1 mar. 2015

Crónica del primer encuentro.



EL HOMENAJE


Contacto.

Oscuridad; aún no ha amanecido.

Seis horas diez minutos de la mañana del viernes 23 de Octubre de 2014.

Parking de Leclerc, en un polígono industrial a la salida norte de Pamplona.

— ¡Por fin llegamos!

Los veteranos del grupo acudimos a la llamada de Juan Florencio, máximo implicado y organizador de la cita.

A través de todos los canales posibles contactó, convocó y comprometió.

Motivo: el cincuenta aniversario del fallecimiento de cuatro soldados de nuestra unidad durante una marcha en el monte Orhi…, su homenaje y el reencuentro.

— Desde luego, es que estáis…. ¡menudo madrugón para luego daros una paliza de miedo! Un beso; pasadlo bien y... ¡cuidado en la carretera! — despedida de mi pareja, todavía sin romper la alborada

Ella también sufrió la mili conmigo, y está, aunque remotamente, impregnada con la filosofía de la Compañía. Percibe algo en mi que no entiende, aunque respeta e intenta comprender.

Salgo de Bilbao sobre las cuatro de la mañana, y tras recoger a un compañero en Durango, hacemos algo más de una hora y media de viaje, hasta el lugar de reunión.

No hemos prestado atención a la radio.

Ni nos conocíamos, ni falta que hace; tenemos demasiado que contar. Entre anécdotas y recuerdos, el viaje se hace corto.

— ¡Allí, esos deben ser! —Truje y yo buscamos a nuestros amigos. Nunca nos hemos visto; tampoco contacto físico.

La red ha sentenciado.

Tan solo un lazo nos une a través del tiempo y el espacio. Un nexo invisible pero marcado a fuego en nuestro ser: haber convivido durante el servicio militar en la Compañía de Esquiadores Escaladores de Pamplona/Estella.

Las boinas, ganadas a pulso, y esos forros polares adquiridos "ad hoc" delatan— ¡menuda cuadrilla de frikis nostálgicos!

Con la idea de salir hacia las estribaciones de los Pirineos, aparcamos junto a locos vestidos como nosotros.

— ¡Hola, soy Kepa! — el primer saludo para Juan Florencio. Demasiados mensajes estresantes…

— ¡Un abrazo, coño! — demasiadas confidencias y trabajos conjuntos. ¡Incluso hay que reconocer alguna conspiración secreta…

La preparación de un evento de estas características conlleva un gran trabajo y una enorme responsabilidad. Hasta el final no se puede descansar. Pasa factura en lo físico, el comportamiento y en la relación con los tuyos, incluida la pareja. Es estresante.

Un montón de camaradas de diferentes reemplazos, pero de la misma agrupación. Otros han decidido ir directamente al monte, nos veremos allí.

José Ángel y Noé, su pareja han venido en auto caravana desde Asturias. Una larga singladura..

Ella, entre sorprendida  y  expectante, quiere ver con sus propios ojos el motivo de la pasión que ha despertado en su media naranja; siente algo especial.

Al final compartió nuestra locura, como uno más.

Dentro de su furgoneta viajan varios perros y necesitan cuidados constantes. No los abandonan ni delegan su responsabilidad.

Nadie queda atrás…¡y menos de la familia!

Con  intención de compartir gastos, nos distribuimos entre coches.

Todavía queda hora y pico de viaje hasta nuestro destino. En el mío vamos Truje, Fran y yo. Encabezamos el convoy de media docena de vehículos enfilando la A-15 hacia Ochagavía. Debemos abandonar la autopista en la salida de Lumbier, pero raja que te raja, nos la pasamos.

— Dice Machete que ¿dónde vamos? — comenta por teléfono Juan Florencio.

Es el mote que Martín, con el que comparte coche, se ha autoimpuesto tras esgrimir en broma, una faca de considerables dimensiones en el foro de facebook

— Vale…, damos media vuelta y cogemos la salida buena — reconoce Fran, guía y principal responsable de que “se nos haya ido el santo al cielo”.

Vivió un intenso periodo militar, como soldado de reemplazo y profesional. Ha servido también en alguna misión internacional, en Kosovo, y tiene mucho que contar. Su forma de ser es arrolladora; explica gran parte de su periplo castrense, infinidad de anécdotas.

Gracias a él, hemos podido reunirnos con ciertas garantías. Como habitante de la zona nos ha asesorado sobre alojamientos, lugares para comer, itinerarios, ubicaciones...etc.

Un día me comentó en privado, sobre la indumentaria a llevar al evento. Si ponerse tal o cual distintivo. Le daba cierto reparo el presentarse con una colección de chapas, de condecoraciones, que pudiera parecer ostentación, — un "árbol de Navidad" — en palabras suyas; aunque fueran fruto de su trabajo y entrega.  Consultamos al respecto y se quedó en que al vestir uniformidad de faena, sólo se portarían distintivos de unidad, ni medallas ni nada parecido.

Ese tipo de cuestiones habla de la forma de ser de cada uno.

Otros hubieran ido con todo, sin consultar nada, luciendo palmito.

Careciendo de su ayuda en el papel de anfitrión, las hubiéramos visto de otros colores…¿a qué sí?.

Amanece. La luz empieza a abrirse paso entre las altas paredes que rodean nuestro camino.

Llegamos a Ochagavía sobre las ocho menos cuarto, pero la panadería está cerrada todavía. 

Esperamos y compramos pan. También cae algún sabroso pastelito. -¡Uhmmm, deliciosos de verdad! -


El Ory.

