13 oct 2019

El Relato


Se acerca el 24 de Octubre

Reproducimos el relato del General de División D. Luis Palacios,
Teniente de la Compañía en 1964,
que fue  publicado originalmente en el nº 2 de la revista


Cada año, un grupo de soldados de la Compañía de Esquiadores Escaladores Paracaidistas (Cía. EE. EE. PP.), de la antigua División de Montaña n° 62, nos reunimos en las laderas del monte Orhi, Pirineo navarro. Allí, junto al túnel que atraviesa la montaña, hay un sencillo monumento, una cruz y una lápida con cuatro nombres, que recuerda los acontecimientos ocurridos en ese entorno, el 24 de octubre de 1964.


A la cita acuden hombres, ya con muchos años, que fueron soldados de reemplazo y mantienen viva su permanencia en el Ejército, sirviendo a España. Ello les hizo vivir unos hechos rudos e inhumanos, en contra de la naturaleza, obligados a la superación de un intensísimo fría, una tempestad de nieve y ventisca, una inmensa fatiga por el esfuerzo realizado y, asimismo, la impotencia ante las adversidades con que se enfrentaron. El encuentro es emocionante; en él las experiencias compartidas y los ejemplos de sacrificio, entrega y abnegación vividos, se unen al recuerdo de aquellos que entregaron su vida a la patria, en aquellas solitarias cumbres. 



Era una unidad de Tropas de Montaña ejemplar, a la que su capitán y fundador, desde octubre de 1962, D. Joaquín Calvo Fernández, supo imprimir un gesto de servicio, disciplina, entrega, cohesión, eficacia y sacrificio, que se manifestaba en cualquier ocasión y circunstancia y se evidenció en estos hechos.




La meteorología fue determinante para el desarrollo de los acontecimientos, pues sus condiciones variaron, inesperadamente, en una época con previsiones muy rudimentarias, sin la capacidad de difusión actual. 


RELATO APRETADO DE LOS ACONTECIMIENTOS 





La compañía, de guarnición en Pamplona, realizaba un ejercicio de adiestramiento, consistente en el "reconocimiento para el enlace táctico entre los valles de Salazar y Roncal", en el Pirineo navarro. Estaba bien instruida y adiestrada; recientemente había finalizado el curso de escalada divisionario en la sierra de Sarvil, en Echauri (Navarra) y en el valle de Belagoa. 

La actividad se inició el 21 de octubre, estableciendo el campamento cerca de Izalzu (Navarra), en unos barracones de los ingenieros militares que organizaron la frontera, a raíz de la II guerra mundial.

El día 22, se realizó un reconocimiento de Abodi y Picatua, con un tiempo espléndido, calor y visibilidad perfecta. Marchamos, en camisa, disfrutando de los paisajes del Orhi (2017 m.) y la selva de Irati. La marcha no fue fatigosa, a pesar de las fuertes pendientes y del esfuerzo que suponía portar el equipo y armamento, individual y colectivo, con dotación de munición. 


Para el día 23 se planteó una marcha que, partiendo del campamento (843 m.), siguiera por el monte Crucheta (1.100 m.), Ochogorrichipia (1.700 m.), y Picatua (1.370 m.); suponía una distancia reducida de 18 km. y desnivel de 860 m. (+).

Se inició a las 07:30 h, con final previsto a las 13:00 h. Íbamos equipados con uniformidad normal para el otoño en ese territorio: bota, polaina, pantalón, jersey de montaña, tabardo 3/4 y guantes de lana; con morral de espalda, armamento individual y colectivo con munición. Se desayunó en caliente, distribuyéndose un bocadillo. 





A partir de Crucheta empezaron la lluvia y la bruma. A las 11:00 h. alcanzamos la frontera en Ochogorrichipia. Hicimos un alto, surgió un momento el sol, aprovechado para una fotografía, y de inmediato, volvió la intensa niebla. El momento de reanudar el movimiento, en medio de esa cerrada niebla, fue crucial para el desarrollo de lo ocurrido posteriormente, ya que se inició el descenso en dirección norte, sobre Francia, en lugar de seguir hacia Picatua. 



