21 ago 2019

Compañías de Esquiadores-Escaladores


Reproducimos una vieja publicación de la Revista Española de Defensa, nº 35: un articulo sobre las compañías de esquiadores-escaladores centrado en un ejercicio invernal de nuestra unidad. Esta publicación fue ya tratada en este blog bajo el nombre de "Maniobras de Altura", ahora la repetimos, trascrita a este medio, facilitando su lectura.

¡Vaaamonos! Apenas apunta el alba cuando la 51ª, Compañía de Esquiadores-Escaladores (E-E),  forma en la explanada del refugio militar de Candanchú.  Los hombres, entumecidos por el intenso frío y por tres largas hora de camino desde Pamplona, tienen el tiempo justo para tomarse el último vaso de leche caliente ante de iniciar la travesía. Acaba de empezar la fase de Vida y Movimiento en Montaña Invernal, una durísima prueba de dieciséis  días de duración en la que se pondrá en práctica todo lo aprendido desde el otoño: marchas, esquí diurno y nocturno,  escalada en hielo y paso de cornisa, combinado con temas tácticos.

La travesía inicial de cuatro días los llevará desde Candanchú (Huesca) a Belagua (Navarra). Serán unas 8-9 horas de marcha diaria, comenta el Capitán Javier Aranguren Aramendía, jefe de la unidad (desde 1988 a 1992). El camino se recorre foqueando (con cintas antideslizantes adheridas a la suelas de los esquíes), o cuando no hay nieve suficiente, a pie, con las tablas sujetas a la mochila. En los pasos difíciles habrá que echar mano al piolet y los crampones, a las cuchillas de esquí y a las raquetas, o bien encordarse para superar una zona de grieta o una cornisa.


Poco conocidos por el gran público, los esquiadores-escaladores (E-E) son, como gustan matizar, unidad de especialistas (no de operaciones especiales) entrenadas y equipadas para operar en alta montaña y en zonas donde el movimiento es difícil. En un terreno tan exigente y duro como es la montaña, el que es capaz de convivir con ella y llegar donde otros no pueden, gana la acción. Ocupar un collado a tiempo puede evitar un combate, opina el Capitán Aranguren, para quien la capacidad de maniobra en este medio es la que da la potencialidad real de la unidad.

Actualmente, cada Brigada de Cazadores de Montaña (BRCZM) cuenta con una compañía de E-E independiente (51ª en Pamplona, 41ª en Viella), más una sección en cada Batallón de Cazadores, Ingenieros y Grupo de Artillería. La Brigada de Cazadores de Alta Montaña XLII (BRCZAM) por su parte, las encuadra a razón de una Compañía por cada Batallón de Cazadores.


Entrenamiento. La instrucción de estas unidades es eminentemente práctica y sobre el terreno, centrada en el esquí en invierno y en la escalada en verano, con un ejercicio de síntesis al término de cada temporada. Hay que contar el curso de esquí (60 días), el de escalada (45 días), la supervivencia, la fase de vida y movimiento, travesías y patrullas de reconocimiento (55 días), prácticas con helicópteros (10 días) y las maniobras con la Brigada Paracaidista (RECOPARA), más las convivencias con unidades similares aliadas (alemanas, italianas, francesas y estadounidenses). Total, que pasamos más días en el campo que en el acuartelamiento.

Sus misiones son muy similares a las de la caballería en las unidades de línea: enlace entre unidades colaterales, ocupación de puntos difíciles, misiones de exploración, vigilancia y seguridad de combate; incursiones tras las líneas enemigas, ocupación de posiciones que requieren técnicas avanzada de esquí o escalada, combate en zonas nevadas o boscosas, contraataques locales y preparación de pasos semipermanentes para otras unidades.

Más recientemente, han recibido la responsabilidad de formar en su seno Patrullas de Reconocimiento de Largo Alcance (PRLA), de las que dos están constantemente dispuestas en cada unidad y una tercera en reserva. Cada patrulla está formada por profesionales y personal de reemplazo seleccionado (4-5 hombres) expertos a su vez en una disciplina concreta (topografía, inteligencia, sanidad, transmisiones, guía de montaña). Con tareas fundamentalmente de información, estas PRLA dependen, una vez activadas, directamente de la Brigada.

Las unidades de Esquiadores-Escaladores tienen por característica fundamental el recurso a la resistencia individual para el aprovechamiento en favor propio de las dificultades que presenta el terreno y la climatología. La capacidad de sufrimiento es tan necesaria como unas piernas de hierro y un corazón a toda prueba, comenta el Sargento César Panero, muchos soldados se sorprenden de lo que son capaces de hacer y superan límites que no habían ni tan siquiera soñado. Sin embargo, el fondo físico por sí mismo no es suficiente, es necesario también un fondo psíquico que evite el derrumbe por cansancio o que permita salir de una situación comprometida.

