, el responsable de este toque ha sido la persona que junto con nosotros, los ahora veteranos, inició la andadura de la Compañía por los senderos de la historia. Todos sabemos que en 1995 desapareció como Unidad, pero nuestro último Capitán, Ángel Atares, cumpliendo arcanas órdenes,  puso en el  fraternal regazo de la Compañía de Esquiadores de Viella nuestras enseñas y bandera. Una tradición y un gran honor que hoy en día sigue manteniendo con orgullo como responsable definitivo de la Compañía. De esta manera, de vez en cuando, encuentra unas horas para compartir en el cuartel de San Bernardo, en Jaca, sede de la Cía. de Esquiadores Escaladores 1/64, donde se custodian nuestros emblemas.

Los ve, los mira y recuerda. Siente, como todos nosotros, que son parte importante de su vida. Ello le autoriza a ser el guardián moral de nuestra agrupación.

En el foro expuso una reflexión, como un compañero más, desde el corazón, a  sabiendas de lo que podía ocurrir  y no hizo falta nada más.



Brotamos de nuestros agujeros y fluimos en la red. Contamos secretos sólo conocidos por nuestros pares. Y aunque él y sus Subordinados se encargaron de forjar, primero nuestro cuerpo y más adelante el espíritu, no podemos desoír la llamada al alma que supone el compartir también sentimientos. Porque estos cuerpos acerados en su día, no saben esconderse, ni pueden  resignarse a un efecto secundario con el que nadie contábamos: el orgullo de haber pertenecido a esta Compañía y la metamorfosis que provocó en nosotros.

Estas líneas son la expresión de todos y cada uno de nosotros. Las difundimos y defenderemos a capa y espada. Pachu cogió el lápiz, pero lo empujábamos sus iguales. No hemos podido dejar de compartir semejante carta, humedecida su pluma en nuestros sentimientos y escrita desde su corazón.

Pachu, veterano del 86:

Mi “Capitán” la gente no puede entender que es lo que se siente al haber pertenecido a la Compañía. Igual que a algunos hacerles sentir lo que tú por tu perro, si nunca tuvieron uno.

Pudiendo hacer una mili "fácil", según ellos, como podía haber sido mi caso (en Araca estuve en la Plana Mayor por haber hecho administrativo) y el mismo día que supe mi destino, cojonudo según alguno de mis compañeros de la Plana, me apuntase a las pruebas físicas de la Compañía de Esquiadores Escaladores, sin dudarlo, sin haber visto diapositivas ni ir a la charla de captación.

Más adelante darlo todo para que no me tirasen en las pruebas físicas, la alegría de ser seleccionado, de los nervios en Burgos al pasar el reconocimiento, y el orgullo de poner el cuño de CAMBIO DE DESTINO:  Cia. Esquiadores Escaladores

Mío y de todos mis compañeros del 86: Los nervios al llegar a la barrera de Aizoaín, de las voces de algún Veterano,  lo duro de los barrigazos , la pista americana y la gimnasia; de la Prueba de la Boina, del curso de esquí en Reinosa con las risas, el frío de las guardias en los camiones, de la marcha por el Pirineo navarro con la mochila atrás; por cierto, que casi era mayor que yo; y el PRC delante. (12 kgrs. más ).

Era el más pequeño del 86 y con el teniente Ortiz diciéndote: Muñiz tu aquí, a mi lado.


Ver que podías seguir al día siguiente, a pesar de las ampollas en los pies curadas con hilo y pinchando mercromina, de la ayuda de los Veteranos al decirte como se colocaban las cosas en la Altus. Aquí tengo que mencionar a uno en especial, Rey .

Del curso de helicópteros en Agoncillo que tanto disfruté, de la llegada de los nuevos, Kepa San Blas y otros muchos de los cuales con el paso de los tiempos olvide su nombre, pero que gracias a este Facebook he ido recuperando.