— ¿Dónde andará esta gente? — El Coronel se interroga en voz alta con un deje de incertidumbre en su tono.



El viento oculta parte de sus pensamientos, los desvanece...

Soldados profesionales junto con un pequeño número de veteranos han iniciado la subida a la montaña. El ritmo es importante, denota una preparación adecuada a las labores desempeñadas.

A media subida, es la tercera vez que el Mando gira la cabeza en busca de explicación a la notable ausencia de veteranos. No le cabe en la cabeza que gente con tanta ilusión como ha mostrado, falte al compromiso. Ha tenido un momento de duda, pero…

— ¡Ahí están!— sonríe tras ver la hilera de vehículos que llega al parking en la base.
Varios autobuses estacionados nos presentan un nuevo Ejército, más acorde con los tiempos actuales.

— ¿Así han venido? Nosotros lo hubiéramos hecho en camiones — traslado  penoso y lento pero habitual en aquella época. Compartiendo transporte con Akerra, el macho cabrío y los tres mastines, camaradas de pleno derecho.

Aparcamos.

Media hora de retraso entra dentro de los planes de cualquiera, cuando se trata de movilizar semejante contingente humano. Bueno, excepto en la previsión del programa por parte de nuestra antigua institución. La puntualidad es una virtud cultivada en él, aunque a veces obviada por los ahora civiles.

Escuetos saludos a los conocidos, incluidos Mandos, e iniciamos sin perder tiempo la subida.



Existen varias rutas hacia la cumbre, pero escogemos la adecuada para nosotros. Unos optan por la directa, con mayor grado de desnivel, más corta pero más dura, (no hay atajo sin su trabajo). Son Pellegrin, Martín y Chus, algo que pagaremos, que nos restregarán hasta la próxima oportunidad.

Hay que reconocer que todavía tenemos gente entrenada, auténticas máquinas entre los veteranos, como Antonio, Pachu, Domingo, José Ángel,...etc. incluso su pareja Noé, no se queda atrás. Estos últimos mantienen el nivel de escalada practicando de forma habitual, destacando en campeonatos sénior y clasificándose más que dignamente.  Un orgullo para nosotros. Fernando, Juan Luis y  Ángel, andan en un nivel intermedio, como la mayoría, pero dando el callo. Los menos entrenados elegimos la más larga pero más fácil de completar.

"Si quieres llegar como un joven sube como un viejo" (o como veterano cascado).
El día espléndido favorece, aunque en la subida somos zarandeados por fuertes rachas de viento en lugares expuestos.



La temperatura es fresca, facilitando el ascenso. Pronto logramos alcanzar la cima.

La previsión de ruta ha sido buena y hemos arribado sin contratiempos.

Aún vemos a algún compañero, jamás sólo, dejando en el camino parte de los pastelitos de Ochagavía...lo cual no es impedimento para coronar la montaña.

Coincidimos en el alto con los Soldados y sus Mandos. También Superiores nuestros de aquella época. Algunos siguen en activo, aunque han ascendido en sus graduaciones. 

Otros han cambiado su vida reciclándose hacia lo civil. Sacamos las prendas de abrigo y saludamos a todo el mundo. El "Teniente" Jarne, los "Sgtos". Callado, Lara, Pascual, Segura, Herranz, Panero... pienso están un poco alucinados.

— Menuda cuadrilla de zumbados — deben pensar. Parecen estar como nosotros: a la expectativa.

Este tipo de encuentros no suelen ser frecuentes, y menos en unidades tan duras y exigentes. Los recuerdos pueden ser buenos, los malos se apartan... aunque mejor rememorar en la distancia…

Pachu saca de su mochila el banderín  de sección recuperado. En aquella época cada sección portaba uno cuando la ocasión lo requería, convirtiéndose en referencia.

Al acabar su servicio militar  lo encontró destrozado, abandonado, olvidado...

Adelantándose al destino, (al suyo y al de todos), decidió coger y repararlo por si acaso algún día los Veteranos, decidíamos utilizarlo...

Premonición diría...

Va a ser nuestra enseña en esta ocasión.

Nos ponemos tras él para hacer las fotos de rigor. El fotógrafo oficioso del grupo, Martín, pelea para poder sacar el trípode de su bolsa. La premura, el viento y la falta de espacio en la mochila dificultan su liberación.

Aprovecho para inmortalizarlo.



Los que hacemos fotos agradecemos que nos retraten; al fin y al cabo, no solemos aparecer casi nunca en los reportajes.

Por fin lo logra. Pone el selector en auto disparador, para no faltar. Le jaleamos para que espabile, y le dé tiempo a aparecer en la foto. A la segunda ocasión conseguimos salir todos.

Los montañeros una vez más, tenemos alegrías que celebrar: botellas de sidra, donadas por los astures, y de vino llevadas por Domingo, Truje y alguno más, son descorchadas para el brindis de rigor. Han sido portadas en solidaridad entre los mejor preparados. Roberto descubre un taco de cecina de León con el que todavía algunos soñamos…

Otros sacamos jamón, chorizo,...etc. Incluso hay un duelo de escanciadores de sidra entre José Ángel y Chus, ¡rompiendola en vasos de cristal!





Las malas lenguas dicen que uno de ellos excusándose en el fuerte viento reinante utilizó un sacrílego artefacto de plástico para no derramar el sagrado y refrescante caldo. ¡Impensable tal ofensa!

— ¡A las doce menos cuarto deben estar todos abajo para el acto de homenaje a los Caídos! Nosotros bajamos ya — palabras del Coronel Atares.