El Pirineo occidental, en su vertiente francesa, presenta fuertes pendientes; ello hizo que, al recorrerlo, perdiérmos altura rápidamente y nuestro desplazamiento nos llevara, por sorpresa, al valle de Holzarte (Francia), arroyo tributario del Gave de Larrau.

Avanzando, bajo lluvia y niebla, nos vimos inmersos en un cerrado bosque, cruzado por barrancos, donde moverse era dificultoso. Desapareció el enlace radio con el campamento y la sensación de aislamiento y pérdida se materializó, junto con el convencimiento de que el regreso al campamento era imposible. 

Sobre las 17:00 h. topamos con unos madereros franceses que nos informaron de nuestra situación. Para entenderse hubo dificultades, pues solo se expresaban en vascuence de la variedad de esa zona de Sola, y, a duras penas, se entendían con nuestros soldados vascos, que dominaban otras variantes de ese idioma. 

Se continuó, ya hacia Larrau, siguiendo el curso del Holzarte, que atravesamos por una simple pasarela de maderera que salvaba un profundísimo barranco y solo permitía el paso en reducidos grupos. Alcanzamos la carretera D-26, giramos al oeste hacia Larrau (630 m.), adonde llegamos sobre las 20.00 h, tras trece horas de marcha, enormemente fatigados, muy mojados y con una alimentación somera. 

La comuna de Larrau, territorio de Sola, región de Aquitania, lugar aislado en el rincón que preside el Orhi, tenía una población de trescientos habitantes. La llegada de noche, bajo intensa lluvia, de una unidad armada española, en nuestras condiciones y aspecto, sorprendió y, seguramente, alarmó al vecindario dado lo insólito del hecho.


Ayuntamiento de Larrau, Francia
Se tomó contacto con el alcalde y la gendarmería, que pusieron a nuestra disposición un local donde pasar la noche. Se improvisó una frugal cena, se localizaron estufas de gas y nos acomodamos precariamente para un necesario descanso; tratamos de secar la ropa y el equipo, e intentamos dormir en el duro suelo. 

La decisión adoptada fue que marcharíamos por la carretera, todavía en construcción en algunos tramos, que unía Larrau con la frontera. Vía telefónica, a través de la Guardia Civil, se ordenó al campamento que los camiones acudieran a la frontera, (1.570 m.), para conducirnos a lzalzu. Nuestra situación fue comunicada al cónsul de España en Pau. 


Actual aduana, puerto de Larrau
El día 24, con un sobrio desayuno, iniciamos el movimiento a las 06.15 h.; mientras seguía lloviendo con frío y viento. El itinerario transcurre entre bosque hasta los 1.200 m.; después el terreno, despejado, estaba muy batido por el viento, sin edificaciones, salvo unos refugios de cazadores de palomas.

Al ascender empezó a caer aguanieve y, ya en los 900 m., la nevada era copiosa, con ventisca y caída de la temperatura. Después del bosque, en cota 1.400 m, donde finalizaba el asfalto de la carretera, el frío y el viento eran extremadamente intensos, (al parecer se alcanzaron los -25 C y los 100 km/h), con una fortísima ventisca. 

Ello supuso la neutralización de nuestra capacidad de movimiento dada la altura de la nieve acumulada, el cegamiento y la dificultad para la respiración por la ventisca y, en consecuencia, surgió la necesidad imperiosa de búsqueda de refugio y urgente ayuda. Ante la imposibilidad de avanzar, y la aparición de síntomas de desfallecimiento, se dispuso el retorno hacia los ya citados refugios de cazadores y unos automóviles estacionados junto a la carretera. 