Esfuerzo. Javier Rodríguez, uno de los esquiadores-escaladores de la 51ª Compañía, resopla mientras intenta ponerse la mochila. Ya quisiera ver a Iñaki Perurena ... ¡Pesa una tonelada ...!. Su compañero, vasco, encorvado bajo la suya, replica muy serio: ¿y qué dejaste, pues? Cada hombre, sin excepción, lleva además de su propio equipo, parte del colectivo: tiendas, botiquines, hornillos, cuerdas de escalada, repuestos, radios, camillas, palas, etc. Una mochila normal alcanza fácilmente los 25 kilos, mientras que con la radio, una PRC-77, pasa de los 30. La seguridad tiene un precio, y es mejor sudar que llorar, comenta el Capitán.


En un terreno donde las distancias se miden en horas de marcha y metros de desnivel (al final de la jornada uno está tan cansado que incluso cuesta comer) el descanso es vital. Para acampar se recurre a las tiendas TAM, los iglús, las cuevas de nieve o bien a las fosas laponas, una excavación con capacidad para una patrulla, cubierta por los ponchos y esquíes. Depende del lugar, tiempo y espesor de la nieve, se utiliza un sistema u otro, comenta el Teniente José Vivas. Lo importante es descansar lo mejor posible.

Otros factores indispensables en la montaña y básicos para unos soldados que operan aislados y en condiciones difíciles son la confianza en uno mismo, el espíritu de equipo y la iniciativa individual, virtudes que se fomentan al máximo. El año pasado tuve un grave accidente en un ejercicio y perdí el conocimiento. Los soldado de mi patrulla, todos de remplazo, se las ingeniaron para confeccionar una camilla de circunstancias y, por un terreno infame, evacuarme, recuerda, muy orgulloso, el Capitán Aranguren.

El hermanamiento a que induce la dureza del medio es también muy tenido en cuenta por la tropa. Aquí todos, incluido el capitán, llevamos la misma mochila, hacemos las mismas marchas, comemos las mismas latas y nos caemos lo mismo. Todos dependemos de todos y cualquier diferencia queda fuera de lugar. Hacer por otro lo que no harías por ti, comenta Joseba Sazo, un bilbaíno de pura cepa que eligió cumplir el servicio militar en los E-E, para aprender de verdad lo que es la montaña. La mayoría de lo voluntarios no tiene experiencia propia de escalada o esquí (los figuras de pista de moda no se dejan ver por aquí, sentencia) pero todos piensan continuar haciéndolo en el futuro, aunque, eso sí, nunca más con estas mochilas.


Organización. Los esquiadores-escaladores operan básicamente en unidades pequeñas, tipo patrulla o pelotón, sección a lo sumo, con una autonomía que no suele pasar de dos jornadas. Aún recuerdo una marcha al completo de munición y víveres para cuatro días, comenta el Subteniente Rey, responsable de la Plana Mayor, la mochila superaba los 40 kilos por persona y supuso un desgaste físico tal que hipotecó en parte la capacidad de actuación de la unidad. No basta con llegar. Hay que estar.

Orgánicamente una compañía independiente de Esquiadores-Escaladores, como la 51ª, consta de Mando, una sección de Plana Mayor y 3 secciones de E-E tácticas, más un elemento de apoyo agregable a una sección (la sección de Armas de Apoyo). Con un total de 150 hombres, su armamento se basa en el conocido FUSA CETME C, más 2 ametralladoras MG-3, 2 lanzagranadas Instalaza M-65, 2 morteros de 60 mm y una treintena de sistemas contra carro desechables C-90, como armamento colectivo.

En un futuro próximo será motorizada mediante camiones todo-terreno URO y tractores oruga de montaña (TOM) BV-206. Inminente es también la distribución de los nuevos CETME L y LE (algunos equipados con visor óptico de puntería) y ametralladoras ligeras AMELI, todo de calibre 5,56, lo que supondrá, entre otras cosas, una notabilísima y bienvenida reducción de peso. A través de los años, las compañías de Esquiadores-Escaladores han ido evolucionando y hoy nuestro material técnico es igual al disponible en el mercado civil. Pero para el Capitán Aranguren lo importante sigue siendo el elemento humano con tractores o con helicópteros, al final, es eI esquiador quien cumple la misión.


Como confiesan los hombres de la 51ª, la vida en una unidad de esquiadores-escaladores es muy dura, pero tiene unas compensaciones enormes. La montaña es nuestra pasión - confiesa el Teniente José Vivas - pero lleva su propia penitencia: con los años, la mochila, el esquí y la escalada dejan su marca y las lesiones son frecuentes. Pese a ello, todos se sienten satisfechos de pertenecer a una unidad de este tipo y aprovechan cualquier descanso en la marcha para narrar las muchas anécdotas que les han ocurrido, como cuando montamos la base en una zona muy alejada de cualquier senda y, para no limitarnos a las latas de las raciones de previsión, se nos ocurrió llevar ovejas vivas para tener carne fresca. Nadie cayó en la cuenta de que las ovejas no trepan y al final hubo que subirlas en el cuello. Parecíamos pastorcitos de Belén - ríe al recordarlo el brigada Pedro Cristóbal - A la vez siguiente subimos cabras... ¡y les ganamos trepando!