Y  que después de casi ya una vida, aún lleves al monte un forro polar en el que en el hombro llevas cosido el parche de la Compañía, de explicarle a muchas personas que encuentras por el monte, que las  cosas que llevas en la mochila, por ejemplo un bote con material de supervivencia, son normas que aprendiste hace mucho tiempo en un sitio llamado Compañía de Esquiadores Escaladores 51.

De sentirte orgulloso de ponerte la Boina, ahora recuperada gracias a gente como Juan Florencio, que igual que yo, sienten los mismo a pesar de haber pasado ya muchos años. 

Todo esto y muchas cosas no lo podrán entender la gente que no paso por la Cía. Esquiadores Escaladores y vivió las cosas tan duras y hermosas que compartimos. Y que sin duda nos sentimos a día de hoy con autoridad para decir a todo el mundo:

"YO ESTUVE EN LA COMPAÑÍA DE ESQUIADORES ESCALADORES DE LA DIVISIÓN DE MONTAÑA NAVARRA”

Algunas veces lo que se dice pierde protagonismo, en beneficio del autor de las manifestaciones. En otras la persona que hace la reflexión engrandece lo expuesto. Y cuando se  habla con conocimiento de causa, la autoridad es incontestable. En el momento que alguien  que ha extraído el mineral de las entrañas de la tierra con sus propias manos,  te habla de palabras como desafío, dureza, condiciones extremas y compañerismo, creo que su opinión es digna de ser oída y  respetada, ya que su experiencia lo legitima a hablar. 


Pachu y otros veteranos del 86.
Nada podemos añadir a esta acertada reflexión de nuestro compañero Pachu, sólo disfrutarla  con vosotros y el que quiera, porque  las cosas que salen de dentro son patrimonio de todos. 

Un abrazo compañeros.








16 jun 2014

El Ultimo Capitán



El Coronel Atarés ingresó en julio de 1980 en la Academia General Militar (AGM) de Zaragoza con la XL Promoción, donde pasó cinco años de su vida preparándose para el desempeño de su carrera profesional.

Transcurre su último año de Cadete en Candanchú dedicado al Curso de Montaña en la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales. No toda la promoción realizaba esta especialización. Desde esa toma de contacto con la Infantería de Montaña se creará un binomio casi inseparable que no es otro que su amor por ese medio y su sentido del deber. A los pocos meses de obtener el despacho de Teniente de Infantería, su padre, el General de la Guardia Civil, Juan Atarés Peña, es cobardemente asesinado por terroristas de ETA en la puerta de su domicilio en Pamplona.

Como dice su hoja de servicios, la montaña es el medio donde mejor se desenvuelve y a donde vuelve cada vez que su carrera profesional le separa del medio blanco. Su primer destino como Teniente fue el Batallón de Cazadores de Alta Montaña Gravelinas 25, acuartelado en Sabiñanigo (Huesca); y después llegó a la Compañía de Esquiadores y Escaladores 51, con sede en Aizoain (Navarra).

De su etapa en el Batallón Gravelinas. Junto a la torre, el que vuelve la cara.

Tras su ascenso a Capitán se pone al mando de su 1ª Compañía en La Seu d’Urgell (Lérida), base del RCZM Arapiles 62; posteriormente pasa por el Regimiento Tercio Viejo de Sicilia 67 de San Sebastián, encuadrado por aquella época en las Tropas de Montaña. Es destinado como Capitán de Cadetes a la AGM, donde está un año, pero en 1992 solicita la vacante para mandar su antigua Compañía de Esquiadores y Escaladores 51 de Aizoain, hasta su disolución en el año 1995.

Mandando la Compañía de Esquiadores Escaladores 51, durante el acto de cierre del Cuartel Marques de Estella.
Pasa por el Batallón de Infantería Ligera La Palma, en la Islas Canarias. De 1996 a 1998 realiza el Curso de Estado Mayor, donde se gradúa como 1º de la 96 Promoción del ET y su Majestad Juan Carlos I le impone la faja azul.

Ya como Comandante, vuelve a la Brigada de Cazadores de Montaña, a su Cuartel General en Huesca y con la citada unidad toma parte en la misiones internacionales de Albania y Kosovo.