Este movimiento resultó difícil y penoso. El cansancio era inmenso. Algunos hombres presentaban signos de agotamiento, por lo que fueron ayudados por compañeros, tratando de alcanzar juntos los refugios buscando la supervivencia. Hubo que forzar sus puertas, algunas con disparos de fusil, ante la apremiante necesidad de protección. Varios soldados buscaron cobijo en los automóviles de los cazadores, a la espera de socorro y ayuda. 

Un oficial y un suboficial, marcharon en denodado esfuerzo hacia Larrau, solicitando ayuda. 

La reacción francesa fue inmediata, organizándose una operación de socorro inmediata y eficaz; acudieron gendarmes, médicos, enfermeras, ciudadanos con sus vehículos, camiones y helicópteros. Nos atendieron in situ y se procedió a la evacuación. Los últimos evacuados fuimos el capitán, dos tenientes y quince soldados que llegamos a Larrau sobre las 19:00 h.

Una vez en la localidad recibimos atenciones, con gran cariño y total generosidad, en casas particulares y establecimientos hoteleros, donde el afecto, el calor y los alimentos recibidos nos revivieron, después de las penalidades sufridas. Allí se conoció la noticia de la muerte, por congelación y extrema fatiga, de cuatro compañeros, los cuales perdieron la vida por su inmensa entrega al tratar de ayudar a otros, o por debilidad total ante el colosal esfuerzo realizado. Cuatro soldados fueron evacuados al Hospital Militar de Pau (Francia), con principios de congelación. 


Algunos veteranos, en 2018, volvieron a Larrau y visitaron algunas de las casas donde fueron acogidos.
Aquella noche, a las 01:30 horas del día 25, en camiones del Ejército francés, fuimos evacuados hacia Irún, entrando en España sobre las 03:30 horas. Recordamos el enorme frío que volvimos a sentir durante el trayecto, al viajar en la caja de los vehículos, cubiertos éstos con una simple lona, protegidos por mantas proporcionadas por nuestros camaradas franceses; la temperatura era bajísima y nuestros cuerpos mostraban un enorme cansancio y debilidad. 

Después de pernoctar en el acuartelamiento de Ventas de Irún, y evacuados ocho soldados al Hospital Militar de San Sebastián, regresamos a Pamplona por carretera.




REFLEXiÓN FINAL 

Es indudable que este episodio marcó profundamente a cuantos lo protagonizamos. Nos hizo sentir al máximo la dureza de la montaña, la fuerza de la naturaleza y descubrir que su violencia puede alcanzar niveles increíbles, llegando a anular al hombre.

Personalmente para mí, fue una vivencia tremendamente dura y triste, pero, por otra parte, en mi larga vida profesional en Tropas de Montaña, supuso siempre una experiencia permanente y valiosísima. 

Asimismo, durante los acontecimientos narrados, se evidenció la trascendencia de la disciplina y la subordinación en cualquier organización militar, como valores fundamentales siempre, e imprescindibles en situaciones límite. Las virtudes del compañerismo y la abnegación, hasta el extremo, destacaron en aquellos terribles momentos, donde muchos, entre los que sobresalen los que cayeron, lo dieron todo en entrega espléndida a sus compañeros. 

Por eso, al recordar a nuestros camaradas muertos en aquella jornada del 24 de octubre de 1964, y elevar una oración por sus almas, creo que, como final de esta narración, debo reseñar sus nombres, que figuran, para siempre, entre los héroes de las Tropas de Montaña de España.




Luis Palacios Zuasti, GD (R)




Soldados del Batallón Montejurra (RCZM América 66, Pamplona)
 y de la actual Compañía de Esquiadores-Escaladores 1 (RCZM Galicia 64, Jaca)
 en el acto de homenaje en 2014 al cumplirse el 50 aniversario del suceso

Veteranos de la Compañía el 24/10/2014


25/10/2014, Cuartel de Aizoain, Navarra.
 Clase teórica del General de División Luis Palacios
 en la que nos relato los hechos sucedidos el 24/10/1964


Nuestros Caídos




Queremos agradecer al General de División Luis Palacios por este gran relato,
 y al Coronel Vaquerizo por permitirnos su reproducción en este sitio.