Miro el reloj y calculo que nos da tiempo de sobra para recuperarnos comiendo y bebiendo. Disfrutando de esas viandas a las que no estamos acostumbrados en otros lares.

Una vez descansado, aprovecho a disfrutar de las espectaculares vistas desde la cima del Ory.  Hace de frontera natural entre España y Francia. Su cenit a  2016 ms. de altura sobre el nivel del mar, permite los días claros y despejados una visión a extraordinaria distancia. Ha resultado una ascensión cómoda y corta. Adecuada a la preparación de unos veteranos sin demasiado tiempo ni ganas de entrenar.

Saco varias fotos, entre ellas algunas panorámicas: las vistas lo merecen.




Comenzamos a bajar.

Los primeros en llegar acompañan a los profesionales ¡se han quedado fríos arriba esperando!

El descenso es mucho más cómodo, aunque sufran las articulaciones. Aprovecho para hacer algunas fotografías. Ahora estoy más descansado, me siento a gusto y resulta fácil manejar  la cámara.




Hay montañeros que disfrutan tanto del ascenso como de la bajada. Cuando estás como una moto, todo sabe bueno. Desde luego y en mis circunstancias físicas actuales, prefiero el descenso. Puedo aprovechar el tiempo para disfrutar, admirar y perpetuar las interminables montañas, y el verdor de sus praderas.





Casi al final del camino, nos encontramos con un soldado fotógrafo del Regimiento, que nos retrata uno a uno, en la bajada. Organización perfecta hasta el último detalle. Intercambiamos algunas palabras y llegamos al parking.





—¡Hola, soy Santi!— con fuerte acento andaluz, un compañero al que jamás había conocido en persona, estrecha mi mano cordialmente, a su lado, un joven muy parecido —este es mi hijo, Santiago Couso Tercero -.

Ya habíamos hablado por internet, pero hasta ahora nunca había sentido la tibieza del contacto, el calor del orgullo transmitido al retoño.

—¡Venid aquí, amigos!— un abrazo a los dos sella la amistad.

El chaval ha sido contagiado por la pasión de un padre feliz. Disfrutarán del fin de semana como pocos...

Veo un grupo importante de veteranos alrededor del capó abierto de un coche. Es el vehículo de Antonio.

Otro alma inquieta. Y uno de los más comprometidos con el colectivo. Sacrificado por los demás para lo que necesiten, enriquece el fondo fotográfico con nuevas ascensiones, siempre dejando claro un orgulloso origen común.  Incluso cuando menos te lo esperas, y facilitado por su trabajo…¡sorpresa! aparece en tu localidad y te cita a tomar unas cervezas.

Hace entrega de unas camisetas con publicidad de su empresa y enseñas de nuestra compañía,  impresas para la ocasión.

— ¡Es un detallazo! — coincidimos todos.

Mandos, veteranos y acompañantes vestimos la misma prenda.

Después de la boina y los forros polares, algo más nos une, nos hace clan.



Poco a poco, comenzamos a reunirnos para formar. Nos reservan un lugar de honor frente al monumento a los cuatro compañeros caídos, junto al túnel de Larrau.

En ocasiones pernoctamos en el interior de ese corredor, entre España y Francia. Tirados por el suelo, metidos en sacos y rodeados por las mochilas.

La nieve y el hielo en el exterior mantenían una temperatura gélida, obligando a dormir unos encajados en otros, creando un círculo protector para que no se escapara el poco calor que restaba. Ory, el cabezón mastín del Pirineo con Tuca y Kisy  las hembras, como uno más apretándose a nosotros, o mejor dicho, nosotros a ellos.

La patrulla de la Guardia Civil corta la carretera y por ella, un grupo de soldados pertenecientes al Regimiento Cazadores de Montaña América 66, aparece a paso ligero y se sitúa. Es la Sección de Reconocimiento del Batallón Montejurra, la "SERECO". Junto ellos la Compañía de Esquiadores Escaladores 1/64 de Jaca se planta. Ha traído también, nuestro histórico guión  para el acto. Los tres banderines son presentados.







Rinden honores frente a la placa que recuerda.

El texto de homenaje es leído por el Coronel Atares, responsable de la unidad.


Mi General:

El once de noviembre de 1994, pronto hará veinte años, finalizaba la Compañía de Esquiadores Escaladores 51 la última actividad en montaña de su historia, con un acto de Homenaje a los Caídos en este mismo lugar. Aquí, frente a la placa que recuerda el supremo sacrificio de un Cabo y tres Soldados de nuestra Unidad, apenas medio centenar de hombres y un solitario corneta, recitábamos la Oración del Montañero.

Ese día, me dirigí a aquellos emocionados soldados de reemplazo para hacerles ver que allí estábamos todos, los mismos de siempre: Un puñado de hombres jóvenes e ilusionados, perdidos del mundo entre el frío y la niebla, pero con el corazón ardiendo de amor a España y a la montaña. Los amantes del riesgo y la fatiga; los de ojos alegres abiertos al abismo y el pecho ensanchado al aire helado de las cumbres; los del “no importa” siempre en los labios, porque la ruindad de nuestro mundo se quedaba abajo, en el valle.

También les dije que terminaba la andadura de una Unidad, que desaparecía un nombre y un número en el organigrama de nuestro Ejército, pero que nuestro espíritu no desaparecería jamás.

Y hoy, emocionado por el privilegio que se me otorga como último Capitán de la Compañía, os repito lo mismo a vosotros, antiguos componentes de la Compañía de Esquiadores Escaladores Paracaidistas de la División de Montaña Navarra 62 del viejo cuartel de Pamplona, a los de la Compañía de Esquiadores Escaladores de Estella y a los más jóvenes de la Compañía de Esquiadores Escaladores 51 de Aizoaín. Ese espíritu forjado en la dificultad, es el que os ha traído hoy aquí y es el que anima a los muchos que nos dejaron y a los que el desconocimiento de este acto, el trabajo, la enfermedad o la lejanía, han impedido estar con nosotros.