En 2003 asiste al Curso de Estado Mayor del Ejército belga en Bruselas, donde se ponen a prueba su inglés y francés, los cuales domina. Su ascenso a Teniente Coronel lo devuelven a la docencia en la AGM, al mando del Batallón de Cadetes, siendo el director del Departamento de Instrucción y Adiestramiento. Como indica el propio Coronel, su inquietud le lleva Estrasburgo, al Cuartel General del Cuerpo de Ejército Europeo, a la sección de Planes y Operaciones.

Como integrante del Eurocuerpo, junto con su Cuartel General, se traslada a Kabul (Afganistán), donde se encuentra el Cuartel General Conjunto a nivel operacional IJC. Atarés se encuadra en la Sección de Operaciones Futuras del Mando Regional Sur, donde pone en práctica todo lo aprendido años atrás y califica la misión como una experiencia de vital importancia.

Su ascenso a Coronel en el año 2012 le coge en pleno vuelo de regreso de Afganistán y al llegar recibe la feliz noticia. Mandará el Regimiento América 66, coincidiendo con su 250º aniversario, siendo uno de los punteros del Ejército Español. Todo un orgullo y responsabilidad que recibe con gran agrado.

El Coronel Atarés con algunos de los Suboficiales del RCZM América 66 y que también sirvieron a sus ordenes en la Cia. EE. EE. 51.

“Hace ya años, un 30 de junio de 1995, formaba en este mismo patio al frente de los últimos componentes de la desaparecida Compañía de Esquiadores Escaladores 51.

Aquel día, el Regimiento América proporcionó a aquella inolvidable pequeña gran unidad el último de sus continuos apoyos, formando junto a nosotros y ofreciéndonos su más preciado tesoro: Su gloriosa y laureada bandera para que con un último beso pudiéramos certificar el adiós de la compañía.

Hoy, una fría línea en el Boletín Oficial de Defensa, ha puesto en mis manos aquella misma bandera y es tan grande la emoción que siento y tan enorme el privilegio, que es de justicia que mis primeras palabras sean de agradecimiento, tratando de hacer de ellas mi mejor carta de presentación.”  

Palabras del Coronel Atarés en la toma de mando del Regimiento América 66.





Semblanza biográfica realizada por D. Gustavo Galarreta para la revista FDS en un articulo dedicado al 250 aniversario del Regimiento América.





2 jun 2014

25 may 2014

UNIDAD ANFIBIA DE LA COMPAÑÍA DE ESQUIADORES ESCALADORES O UAEEEE.



En esta ocasión nuestro compañero Kepa San Blas nos va a relatar un tema tratado con anterioridad en este Blog, el cruce de la Foz de Arbayún. Gracias a Kepa y a los demás compañeros que han estrujado sus recuerdos para ofrecernos con mayor detalle esta historia.

Francisco Aragón, Cabo y orgulloso portador del Banderín de la Cía, mira al frente:

—Chus, ya está bien. Nos han jodido las fiestas. ¿A quién se le ocurre ir al culo del mundo a hacer quién sabe qué, esta semana?.— murmura a su compañero.

—Pareces nuevo. Estos días en Pamplona, y crees que la Jefatura de la Cía. nos va ha dejar disfrutar de los toros?.—

Se puede ser navarro o de cualquier otro lugar, pero aquí un 7 DE JULIO es...

Estamos en el este de Navarra. En la serranía de Leyre. Marchan en vanguardia, junto a sus Mandos. La Segunda Sección ha llegado a la par casi, de las otras tres que componen la Compañía de Esquiadores Escaladores. El Teniente De Turiso ordena alto. Ambos compañeros tras abandonar el frondoso bosque de encinas, castaños y robles centenarios callan. Bueno, mejor dicho se quedan mudos. Acaban de verlo y renuncian a comentar. Nada de lo que digan puede describir el paisaje que ha aparecido tras los árboles. Se miran entre ellos, vuelven a verlo y no abren la boca. Chus rompe el silencio:

—¿Pero qué ...?— Su vista casi no alcanza a ver el cielo. Por más que alzan la cabeza no llegan al final de las paredes. Al fin son capaces de ubicarse en tan gigantesco escenario, hablan:

—Mira, los lugareños están esperando su desayuno...— Varios buitres sobrevuelan la zona a gran altura. Aprovechan las corrientes térmicas cálidas para gastar la mínima energía y flotar en el aire.