21 sept 2019

La bolsa de emergencias


Todos teníamos una, te la hacías tú, con tu dinero, era la bolsa de emergencia para supervivencia.

Tenía que contener como mínimo los siguientes elementos:
  • Linterna de petaca
  • Alambre
  • Hilo de bramante
  • Cinta aislante
  • Vela
  • Cerillas o encendedor
  • Aguja de coser
  • Hilo de coser
  • Botones

Recuerdo aquella tarde en Pamplona,  casi toda la compañía, comprando lo que se nos pedía.

Yo además llevaba siempre una bolsa de pasas en el bolsillo del pantalón, chocolatinas Crunch (que las vendían en la cantina del refugio de Belagua), para tomar mientras andabas;  y unas aspirinas, en el bolsillo interior del saco de dormir, era lo mejor después de una agotadora marcha.







 ¿Por qué una linterna de petaca?

Te la podías colgar y poner de pie gracias al soporte trasero.











¿Se utilizó este material alguna vez?

Sí.

La linterna se utilizaba sobre todo en las maniobras nocturnas y en los vivac.

La vela (y las cerilla o encendedor) cuando dormías en un iglú o zanja, en la fosa de frío.

El hilo y las agujas, constantemente para remendar. Sobre todo el traje de tormentas (que consistía en un chubasquero con pantalón), cualquier agujero era el lugar por donde se escaparía el calor.

El hilo de bramante, alambre y cinta aislante para la construcción de refugios.

¿Se utilizaba algo más?

Pues sí, en mi caso solía llevar pastillas efervescentes de vitamina C y sobres de Ginseng coreano.

Antes de cada marcha me daba con polvos de talco en las ingles, una rozadura en esa zona te causaba un dolor terrible.












31 ago 2019

El que ríe último...


El Viernes era el mejor día de la semana, aunque también podía ser el peor.

Teníamos un infierno diario (puede parecer exagerado, pero no lo es, hay que vivirlo) de instrucción y mas instrucción, marchas y mas marchas..., no había descanso.

Tanto trabajo tenia un solo beneficio, los fines de semana podíamos salir de permiso, casi toda la compañía (arrestados o con servicio se tenían que quedar). Así que cuando llegaba el viernes todos estábamos mas nerviosos por salir. Los que vivían cerca, aragoneses, vascos, catalanes, lo tenían muy fácil y normalmente se irían a casa. Los que eramos de lejos nos teníamos que conformar con Pamplona, que no estaba mal. Irse a una pensión, comer en los bares, salir por la noche..., bueno, en mi caso estaba tan cansado que solía acostarme bastante pronto.

Bueno, esta es la teoría, pero la practica era de otra forma.


El tiro.

Todos los viernes se terminaba la instrucción (orden de combate) con practicas de tiro, así que todos los viernes terminábamos en el campo de tiro. El primer problema: hacerlo todo bien, disparar cuando se te ordena, si se bloquea el armar no girarte apuntando, etc. Todos esto muy normal y casi siempre salia bien.

Pero después venia la limpieza del arma y la consiguiente revista..., aquí si que había peligro, y no porque se te disparara el arma. Limpiar un CETME C es muy difícil y complicado, lleno de recovecos, que tienden a ensuciarse con mucha facilidad. Ademas estaba el otro tema, el material de limpieza que te suministraban era casi...nulo, una baqueta, y un poco de grasa. El buscarse la vida era lo habitual.



Superada la revista estaba todo hecho, ya casi estabas disfrutando del permiso.

Te ponías el traje de bonito, hacías el equipaje y te preparabas para la ultima revista: bien afeitado, pelo perfecto, zapatos limpios, uniforme correcto y bien puesto.

Ya estabas en la calle fuera del cuartel. Te podías ir a tu casa. Algunos se aventuraban a hacer auto-stop para que los llevaran (el estado habitual del soldado era de precariedad económica).