Por pequeña que haya sido nuestra Unidad, el Ejército no podía dejar en el olvido el esfuerzo y sacrificio, incluso la propia vida, de los que sirvieron en nuestras filas. Por ello el Mando dispuso que fuera nuestra Compañía gemela, la entonces Compañía de Esquiadores Escaladores 41 de Viella la que recogiera y guardara nuestro Historial.

Ninguna otra unidad mejor. Nacidas el mismo día, con idénticas misiones, una desaparecía pero se abría un prometedor futuro para la otra.

Esa Compañía es la misma que hoy, con el número 1 e integrada en el legendario Regimiento de Cazadores de Montaña Galicia 64, conserva y aumenta el prestigio de las unidades de esquiadores escaladores del Ejército Español.

Hoy forman aquí, con nosotros, trayendo consigo nuestro histórico Banderín. Junto a ellos, la Sección de Reconocimiento, esquiadores escaladores del Batallón Montejurra, con la que tantos años compartimos cuartel y sana rivalidad.

Reunidos de nuevo en este simbólico lugar, vamos a rendir homenaje a nuestros cuatro compañeros que justo hoy hace cincuenta años, entregaron aquí sus vidas en el cumplimiento del deber. Nos acompañan algunos de sus jefes y compañeros en aquella dura jornada. También están aquí con nosotros, familiares de uno de ellos, el soldado Manuel Pérez Pérez, a los que junto a nuestro agradecimiento por el esfuerzo realizado, queremos testimoniar todo nuestro cariño y reconocimiento.

Mi General: No podíamos haber imaginado un escenario mejor para recordar nuestra inolvidable pequeña gran unidad, ni para homenajear a nuestros caídos. Por ello este puñado de veteranos, y sé que hablo por todos ellos, quiere manifestar su más profundo agradecimiento a la Jefatura de Tropas de Montaña “Aragón” número 1, por hacer posible este acto. Sólo esperamos que por el bien de España, el acierto del Mando siga manteniendo en el futuro unidades de montaña en nuestro Ejército. Si hace falta, aquí hay un puñado de voluntarios. Muchas gracias.



Emocionante.

Un  Cabo veterano nos hace formar.



El cornetín de órdenes dirige y entona la melodía que nos estremece.

Firmes como el espíritu.

El momento y nuestros caídos lo merecen.

Por no hablar de los familiares de Jesús Santamaría Barbero y de Manuel Pérez Pérez, víctimas de aquella época, que con su presencia han acudido, honrándonos.

En el impasse ha aparecido un alto cargo, en un coche oficial camuflado del Ejército. Su escolta le abre la puerta y el General va hacia los familiares de los compañeros desaparecidos. Estrecha manos del padre, abraza a la madre y hermana, a algún otro familiar, intentando lo imposible.

La corneta finaliza el acto tras el permiso solicitado al superior.





Volvemos al parking.

Varios cambiamos el calzado y alguna prenda para ir más cómodos. El forro polar se agradece en el alto, pero aquí casi sobra. Estamos mejor en manga corta, con las camisetas de "color plus" customizadas.

La boina continua coronando nuestras cabezas, ¡Y es que costó tanto conseguirla!

El orgullo no tiene edad.

Retorno a Ochagavía, donde una sidrería espera con su menú típico.

Tomamos asiento y con más tiempo, estrechamos amistades entre chuletones regados con abundante sidra, aunque los conductores mantenemos la prudencia.

Se brinda por todo lo que recordamos, por lo que fuimos, somos y seremos.
Aún nos sentimos parte de este sagrado colectivo: los que están en comunión con la montaña y sus circunstancias, vengan como vengan...

Varios Mandos han ido por su cuenta a Pamplona. Algunos deben cumplir con ineludibles compromisos. Vienen de lejos y aprovechan para ver a familiares y amigos.

El antiguo Teniente Jarné comparte como uno más. Disfruta de nuestra camaradería, como nosotros de su reconocida afabilidad y experiencia. Destila serenidad, cosechada en embates de la vida.



Es algo sorprendente la relación establecida y mantenida en el tiempo, entre todos los que vivimos en la Compañía. Sin distingo de grado o reemplazo.

Parece como si hubiéramos sido amigos de toda la vida. Por eso la comida y posterior sobremesa se prolonga un agradable y delicioso intervalo.


El Cuartel.

Cuando nos damos cuenta debemos ir al acuartelamiento.  La cena es a partir de las ocho y media. 

Aunque no tenemos hambre, estamos demasiado cansados y anhelamos la cómoda rutina cuartelera.

En la barrera de acceso un Cabo nos marca en la lista de registro. Tuvimos que facilitar los datos de los que íbamos a pasar la noche en el centro militar. Aparte de pedir los correspondientes permisos, pudiendo incluso aparcar el coche en el interior.

El hecho de que el actual Coronel en jefe del Regimiento de Cazadores de Montaña América 66, destacamento anfitrión a la fecha, hubiera sido el último Capitán de nuestra Compañía algo tendría que ver… ¡seguro!

Nos presentamos en el cuerpo de guardia al responsable de turno, siguiendo las instrucciones y nos guía hasta los alojamientos.

La cena, correcta. Consistió en una menestra de verduras, un par de "San Jacobos" con patatas fritas y yogur o fruta. Bastante mejor que antaño, en mi opinión.