El río Salazar a lo largo de unos seis kilómetros, lame paredes de una altura descomunal. Parece mentira que esas aguas, a lo largo de miles de años, hayan roído la sólida piedra. 

Enormes acantilados, de unos cuatrocientos metros de altura, ubican un  paraíso de aves rapaces. La mayor colonia de buitres leonados de Navarra, y una de las mayores de Europa. Tan cómodas están que alimoches, quebrantahuesos y la esquiva águila real invisibles o ausentes en otros lares, anidan entre sus riscos.  Aquí... se ríen de la extinción.

Las maniobras consistían, una vez más, en la superación de cualquier barrera física o mental, infranqueable para cualquier otra Unidad menos especializada. Cada Sección avanza por un camino. Al final todas las veredas convergen en el obstáculo máximo: La Foz de Arbayún. 








Fotografías gentileza de Martin Iraburu
Semejante accidente no iba a cruzarse en nuestro destino de manera arbitraria. ¿Había surgido de la nada? —Sí hombre , sí...— En la Cía. la  casualidad no existe y la improvisación, si necesaria se convierte en norma. Una cuidadosa y previa organización de las marchas iba desembocar en este punto.

Estando en la base apenas puedes ver el circo que rodea la parte de arriba. Carroñeros y otros pajarracos esperan pacientemente un error del insensato.

Los soldados a la expectativa. Una vez más los Mandos azuzan la rivalidad latente entre las secciones. Cruzan apuestas y desafíos.

—¿Tú te crees?— dice Roberto — estos no espabilan en la vida. Siempre por el camino más difícil.— El Sargento Arguisjuela junto con el Teniente De Turiso y los Cabos consultan sus mapas y las órdenes. Estaba claro que había que pasar al otro lado del obstáculo.

Las instrucciones eran exactas en cuanto al destino, aunque como siempre, el medio para cumplirlas era cuando menos impreciso. Y además voluntariamente.

El Sargento. Arguisjuela piensa en voz alta:

—La Tercera Sección, fieles a su estilo, por arriba del todo, y mirad, ya han salido.—

Efectivamente como potros en el arranque, los componentes de cada grupo van tras sus Jefes. La Tercera  inicia una trepa por el lienzo vertical.

Físicamente el reto es de los que quitan el hipo.

—¿Quién ha dicho imposible?— pensaría el Teniente Clares y sus hombres.  Es el mando menos experimentado en montaña. Su curso de especialización fue contemporáneo al nuestro. Está hasta las narices de que se le adelanten en circunstancias similares y busca opciones ocultas.

Esta vez, todas las “medallas” serían para él y sus chicos. ¡Por lo menos la de oro!.

El Teniente. De Turiso busca alternativas. Otras veces habían recalado en lugares similares y contrastan su experiencia con este ejercicio. La rapidez se convierte en una cuestión de honor.

—Por ahí va la Primera— dice Chus. —parece que han decidido darle en el morro a la Tercera. ¡Han elegido otra vía en paralelo y van a toda ostia!.— advierte el soldado.

El Teniente Cerezo ha espoleado a los componentes de su grupo y están montando una vía similar. Su progresión es más rápida. El que va de primero en la cordada sabe lo que se hace. Seguridad, destreza... velocidad. Los dos equipos comienzan a subir a la par. Mientras tanto, nuestros amigos de la Segunda Sección siguen “pelando la pava”.

Había que tomar una decisión y rápido:

Mi Teniente tal y como estamos, la única solución que veo es bajar y...cortar por el río.— la cara de los soldados comienza a dibujar síntomas de inquietud. Cuando habla el Sgto. los demás escuchan. Su palabra es la más autorizada a juicio de los subordinados, es ley. Gracias a él, han salido de más de un atolladero. Ahonda la preocupación.