La Policía Militar.

A la vez que nosotros nos preparábamos para el fin de semana, ellos se preparaban para coger a los que intentaran hacer auto-stop (que estaba prohibido). Todos los viernes se apostaban para pillar a los soldados "in fraganti" y devolverlos al cuartel. Habría un doble castigo, el que te imponía la Policía y el que te imponían tus mandos, por dejarte pillar por la Policía.


Uno de esos viernes yo salí para pasear por Pamplona, uno de los compañeros estuvo burlándose de mi porque, se iría a su casa, con el habitual "aquí te vas a quedar".  No se cuantas veces me lo repitió, se hacia hasta agobiante.

Cuando salimos del cuartel se despidió, aquí te vas a quedar...

Pasee por Pamplona, una rutina: ir a los baños públicos a ducharme, comprar algo que me hiciera falta, cenar...

Volví para la retreta y..., ¿a quien me encontré en el cuartel?

Si, ese, el compañero que se burlaba diciéndome continuamente "aquí te vas a quedar".

El que ríe último ríe mejor. Ademas arrestado por partida doble. La Policía Militar lo había cogido haciendo auto-stop.


J. Florencio, 2º/84












21 ago 2019

Compañías de Esquiadores-Escaladores


Reproducimos una vieja publicación de la Revista Española de Defensa, nº 35: un articulo sobre las compañías de esquiadores-escaladores centrado en un ejercicio invernal de nuestra unidad. Esta publicación fue ya tratada en este blog bajo el nombre de "Maniobras de Altura", ahora la repetimos, trascrita a este medio, facilitando su lectura.

¡Vaaamonos! Apenas apunta el alba cuando la 51ª, Compañía de Esquiadores-Escaladores (E-E),  forma en la explanada del refugio militar de Candanchú.  Los hombres, entumecidos por el intenso frío y por tres largas hora de camino desde Pamplona, tienen el tiempo justo para tomarse el último vaso de leche caliente ante de iniciar la travesía. Acaba de empezar la fase de Vida y Movimiento en Montaña Invernal, una durísima prueba de dieciséis  días de duración en la que se pondrá en práctica todo lo aprendido desde el otoño: marchas, esquí diurno y nocturno,  escalada en hielo y paso de cornisa, combinado con temas tácticos.

La travesía inicial de cuatro días los llevará desde Candanchú (Huesca) a Belagua (Navarra). Serán unas 8-9 horas de marcha diaria, comenta el Capitán Javier Aranguren Aramendía, jefe de la unidad (desde 1988 a 1992). El camino se recorre foqueando (con cintas antideslizantes adheridas a la suelas de los esquíes), o cuando no hay nieve suficiente, a pie, con las tablas sujetas a la mochila. En los pasos difíciles habrá que echar mano al piolet y los crampones, a las cuchillas de esquí y a las raquetas, o bien encordarse para superar una zona de grieta o una cornisa.


Poco conocidos por el gran público, los esquiadores-escaladores (E-E) son, como gustan matizar, unidad de especialistas (no de operaciones especiales) entrenadas y equipadas para operar en alta montaña y en zonas donde el movimiento es difícil. En un terreno tan exigente y duro como es la montaña, el que es capaz de convivir con ella y llegar donde otros no pueden, gana la acción. Ocupar un collado a tiempo puede evitar un combate, opina el Capitán Aranguren, para quien la capacidad de maniobra en este medio es la que da la potencialidad real de la unidad.

Actualmente, cada Brigada de Cazadores de Montaña (BRCZM) cuenta con una compañía de E-E independiente (51ª en Pamplona, 41ª en Viella), más una sección en cada Batallón de Cazadores, Ingenieros y Grupo de Artillería. La Brigada de Cazadores de Alta Montaña XLII (BRCZAM) por su parte, las encuadra a razón de una Compañía por cada Batallón de Cazadores.