No hemos tenido tiempo ni para la ducha. Aprovechamos ahora hasta "silencio", cuando se apagan las luces.

Prácticamente estamos solos en la base, si exceptuamos al retén de guardia. La tropa normalmente pernocta en el exterior aunque todavía existen alojamientos  para el que lo necesite o esté de paso, como es nuestro caso. Poco a poco vamos ocupando  las literas. Hay sábanas y mantas, pero debemos hacer la cama.

Entra el Cabo de guardia y advierte:

— mañana, al ser sábado, la izada de Bandera será a las ocho. Deberéis levantar a las siete, para desayunar a las siete y media. Así os dará tiempo para la ceremonia.

Los miembros de la Sección de Reconocimiento del Batallón Montejurra tendrán el honor de ejecutar el acto.

Recuerdos de nuevo brotan al tumbarnos. Al fondo los ronquidos, y otros efluvios corporales, empiezan a provocar carcajadas. Pronto vence el sueño. Habíamos olvidado la medida de la montaña y una vez más nos ha colocado en nuestro sitio. Agotados, mañana seguiremos con las batallitas. Cansancio físico y mental. Incontables emociones.

Los dieciocho descansan como sólo lo hacen los que se saben en paz.


Día de los Veteranos.

06hs. 30.

Suena un inoportuno móvil. Darío duerme a mi derecha, en la litera superior.

Rápidamente contesta. Ha intentado que no lo oyéramos, vano propósito.  Despertó a todo el mundo.
Pasada la noche, poco a poco, la mayoría vamos apartando la pereza.

Nos levantamos, y después del aseo, a desayunar. Luego retorno al barracón. Por cierto, no era el de siempre, sino dos edificios mas arriba.

— Faltan cinco minutos para el izado de bandera — bajamos por unas escaleras idénticas a las que teníamos en nuestro pabellón. Pocas veces hemos descendido por ellas tan relajados. Siempre "a la puta carrera". Era una máxima de la Compañía al ir a formar. En el caso de que el mando responsable considerara que no lo habíamos hecho a suficiente velocidad, la orden: subir de nuevo y volver a bajar las veces que hiciera falta...

Formamos al lado del reten de guardia que respetando ancestrales rituales, iza la Bandera durante el toque correspondiente. Noé, la pareja de José Ángel nos fotografía en  formación.


Cuando finaliza el acto, todavía amaneciendo, se acerca el Coronel flanqueado por los Subtenientes Lara y Pascual. Este último en pantalón de deporte… ¡lo que nos pone el vello como escarpias!

¡Cuántas veces hemos ido con él, corriendo sin parar durante ocho o diez km! ¡Menudas máquinas!

—Podéis aprovechar la mañana y subir al fuerte San Cristóbal o quedaros en la cafetería— comenta el Coronel — los Subtenientes, os acompañarán gustosos.

Lo tenemos claro y nadie se escaquea.

Habíamos olvidado la senda. Aunque empezamos a recordarla cuando gana altura.

¡Y pensar que la hemos subido infinidad de veces corriendo!

Llegamos al alto y hacemos varias fotos del exterior de la fortaleza. Luego nos juntamos todos a la entrada, junto a la verja que impedía en su momento, el acceso a la libertad mientras era prisión. 

Ahora amenaza ruina y para evitar accidentes el acceso está prohibido. Una pena.

Lejos queda aquel tiempo cuando lo utilizábamos para hacer combate en población y diversas prácticas de escalada, aprovechando sus edificios, paredes y puentes.

Durante el ascenso y bajada conversamos con nuestros antiguos mandos, recordando anécdotas de entonces.




-Uffff....sí que eran quince o veinte Km todos los días…muchos.- comenta el Subteniente Pascual. 

Era el recorrido que hacíamos a diario "foqueando" mientras entrenábamos para los campeonatos militares de triatlón invernal, competiciones internacionales celebradas en Candanchú.

Podéis imaginar la rivalidad, preparación y entrenamiento para conseguir los trofeos…

Pascual, hombre de pocas palabras, pero siempre hablando claro.



Una vez en el cuartel, nos preparamos para nuestro día: el de los veteranos.

Alguien debe portar el banderín, el encargado en principio no aparece. Le han informado erróneamente de la hora del acto.


— ¿Cómo hacemos? Se va a dar cuenta— Fran aparece y enarbola el asta. Recoge la tela, casi enrollándola en el palo— en el texto bordado aparece una referencia al último Capitán — si luego vamos a dárselo…

— No creo que se fije en estas circunstancias. Si quieres ocultar algo, ponlo delante de sus narices — argumenta Chus. Es respaldado por Fran y parece que a Juan Florencio no le parece mala idea.

— No sé si  querrá ver las cintas de los compañeros. Es posible que no vea la dedicatoria, pero tal y cómo se celebrará el acto, si se da cuenta pienso que  dejará que todo vaya según lo previsto—intento convencerme.

Finalmente optamos por presentarlo tal y como plantean, ¡a la vista!

Una sentida ceremonia en el patio de armas recuerda a nuestros compañeros desaparecidos. 



Formamos junto a la SERECO. Cinco enseñas rinden honores: SERECO, nuestro histórico banderín, la de los Veteranos de Esquiadores de Viella, unidad gemela de la nuestra, el banderín que ha hecho Pachu y una réplica de nuestro banderín creada para el acto.


Los compañeros de Viella han tenido la amabilidad de responder a nuestra invitación y acompañarnos en estas jornadas.