—¿Se... puede, Sargento?— comenta el Superior con voz entrecortada.

— Por arriba ya no los cogemos, mi Teniente.— El Mando observa el mapa y le mira .

Lo más parecido que he visto a un duelo en el Oeste Americano. Nunca sabremos si el Sargento. “se tiró un largo”, o lanzó un envite como en el mus para no salir corriendo detrás de los que ya daba por inalcanzables. A él, me imagino que no le apetecía demasiado ir detrás de los otros como corderitos. Amparándose en la creencia de que el Tnte. tampoco tendría ganas de mojarse en el río, lanzó el órdago.

Parece mentira que un experimentado militar como él piense que un Tnte. de Esquiadores se iba a rajar. ¡Y encima delante de su tropa!.

Ni cortos ni perezosos caminamos hacia la orilla de un agua negra como un tizón. Por supuesto todos detrás del Teniente. Comienza a mojarse las botas y dándose media vuelta dice —Balsas, balsas— nos vio las caras de póker y pensó que merecíamos una explicación antes de semejante entuerto — como en las películas— concretó.

En ese momento el Sargento. fue consciente de lo que implicaba montar mochilas de veinticinco o treinta kilos con los sacos, la ropa y las tiendas en unos palitroques que a buen seguro ni flotarían bien, ni garantizarían su seguridad.



Nos mirábamos entre nosotros buscando una salida. Algún ejemplo o modelo a seguir. En el disco duro de nuestra memoria no recordábamos ninguna instrucción o práctica de construcción  naval. Una vez más el Sargento tomó la iniciativa —Ya sabéis, con palos y sogas. Para eso lleváis machetes y cuerdas.— Seguíamos enarcando las cejas en un gesto involuntario. Duples.

La Segunda Sección al completo se dedica a deforestar el vecino bosque. Con las herramientas que tenemos poca cosa podemos talar. Se hará lo que se pueda.

—Desde luego, lo que no se les ocurra aquí...— dice Paco. —¡Espabílate que como lleguen al otro lado antes que nosotros lo pagaremos caro!— comenta Roberto —Creo que para atar los maderos podemos utilizar el bramante que nos dió el Brigada Carmona— en cuanto ve como le miramos, alza su cabeza hacia el alto de los acantilados, por si el nombrado estuviera vigilante en las alturas. Esperando un uso indebido del material en su omnipotente opinión, para lanzarse a reclamar la devolución o en su defecto el pago del mismo, en picado.

El Sargento comenta —podéis hacerlo atando los maderos con los anillos de cuerda de dotación, los que usáis para practicar  nudos. Tienen tamaño y grosor suficiente.

Parece buena idea. Van apareciendo bocetos de balsas. Cada pelotón se encarga de la construcción de un ingenio suficiente de portar el material y el contingente humano al otro lado. Algunas se deshacen en cuanto las intentan acercar al agua, por su propio peso.



El astillero a pleno rendimiento.

—Mirad— comenta Chus —esta es el Rolls Royce de las barcas.— 

Ni nos reímos. Da tanta pena el artefacto en el que debemos depositar nuestra confianza y bienes, que estamos más asustados que otra cosa. Igual no es el Titanic, pero después de botarla en la orilla, el agua comienza a cubrirla, aunque parece que aguantará.  Una vez estabilizada y sujeta por varios comienza el proceso de la estiba.

—¡Mochilas juntas y en el centro!— grita el Sargento.— ¡Cuidado con las armas y municiones!. Ponedlas arriba del todo, sin queréis que valgan para algo.¡Venga!

Nos afanamos en colocar la impedimenta para tener equilibrada la balsa y que a la vez,  no se hunda.

—¿Y nosotros, mi Sargento?— pregunta Escalante.

—¿A ti que te parece?— le contesta con sorna, mientras se va quitando los pantalones y se queda en calzoncillos. En paso.