Entrenamiento. La instrucción de estas unidades es eminentemente práctica y sobre el terreno, centrada en el esquí en invierno y en la escalada en verano, con un ejercicio de síntesis al término de cada temporada. Hay que contar el curso de esquí (60 días), el de escalada (45 días), la supervivencia, la fase de vida y movimiento, travesías y patrullas de reconocimiento (55 días), prácticas con helicópteros (10 días) y las maniobras con la Brigada Paracaidista (RECOPARA), más las convivencias con unidades similares aliadas (alemanas, italianas, francesas y estadounidenses). Total, que pasamos más días en el campo que en el acuartelamiento.

Sus misiones son muy similares a las de la caballería en las unidades de línea: enlace entre unidades colaterales, ocupación de puntos difíciles, misiones de exploración, vigilancia y seguridad de combate; incursiones tras las líneas enemigas, ocupación de posiciones que requieren técnicas avanzada de esquí o escalada, combate en zonas nevadas o boscosas, contraataques locales y preparación de pasos semipermanentes para otras unidades.

Más recientemente, han recibido la responsabilidad de formar en su seno Patrullas de Reconocimiento de Largo Alcance (PRLA), de las que dos están constantemente dispuestas en cada unidad y una tercera en reserva. Cada patrulla está formada por profesionales y personal de reemplazo seleccionado (4-5 hombres) expertos a su vez en una disciplina concreta (topografía, inteligencia, sanidad, transmisiones, guía de montaña). Con tareas fundamentalmente de información, estas PRLA dependen, una vez activadas, directamente de la Brigada.

Las unidades de Esquiadores-Escaladores tienen por característica fundamental el recurso a la resistencia individual para el aprovechamiento en favor propio de las dificultades que presenta el terreno y la climatología. La capacidad de sufrimiento es tan necesaria como unas piernas de hierro y un corazón a toda prueba, comenta el Sargento César Panero, muchos soldados se sorprenden de lo que son capaces de hacer y superan límites que no habían ni tan siquiera soñado. Sin embargo, el fondo físico por sí mismo no es suficiente, es necesario también un fondo psíquico que evite el derrumbe por cansancio o que permita salir de una situación comprometida.

Esfuerzo. Javier Rodríguez, uno de los esquiadores-escaladores de la 51ª Compañía, resopla mientras intenta ponerse la mochila. Ya quisiera ver a Iñaki Perurena ... ¡Pesa una tonelada ...!. Su compañero, vasco, encorvado bajo la suya, replica muy serio: ¿y qué dejaste, pues? Cada hombre, sin excepción, lleva además de su propio equipo, parte del colectivo: tiendas, botiquines, hornillos, cuerdas de escalada, repuestos, radios, camillas, palas, etc. Una mochila normal alcanza fácilmente los 25 kilos, mientras que con la radio, una PRC-77, pasa de los 30. La seguridad tiene un precio, y es mejor sudar que llorar, comenta el Capitán.


En un terreno donde las distancias se miden en horas de marcha y metros de desnivel (al final de la jornada uno está tan cansado que incluso cuesta comer) el descanso es vital. Para acampar se recurre a las tiendas TAM, los iglús, las cuevas de nieve o bien a las fosas laponas, una excavación con capacidad para una patrulla, cubierta por los ponchos y esquíes. Depende del lugar, tiempo y espesor de la nieve, se utiliza un sistema u otro, comenta el Teniente José Vivas. Lo importante es descansar lo mejor posible.

Otros factores indispensables en la montaña y básicos para unos soldados que operan aislados y en condiciones difíciles son la confianza en uno mismo, el espíritu de equipo y la iniciativa individual, virtudes que se fomentan al máximo. El año pasado tuve un grave accidente en un ejercicio y perdí el conocimiento. Los soldado de mi patrulla, todos de remplazo, se las ingeniaron para confeccionar una camilla de circunstancias y, por un terreno infame, evacuarme, recuerda, muy orgulloso, el Capitán Aranguren.