Texto y fotos:
Juan Bernardo Abertí Dumas.

Revista Española de Defensa, 35
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  • Los soldados de la Sección de Armas de Apoyo (los encargados de operar las armas colectivas: ametralladoras, morteros y lanzagranadas, utilizaban como arma individual el sub-fusil STAR Z.
  • El fusil CETME L, aunque fue introducido en los años 90, realmente no se llego a usar pues NO era mejor que el CETME C.













2 ago 2019

Curso de Esquí de 1985 (3)


Todas la mañanas abordábamos los camiones y subíamos a la estación de esquí.


Desde el aparcamiento de la estación nos subíamos en el telesilla que nos llevaba a las pistas.



La estación no es muy grande, pero suficiente para nosotros.


El equipo olímpico.
Nos distribuíamos en grupos, según nuestro nivel de esquí. Algunos de los compañeros poseían un nivel de esquí muy alto y ejercían de profesores.

Yo estaba en el equipo olímpico, o sea, el de los torpes...

Una vez choque con el Teniente Zaratiegui y le rompí las fijaciones de sus esquís. Mi nivel de esquí era proporcional, en sentido inverso, a mi nivel de escalada.

Poco a poco aprendíamos, lo suficiente para no caernos y tomar y dejar los remontes con dignidad; siempre he opinado que lo mas difícil del esquí es no hacer el ridículo en los remontes.


La Culitos.
Por fin la vimos, al final no era para tanto, pero era de lo que se hablaba.


Los Mandos.
A la estación no solo acudían los mandos de las distintas unidades, también había otros para reforzar pues había muchos grupos, y otros, sobre todo mandos superiores, supervisando o simplemente disfrutando del esquí. 

Uno de ellos, un comandante, estaba descansando en uno de los remontes y le preguntaba a cada soldado que hacia cola para subir: ¿Tu de donde eres?... Barcelona, Zaragoza, Madrid, eran las respuestas mas habituales..., ya veras cuando me pregunte a mi (pensaba).

¿Tu de donde eres?
De Almería...
Jajaja, jajaja, jajaja...
A ti te han engañado, jajaja, jajaja...

Fui la respuesta exótica a su pregunta.


Las Pistas
Habia todo tipo de zonas y muchas placas de hielo que había que atravesar con los cantos.
Las pistas negras no las hicimos, pero la rojas si... Jo, daba miedo mirar desde arriba, pero dominando la vuelta Maria podías bajar por cualquier sitio.

Para amenizar, por la megafonia de la estación nos obsequiaban con los éxitos musicales del momento: Alaska y Objetivo Birmania...













Esta foto es de la cima del monte San Lorenzo en un rescate de civiles accidentados

Así pasábamos la mañana, luego a una hora determinada volvíamos a coger los camiones para regresar al cuartel a comer.

Estoy de pie, en el centro, el que tiene las manos sobre la cabeza de un compañero


El ultimo día nos dejaron libertad para esquiar y ademas se comía en la estación... ¡Paella!

Que colas, todos queríamos comer paella, pero la paella se había acabado y teníamos que esperar a otra tanda, paciencia.

Ademas de aprender a esquiar se practicaba mucho la marcha nórdica y se formaban los equipos que competirían en los campeonatos de Candanchu, de hecho mi teniente de sección, recién ascendido a Capitán, era quien se encargaría de su preparación, en Belagua, que no era lo normal.

Circunstancialmente escuche una conversación de los mandos sobre donde entrenarían los equipos, lo que me permitió asegurar, a los compañeros que competirían, que todos iríamos a Belagua; cosa que estos negaban, riéndose..., que irían a Candanchu a entrenar, como siempre se hacia...; pero no fue así, todos a Belagua, como escuche de los mandos.

Algunas imágenes de las participaciones en los campeonatos de Candanchu.







Después del ultimo día de curso se celebraron las competiciones de la División de Montaña Navarra, ese día me tocaba guardia, así que no puede verlas. Si recuerdo que los uniformes que usábamos habitualmente, los hidrofugados de color verde, fueron cambiados por hidrofugados de color marrón, como el que llevaban las otras unidades.

El descenso lo gano un compañero de mi sección ¿era el que mas sabia esquiar, el que mejor técnica tenia? Pues no, pero fue el único que no se cayo. Todos los favoritos se cayeron.