Los demás tenemos que aguantarnos la risa, aunque la situación no era…

—¡Hala Paco, en gallumbos! Y a hacer como el Sargento, la ropa en una bolsa de plástico dentro de la mochila. — dice Roberto con la vana esperanza de que llegue seca la otro lado.

—¡Joder, menuda movida! ¡A ver cómo salimos de esta!— murmura Paco metiendo sus ropas en la bolsa y quedándose en paños menores. El pase de modelos era como poco sorprendente. La moda había ignorado a los “esquiatas” o ellos a la moda. El patético resultado el mismo.



Al final, y tras un importante esfuerzo de construcción y prueba logramos armar una que, por lo menos hasta ahora, no se ha hundido. La carpintería de ribera parece que había llegado a su fin.

En ese momento primordial, el Teniente De Turiso arengó —¡Vamos! Se trata de pasar las balsas con el material al otro lado. El que se canse o no sepa nadar que se agarre a los maderos.

La situación era casi ridícula. Intentábamos no cruzar miradas. Las órdenes transmitidas en calzoncillos tienen el mismo valor, pero  no deja de tener su guasa…

Y una vez más, dando ejemplo, el primero en entrar en la charca fue el Mando Superior, aparentando no ser intimidado por el agua gélida.

Las cuerdas mutaron en cabos. Los Cabos en Guardiamarinas, y los soldados en marineros. Metamorfosis total.

Agarramos a babor y a estribor y comenzamos a ejercer de remolcadores de altura. Alguno desde proa otro popa.

—¡Ostia, Rober que esto se hunde!

—Tranqui Paco, ya estamos llegando  a la mitad.— Varios compañeros intentaban no apartarse de la orilla. Ingenuos, pronto dejaron de tocar fondo con las puntas de sus pies. Estábamos a merced de nuestras propias fuerzas y habilidades para llevar a su destino, el precario transporte que habíamos creado.

Conforme íbamos avanzando, nos dimos cuenta —¡cada vez esto se hunde más, hay que espabilar si queremos llegar con algo al otro lado!. — apremia Chus.

El mismo peso de las mochilas, el armamento, cuerdas de escalada y demás, hacía que al empaparse del agua que se colaba entre los maderos de la almadía, empezara a sumergirse rápidamente. La gravedad, engañada al principio,  poco a poco recuperaba su autoridad y nos urgía al abismo, hundiéndonos sin remisión.  Había varios que tenían menos problemas a la hora de desenvolverse en el líquido elemento. Gracias a ellos y al Sargento, como casi siempre, pudimos, todavía no se como, arribar a nuestro puerto.

Pero aún no había acabado esta aventura. —¡Venga vosotros que  habéis llegado los primeros, volved a ayudar a vuestros compañeros!— gritaba el Teniente.

Una vez más sin pensarlo, fuimos a repetir la maniobra. Esta vez con el diploma de marineros guardado os imagináis donde...

—¡EL CHOPOO, EL CHOPO, ….EL CHOPOOOOO!— empezó a vociferar el Teniente De Turiso.

¡QUÉ SE CAE AL AGUAAAA!— Era el tercer crucero por el río Salazar, tirando del ingenio. Estaba empapado, helado, quemado e intentando no ahogarme. Lo siento, no pude decir otra cosa —¡Qué le den ... al chopo que me estoy ahogando!!! — Dice Roberto. Envido.

El fusil iba deslizándose desde su pedestal de mochilas hacia el borde de la balsa sin que nadie pudiera evitarlo.

—¡Bluff!!—  Burbujas de despedida antes de sumergirse en el infinito. Envido más.

Entonces el Teniente De Turiso se lanzó al agua. Segundos de incertidumbre... Siglos de espera. Por fin, buceando consiguió recuperarlo. ¡Menos mal que estábamos cerca de la orilla y había estado atento, si no igual continuamos todavía buscando!. No obstante las risas contenidas motivaron un posterior monumental cabreo del Mando. Aunque hay que reconocerle su acto de valentía.  Merecido juego para él



Finalmente, la Segunda Sección completa, (nadie queda atrás) logró llegar primera al punto de destino final.