El hermanamiento a que induce la dureza del medio es también muy tenido en cuenta por la tropa. Aquí todos, incluido el capitán, llevamos la misma mochila, hacemos las mismas marchas, comemos las mismas latas y nos caemos lo mismo. Todos dependemos de todos y cualquier diferencia queda fuera de lugar. Hacer por otro lo que no harías por ti, comenta Joseba Sazo, un bilbaíno de pura cepa que eligió cumplir el servicio militar en los E-E, para aprender de verdad lo que es la montaña. La mayoría de lo voluntarios no tiene experiencia propia de escalada o esquí (los figuras de pista de moda no se dejan ver por aquí, sentencia) pero todos piensan continuar haciéndolo en el futuro, aunque, eso sí, nunca más con estas mochilas.


Organización. Los esquiadores-escaladores operan básicamente en unidades pequeñas, tipo patrulla o pelotón, sección a lo sumo, con una autonomía que no suele pasar de dos jornadas. Aún recuerdo una marcha al completo de munición y víveres para cuatro días, comenta el Subteniente Rey, responsable de la Plana Mayor, la mochila superaba los 40 kilos por persona y supuso un desgaste físico tal que hipotecó en parte la capacidad de actuación de la unidad. No basta con llegar. Hay que estar.

Orgánicamente una compañía independiente de Esquiadores-Escaladores, como la 51ª, consta de Mando, una sección de Plana Mayor y 3 secciones de E-E tácticas, más un elemento de apoyo agregable a una sección (la sección de Armas de Apoyo). Con un total de 150 hombres, su armamento se basa en el conocido FUSA CETME C, más 2 ametralladoras MG-3, 2 lanzagranadas Instalaza M-65, 2 morteros de 60 mm y una treintena de sistemas contra carro desechables C-90, como armamento colectivo.

En un futuro próximo será motorizada mediante camiones todo-terreno URO y tractores oruga de montaña (TOM) BV-206. Inminente es también la distribución de los nuevos CETME L y LE (algunos equipados con visor óptico de puntería) y ametralladoras ligeras AMELI, todo de calibre 5,56, lo que supondrá, entre otras cosas, una notabilísima y bienvenida reducción de peso. A través de los años, las compañías de Esquiadores-Escaladores han ido evolucionando y hoy nuestro material técnico es igual al disponible en el mercado civil. Pero para el Capitán Aranguren lo importante sigue siendo el elemento humano con tractores o con helicópteros, al final, es eI esquiador quien cumple la misión.


Como confiesan los hombres de la 51ª, la vida en una unidad de esquiadores-escaladores es muy dura, pero tiene unas compensaciones enormes. La montaña es nuestra pasión - confiesa el Teniente José Vivas - pero lleva su propia penitencia: con los años, la mochila, el esquí y la escalada dejan su marca y las lesiones son frecuentes. Pese a ello, todos se sienten satisfechos de pertenecer a una unidad de este tipo y aprovechan cualquier descanso en la marcha para narrar las muchas anécdotas que les han ocurrido, como cuando montamos la base en una zona muy alejada de cualquier senda y, para no limitarnos a las latas de las raciones de previsión, se nos ocurrió llevar ovejas vivas para tener carne fresca. Nadie cayó en la cuenta de que las ovejas no trepan y al final hubo que subirlas en el cuello. Parecíamos pastorcitos de Belén - ríe al recordarlo el brigada Pedro Cristóbal - A la vez siguiente subimos cabras... ¡y les ganamos trepando!



Texto y fotos:
Juan Bernardo Abertí Dumas.

Revista Española de Defensa, 35
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  • Los soldados de la Sección de Armas de Apoyo (los encargados de operar las armas colectivas: ametralladoras, morteros y lanzagranadas, utilizaban como arma individual el sub-fusil STAR Z.
  • El fusil CETME L, aunque fue introducido en los años 90, realmente no se llego a usar pues NO era mejor que el CETME C.