Un gran detalle y digno de elogio. Sabemos lo que cuesta hoy en día movilizarse y los sacrificios que han tenido que hacer. Se lo agradecemos de corazón. También cursamos formal invitación a otro ilustre veterano de nuestra Cía.: el actual Ministro de Defensa, pero motivos de agenda no le han permitido estar presente.

Respecto al Banderín hecho para este encuentro, decir que me tuve que buscar la vida para encargar su confección. El precio inicial planteado por una empresa del sector me pareció desorbitado e intente conseguirlo más barato. Tras consultar precios de materiales, bordado de los motivos, confección y montaje del Guión con las cintas conmemorativas en recuerdo de los compañeros, logré un precio más acorde con nuestra maltrecha economía.  Aproximadamente un cuarto del ofrecido en principio, cosa que Domingo como recaudador me agradeció.  Eso sí, a cuenta de buscar y rebuscar entre diferentes profesionales. Como planteó el bordador tras justificar la manufactura del mismo:

- Es para un encuentro de antiguos compañeros de "mili"- le comenté.

Contestando él:

- desde luego para tomar unas cervezas, y correr una juerga, os inventáis cada excusa...

Fran ejecuta los movimientos correspondientes sin despertar sospechas, ni meter la pata. Parece que lo ha hecho toda la vida,  Nadie se ha percatado de la leyenda, aunque en parte también será debido al tono escogido para el bordado, similar al del fondo.









ras el sentido homenaje a nuestros compañeros caídos, ofrenda floral incluida, vamos a la sala de exposiciones.

Han indicado que podremos asistir a un par de teóricas. Tomamos asiento frente a unas mesas y un micrófono. Acomodados se encuentran mandos actuales y algunos de los contemporáneos de entonces. Parece que debido a problemas de salud, el encargado en primer lugar de explicar los pormenores del aciago día no vendrá. En su lugar, el General Palacios....Teniente entonces, ya retirado, toma la palabra.


Pulsa aquí para ver vídeo del acto
La primera alocución trata sobre los inicios de la Compañía y la tragedia en la que fallecieron los camaradas.

Las palabras fluyen densas.

El ponente embargado por la emoción, desglosa detalles apuntados en unas cuartillas. Sus gafas llegan a empañarse y debe quitarlas para seguir. Tras limpiar las lentes nos mira, suspira y continúa. Pide el favor de que continúe el que se encuentra a su lado.

Entonces el Coronel entra al quite —disculpad por adelantado, ya sabéis que soy de lágrima fácil— justifica y repasa el listado de los destacados. Al llegar a uno de ellos levanta la cabeza del papel y lo revela como presente en la sala:

— ¡Soldado Martín Fuldain Tolosa!

El protagonista de la mención no puede aguantar lágrimas que derrama. Intenta mantener la compostura y sonriendo, seca sus mejillas. Un emotivo y unánime aplauso homenajea al héroe. Emocionado agradece el elogio y se recoge en sí mismo. Junto a los suyos, varios compañeros de entonces, con su familia y amigos.

Cuando la tensión emocional se vuelve insoportable, una vez más, nuestro Coronel nos informa de la temática de la segunda charla. Un Teniente destinado en la Cia EE EE.  1/64 de Jaca, desglosa su experiencia en Mali.

Es la misión internacional en la que ahora se encuentra involucrada la Compañía. Su labor es de vigilancia, control y escolta, así como asesoramiento en la formación del Ejército Maliense.

Hay destacado un contingente de asesores técnicos responsables de la preparación de la tropa. Los esquiadores vigilan que todo esto funcione de forma adecuada y sin interferencias externas que pongan en peligro la vida de los alumnos o sus  profesores, e impidan realizar la misión.

Dice ser  gallego de Santiago, pero afirma que no ha visto llover hasta estar en Mali, en la época de lluvia, imaginaos…

Una vez oído de sus labios se entiende porque los americanos se interesan sobre la forma de actuar de nuestros soldados. La confraternización con el ciudadano, y la estrecha relación que se teje entre personas de diferentes mundos. Un brillo en sus ojos delata que ha sido conquistado por la madre África, Mali y sus gentes. Se siente parte de la solución y emana orgullo de su labor y la de sus compañeros.

He leído en otro sitio que en una importante misión, en Bosnia creo, el Alto Mando Americano solicitó el manual de protocolo para las relaciones con los lugareños, en misión internacional. Habían observado que nuestros compatriotas tenían más facilidad a la hora de conseguir materiales e información, vamos mayor y mejor colaboración. Pensaban que eso era algo que podían estudiar...

Cuando los responsables de nuestra tropa buscaron ese manual vieron que no existía:
— ¡Sargento, vaya preparándome un manual de esos!

Al ver la cara su cara, el Superior no se puede contener.

— ¿No somos españoles?... ¡Improvise, coño!

— ¡A la orden, mi Teniente! — y para no ser menos ni peores, se creó uno al efecto...¡pues menudos somos nosotros!

Creo que los marines tienen mucho que aprender en este aspecto de los profesionales del Ejército Español.

La humanidad de nuestros soldados es su arma más importante, una llave maestra que abre cualquier puerta.

Acaba la charla.

Ahora vamos a ver la exposición de material. En una explanada tienen situadas varias tiendas de campaña de gran tamaño. Dentro de ellas, encima de unas mesas, muestran lo último en material. Armas personales, colectivas, de precisión... Aparatos de comunicación, gps... en fin, tecnología puntera.

Algunos se retratan empuñando armamento y pertrechos impensables en nuestra etapa. Modernos vehículos, incluso una zona donde practicar con el actual fusil de dotación, eso sí, usando munición inocua. Visitantes veteranos y acompañantes se animan a probar, entre los que está la mujer de algún compañero, con buen tino, por cierto.