¡Pero a qué precio: mochilas y su contenido: sacos, tiendas, cuerdas, ropajes...empapados e inservibles hasta que no sequen!.

Mientras comprobamos el equipo vemos como el Teniente miraba de reojo al Sargento preguntándose al igual que nosotros —”¿Cómo cojones ha conseguido que no se le moje nada?”.

Cuando llegamos al otro lado elegimos un lugar adecuado y, sobre todo, lejos de el odioso agua para vivaquear. Comenzaron a aparecer compañeros de la Tercera Sección. A pesar de haber llegado detrás nuestro venían alegres y conversando animádamente entre ellos.

—¿Qué os ha pasado para llegar tan tarde?, ya casi no hay luz.— les vacila Chus.

—No os lo vais a creer. Mientras escalábamos la pared, oímos unos ruidos extraños. Como de un animal pequeño. En una repisa había un polluelo de buitre. Al parecer se cayó del nido.

—Y os lo habéis comido— bromea Monleón.

A los otros les hace gracia. No replican, no entran al trapo y continúan relatando:

—El Teniente Clares bajó haciendo un rapel y lo rescató. Lo volvió a meter en el nido. Si no seguro que hubiera muerto. Hemos hecho la buena obra del día.




Fotografía Martín Iraburu
—¡Sí... ya, y un huevo!. ¡ De paso tenéis una excusa cojonuda para justificar vuestro segundo puesto en la meta!. ¡Eso no hay quien se lo trague!.— contesta Chus.

Se limitan a encogerse de hombros y riéndose abandonan nuestros dominios.



—Estos “alicates” no se reirían tanto sin un pretexto que los librara del castigo por haber perdido— comenta Paco. — Será verdad, seguro. No pueden quedar de acuerdo treinta tíos y metérnosla doblada a los demás. Es demasiado.

Más tarde nos enteramos que había sido cierto y que la Cía. había realizado una nueva misión de rescate en pared. Con la salvedad que esta vez era un ave protegida, en peligro de extinción. Como siempre, a la hora de ayudar no mirábamos ni raza, ni sexo, ni siquiera si era humano el ser al que socorríamos.

Desde el cielo de ese alucinante paraje un buitre hembra nos homenajeaba con su majestuoso vuelo, quizás agradecida, pensamos.

Cae la noche y la desolación que supone estar mojado, con la ropa, el saco y la tienda igual, es algo para vivirlo. Coincidían Ricardo, Roberto, y Chus bajo la lona empapada. La moral más fría que la pata de un santo.

—Fijaos de que nos ha servido llegar los primeros. Todo hecho un asco. No podemos usar nada y ¡ me muero de hambre!— Se quejaba Chus. Los demás callaban. No había ganas ni de protestar después de semejante paliza.



Fuera de la tienda se oyen pasos. Es el Sargento Arguisjuela. Trae un cazo de cantimplora humeante. Lleno hasta arriba de...¿caldo?. Sí, reconfortante brebaje para nuestros cuerpos y almas. El portador de la sopa sonreía al vernos ojipláticos. Tanta gracia e incredulidad le debíamos de transmitir que nos enseñó su secreto: bajo su ropa llevaba una pastilla de "Avecrem" tamaño XXXL. —”¿Pero… de dónde ha podido sacar eso?”— Mejor no preguntar lo que no quieres que te contesten...

Por último nos guiñó un ojo y se marchó en busca de otros compañeros. Treinta y una, mano, juego y partida.

Esta y alguna anécdota más contribuyó a engrandecer un poco más la fama de soldado lleno de recursos del Sargento.



Al día siguiente, iniciamos de nuevo la marcha. El material todavía no se había secado. Las cuerdas de escalada, de treinta metros multiplicaron su peso, así como los sacos y demás impedimenta húmeda. El avance fue mucho más lento. Los Mandos decidieron que no estábamos recuperados de la aventura de Arbayún y que era necesario secar todo.