En el trayecto,  el Coronel Atares nos tiene reservada una sorpresa:

Invita al  Coronel Pueyo, segundo Capitán de la Compañía a descubrir una piedra oculta por la Bandera Española.

— He buscado la piedra más grande, con la esperanza de que perdure...— y un soldado de montaña algo entiende de paredes monolíticas...

El Coronel Pueyo, persona de edad y Capitán más antiguo, besa emocionado la Enseña y descubre la roca.

— Es una  placa conmemorativa, dedicada a todos los que servimos en la Unidad—explica  el Coronel Atares.

 Era algo que necesitábamos para reafirmarnos. La sentimos como algo propio y nos fotografiamos junto a ella.


Pulsa aquí para ver vídeo del acto
Un poco más tarde, y ya dentro de un edificio, podemos seguir admirando la exhibición de material. En esta ocasión se trata de pertrechos utilizados a lo largo de toda la historia de la Compañía.

Comparten aula maniquíes con indumentaria moderna, junto otros en verdad antiguos.

— ¿Con eso subíais?, ¿y los seguros?, ¡menudas tablas!— Fijaciones de esquíes, atalajes para mulos, gafas, raquetas, piolets y crampones, etc... ahora provocan la sonrisa del que los ha utilizado y sorpresa para el que los ve por primera vez.

Está claro que a día de hoy, disfrutan de mejores medios para su labor.

Salimos al exterior e invitan a retirarnos hacia el comedor. Allí haremos la comida de hermandad.

No sabría calcular el número exacto de comensales, pero jamás hubiéramos pensado en la más optimista de las circunstancias, semejante cantidad.

En un lateral, una mesa con altos cargos preside el encuentro.

Hoy en día la comida es de catering. Una empresa se encarga de suministrarla. Para ello debimos de adelantar el dinero el día anterior, en el cuerpo guardia, según instrucciones, con el fin de concretar el número exacto de comensales.

El menú consiste en lo que llaman rancho mejorado: unos fritos, paella mixta y entrecot con guarnición. Tarta, café y chupito de pacharán. Una comida digna y ajustada a los veinte euros que pagamos.

Nos sentamos mezclados y compartimos con antiguos Mandos responsables de nuestra unidad.



Se me acerca José Ángel:

— ¿cómo se lo damos a Juan Florencio— el detalle modelado con sus manos le quema...

Le digo que espere —la primera sorpresa: para el Coronel. Le haremos entrega del banderín hecho con la colecta entre antiguos componentes, soldados y mandos. Después lo de Juan Florencio.

Una conspiración dentro de otra...

Se encarga J.F. de leer unas palabras dedicadas al Coronel y a la extraordinaria forma en que se nos ha tratado por parte el Regimiento América 66. Al final le hace entrega de la enseña de los veteranos.



Este embargado por la emoción, aguanta como puede y con voz entrecortada toma la palabra. Dice agradecer desde el fondo de su corazón el detalle, pero piensa que debe de compartir ubicación con las otras banderas, en la sala histórica de Aizoaín, para poder ser admirada por el que así lo desee.

Él mismo lo llevará. Abraza a J.F. en representación de todos. La muestra a los comensales de presidencia: a altos cargos en activo, en la reserva o jubilados. Generales, Coroneles...

Pasa de mano en mano admirando el gran trabajo realizado por el bordador y la modista encargados de la labor. La verdad es que ha quedado muy bien.

Juan Florencio ya dijo que le parecía una copia mejorada del original. Es algo que ha repetido el Coronel, comentando que el anterior fue hecho por unas monjitas.

Me agrada que les guste y me siento feliz de poder compartirla con todos. Ya se ha convertido en patrimonio colectivo de la Compañía.

A continuación, y por alusiones, tomo la palabra.

Hace tiempo José Ángel, Pachu y  Chus, me pidieron que escribiera unas letras, para la entrega del objeto que ha concebido el primero. Durante días intercambiamos bocetos e ideas.

Chus expuso algo que caló. Llegamos a la conclusión de que el Coronel repetía un concepto: "la llama sigue viva".

Se refería a la pervivencia del espíritu de camaradería, del amor a nuestro país y a la naturaleza fomentados en la Compañía, en nuestro grupo. Fue el germen que se materializó en metal, bambú y papel.

Al final utilizando una idea inicial de él mismo,  José Ángel fabricó un cetro, a modo de vara, bastón de mando en materiales nobles. Una peana horizontal de hierro con dos apoyos del mismo material, en rústico. Envejecido en la naturaleza para que aflore su oxido natural. El bastón de caña de bambú y los extremos rematados con un tapón y una llama de hierro idealizada.

El artesano oculta bajo un paño su precioso parto. Tras un biombo, encima de una mesa junto al micrófono, descansa por un tiempo ajeno a miradas indiscretas. Hasta darle paso, mientras hago la lectura del texto.

Me presento, y despliego varias cuartillas con las palabras elegidas. 
Letras antiguas en pliego vetusto. Voy leyendo y empiezo a sentirme cómodo. Cosa fácil, dada la entrega de mis compañeros y el respaldo de la creación de nuestro amigo.

Texto íntegro de entrega de la llama:


Juan Florencio anda con la mosca detrás de la oreja, pero la conjura ha sido ejemplar. Llega el momento que yo creo adecuado.

Callo... miro al respetable...me giro hacia el biombo, y con un gesto doy entrada al regalo.

José Ángel lo coloca encima de la mesa de presidencia y hace entrega del mismo a JF. él cual emocionado, acierta a hilvanar unas palabras de agradecimiento.

Luego nos abraza.

La obra de arte circula entre los comensales de la jefatura, llegando a preguntar alguno la posibilidad de hacerse con uno igual.

Inmortalizamos el momento con varias fotos en las que aparecemos todos.


Regresamos a nuestros lugares en la mesa y rematamos los pacharanes.

Sigo disfrutando de la presencia de mis vecinos: Diego, Oscar, Miguel, Txemi, Luis, sus parejas...

Un poco más tarde abandonamos el comedor, camino de la cafetería.

Aunque reacios a finalizar el encuentro, hay que reconocer lo inevitable..

Cada uno se dirige a la taquilla asignada y retiramos las pertenencias. Cargados con las bolsas vamos al parking y las guardamos en nuestros vehículos.

Aunque anochece, no nos resignamos a acabar esto. Algunos hemos reservado hotel en proximidad, el Toro se llama, y quedamos a través de un grupo de wassap, después de alojarnos.

Distribuidos por coches, vamos a Pamplona. En inmediaciones del domicilio de Martín localizamos un local con aforo suficiente para sentar a veintitantos comensales. Hamburguesas y platos combinados son engullidos con  fría cerveza.

Después vamos a un pub cercano, donde finalizamos bebiendo algún gin-tonic que otro...
Al final, con promesas de repetir, cada uno vuelve a su alojamiento, dando por finalizada la jornada
El día siguiente será largo. Truje y yo tenemos una hora y pico de viaje; aunque para unos más que para otros.

Compañeros de Almería, Huelva, Asturias, León, Madrid...largo camino, lugares distantes en kilómetros pero a partir de hoy mucho más cerca...

¡de nuestro corazón!


Epílogo

Hasta aquí, hemos observado a través de los ojos de protagonistas, aunque en mayor medida bajo mi punto de vista.

He intentado reflejar y dar a conocer actitudes particulares que quizás debido a la premura, a la escasez de tiempo para compartir con los demás, y a la imposibilidad de estar con todo el  mundo, no pudimos disfrutar en común.

Cada uno tendrá una impronta de este fin de semana. Por eso he pretendido mostrar hechos objetivos reconocibles por todos e incontestables para cualquiera.
Hay cosas que vimos y otras que portamos orgullosos desde antaño, en el interior.

Tenemos que agradecer las facilidades proporcionadas por el Coronel Atares, último Capitán de nuestra Cía. y anfitrión como máximo responsable del RCZM América 66, en el Cuartel General Mola, de Aizoaín. Hubiera sido imposible hacer algo así sin su implicación. A él y a sus colaboradores la perfecta organización de los actos, el adecuado y apretado programa. 

A la Jefatura de Tropas de Montaña "Aragón" número I y al Ministerio de Defensa por autorizar a estos nostálgicos, el disfrute de las vivencias en sus instalaciones. 

Agradecimiento a Juan Florencio como "alma mater" del colectivo, culpable de la organización y las extraordinarias jornadas compartidas.

A Francesc, por plantar la semilla y crear el grupo. A Fran, Jose Angel y Chus por su desinteresada  entrega y floreciente ingenio. A Martín por legar sus imágenes…

En fin a todos los que fuimos a mantener encendida la pasión.

Seguro que quedaron saludos, presentaciones y abrazos en el tintero, pero creo coincidir con la mayoría, en que fue un éxito total.

Era nuestra primera toma de contacto y pudimos intimar con los que estaban a nuestra vera, con los demás fortalecimos lazos de amistad sembrados con anterioridad. Aprovecho para saludar también a las acompañantes, agradecer su presencia y rogar nos perdonen por el exceso de "batallitas".

No puedo dejar de mencionar al que fuera "mi Sgto"., Lara, secándose las lágrimas; mientras en el interior del "Sgto". Pascual se debatían tempestades de recuerdos...

Han debido de pasar muchos años para entender una reacción que los hace más humanos, más grandes todavía.

Para ellos y sus compañeros: Jarne, Segura, Callado, Ruiz, Herranz, Panero, Olivares , Rey (no quiero olvidar a ninguno, pero en mi época el trato fue con ellos, perdón de antemano) el reconocimiento de los que fuimos subordinados. Antes conocían a gente a lo largo de la Piel de Toro, ahora tienen amigos.

También agradecer su presencia a los Altos Mandos, algunos ya ancianos y renqueantes de salud. Aún con achaques, nos volvieron a dar una muestra de su amor a la Compañía y a la Patria.

A todos los que no pudimos estrechar la mano por falta de tiempo o ausencia, he intentado contar lo que vi.

Espero que se hagan una idea del acontecimiento, y que la próxima vez sean ellos, al menos, los que protagonicen anécdotas dignas de ser recordadas.

Porque gracias a todos, y como dice nuestro Capitán:

—" la llama sigue viva".


“La  llamada, el desafío de la pared vertical seduce...
  El olor del bosque y de las hojas húmedas al despertar, impregna...
  Ruge estruendoso el torrente; el agua del deshielo apaga la sed.
 Con gélido aliento, el glaciar conmueve; 
 el crujir de la nieve virgen, agudiza nuestros sentidos.
 Deslizan las pieles...
  Una naturaleza desatada y exuberante nos acoge... alerta...
  Siempre ESQUIADORES, siempre ABRIENDO HUELLA…”


En Bilbao , a 28 de Febrero de 2015


Autor: Kepa San Blas, veterano Cabo de la Compañía de Esquiadores Escaladores LI/51 de Pamplona









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