Acampamos y extendimos los objetos mojados. Aquí arriba, en la sierra de Leyre sopla un viento de mil demonios. Seguro que por la mañana estará todo seco.

Nos acostamos dentro de nuestras tiendas y rápidamente dormimos el sueño de los justos.

—¿Pero...qué es esto?— Se pregunta Chus. Sin saber cómo ni porqué la tienda se les cayó encima

—¡Joder, ni dormir se puede, ya nos están tocando los coj.....— se queja Roberto. Pensaba que con una nueva treta nos obligaban a levantarnos como alguna otra vez. Creía que formaba parte del adiestramiento durante las maniobras. Error.



Eran las seis de la mañana y acababa de amanecer. Entre el rojo de la aurora empezamos a distinguir grandes sombras cruzando nuestro campamento perseguidas por la guardia y nuestros perros. ¡Cómo corría Kisy tras ellas!. Eso  sí, sin  respetar nada que se les pusiera delante. Me parece que no se salvaron muchas tiendas. Al pasar cerca, vimos que tenían...¿cuernos?

—¡Pero si son vacas!— sin darnos cuenta, habíamos elegido como asentamiento el lugar habitual de desayuno para una manada de vacas asilvestradas y fantasmas. Me imagino que cuando apreciaron que había cambiado su comedor y tenía inquilinos, tropezarían con los vientos y se asustarían, tomando las de Villadiego. ¡Claro y por encima de nuestras tiendas con nosotros dentro todavía encamados!.  Nadie tuvo tiempo de tomar la alternativa, aunque hubo tímidos conatos por parte de algún valiente.
—¡Ves Paco, como al final en San Fermines, SÍ que tenemos TOROS!!!.—Comentó Chus entre carcajadas.


¡Menudas maniobras!

No sucedió nada más especialmente reseñable aunque estos ejercicios habían servido para adquirir una nueva especialidad : doctorar a la Segunda Sección como la Unidad Anfibia de la Cia EE.EE, o U.A.EE.EE.




Una vez más agradecer al grupo de locos veteranos de la Cía EE. EE. su colaboración en la creación de este relato. Manó entre unos comentarios inconexos y acabó fermentando en una puesta en común, para finalizar en algo que me gustaría fuera reconocido como propio por todos. Como siempre todo lo aquí expuesto fue REAL, sucedió en 1983. Como atestiguan las fotografías incluidas. Puede ser que algunos comentarios hayan sido puestos en boca de otras personas, pero tenemos el aval de los protagonistas. 

¿Qué hubiera sucedido si el arma hubiera desaparecido en las profundidades?.

Quién sabe... igual todavía después de más de veinticinco años seguiríamos castigados a “pelote” (pelotón castigo) haciendo interminables agujeros y trincheras...Como decía un amigo: 

—No se como no he aterrizado en obra civil, haciendo túneles y zanjas para el metro, con la experiencia que cogí...

No ha podido ser de otra manera, lo sentimos, no hemos encontrado el parche de Unidad Veterinaria de Rescate, pero estamos seguros que tampoco les importa  a los de la Tercera Sección.

Con su  habitual maestría,  Alvaro Olivares, veterano de la Compañía e ilustrador oficial del grupo, transmitió a sus dibujos la inolvidable experiencia de su saber hacer. Si no hubiera vivido circunstancias similares no hubiera podido recrearlas. También le he echado un cable en el fotomontaje y la composición.

No hay otro fin que provocar una sonrisa cómplice en el lector y que pase un rato agradable. 

También nos gustaría que fuese leído por los descendientes de aquellos Soldados de reemplazo, para reivindicar en la justa medida su dedicación y compromiso. ¡Y qué carajo, para que sepan que sus padres disfrutaron de una "MILI" DIFERENTE.

Ilustrador : Alvaro Olivares,

Autor :  Kepa San Blas,

Ambos veteranos de la Compañía de Esquiadores Escaladores 51,  Pamplona.

En Bilbao, a 2 de de Mayo de 2014.

"Abriendo huella..."



Felicitamos al Regimiento de Cazadores de Montaña América 66 
en su 250 Aniversario.