La vuelta a Pamplona.
El ultimo día en el cuartel de Ezcaray dio mucho de si, rehacer el petate, no dejarse nada, comprobar que estuviera todo. Los corrillos y charlas. La alegría y jolgorio. La bronca del Sargento Pascual por no respetar al cadena de mando y dirigirme directamente al Teniente.

Vamos, lo normal hasta que..., en uno de los habituales corrillos que se formaban, se estaban pasando un cigarro, mas bien un canuto, con la alegría del momento, sin mirar...

En esto que se para un mando curioso (que ademas no era de la compañía), se mete en el corrillo como uno mas, y ante la sorpresa de este, el que esta a su lado le pasa el canuto para que le diera una calada... Se pueden imaginar la escena. Algún compañero se tuvo que licenciar mas tarde.

Subimos los pertrechos al camión asignado: petates, mochilas, esquís. El que le toco a mi grupo tenia la peculiaridad que la lona  estaba rota y una buena parte de la caja quedaba al intemperie...; por favor, que no nos nevara.

Jejejeje, NOS NEVÓ de vuelta, llegamos a Pamplona con un palmo de nieve en la caja.

Dentro de pocos días nos iríamos a Belagua, a las maniobras de vida y movimiento en montaña invernal.


La licencia.
Después de regresar de Belagua, el día de nuestra licencia, al menos los que allí estábamos, nuestro Capitán, Francisco Javier Lete, vino desde Candanchu (se estaban celebrando por esas fechas los campeonatos del ejercito) a despedirse y decirnos que en el cuartel teníamos nuestra casa, que si alguna vez volvíamos por Pamplona y tuviéramos la necesidad de alojarnos, que no lo dudáramos y que en el cuartel siempre tendríamos alojamiento.

También nos dio la grata noticia de que nuestra Compañía había quedado en segundo lugar en los campeonatos militares de Candanchu, noticia que fue recibida con gran alegría y jolgorio.



Al finalizar el curso todos recibimos varios regalos, entre ellos, una pegatina para conmemorar el evento. Si nos fijamos bien en el dibujo veremos que esta firmada por Ferrer Dalmau, el famoso pintor de temática militar, que realizaba su servicio militar en el Regimiento América 66, 1º/84, así que los que aun la conservéis no la perdáis.


J. Florencio, 2º/84



Dedicado a todos los que estuvieron en ese curso, a los reemplazos 2º/84 y 6º/84 de mi compañía, y como no, a nuestro Capitán, que vino a despedirse e indicarnos que allí siempre tendríamos nuestra casa.


En 1987 se grabo un vídeo de las actividades de la Compañía. 
Esta es la parte que corresponde al curso de esquí.
 Se realizo en Reinosa, pero sirve para ilustrar como era.















26 jul 2019

Curso de Esquí de 1985 (2)

CURIOSIDADES SOBRE EZCARAY



El Río Oja.
Cerca de nuestro cuartel estaba uno de los puentes sobre el río Oja, que da nombre a la región ¿a que algunos no sabíais esto? 




La vuelta ciclista a España.
Desde Ezcaray hasta la estación de esquí de Valdezcaray transcurre una etapa  de la vuelta ciclista, la contra-reloj  de montaña, por el mismo trayecto que cada mañana hacíamos en los camiones que nos llevaban a las pistas.

En dos ocasiones ese camino se vio cortado a los vehículos por avalanchas, por lo cual el camino lo hicimos foqueando (marcha nórdica), una vez desde el mismo cuartel y otra desde el punto hasta el que podían subir los camiones, no hasta el aparcamiento, si no (ya puestos) hasta el San Lorenzo, cima mas alta de la Sierra de la Demanda.

Cima del San Lorenzo

Podemos decir que los que hicimos ese curso, también nos hicimos una etapa de la vuelta. 

La Culitos.
Era una de las profesoras de esquí de la estación (para civiles), muy guapa, e imagínense el porqué del apelativo al verla enfundada en sus ajustados pantalones de esquí, pero..., como nos advirtió uno de nuestros Sargentos, antes de ir al curso: Oiréis mucho sobre La Culitos, pero que sepáis que es la novia de uno de los mandos de las unidades que acudirían al curso, así que cuidado con lo que decís, y donde lo decís.

Supongo que la relación entre Ezcaray y los Oficiales y Suboficiales que acudían periódicamente al curso era muy estrecha, y si se hiciera un estudio sobre las parejas que allí surgieron, nos  sorprenderíamos.

Una noche de sábado, disfrutando del fin de semana, en uno de los locales de noche de la localidad, nos encontramos con los antiguos Sargentos de la Compañía, Argisjuela y Campos, ya Tenientes. Fue inesperado, pero pensando un poco, lógico.


El piso de alquiler.
Era tradicional alquilar un piso en Ezcaray, entre varios soldados, para las salidas diarias y los fines de semana.

En el podíamos ducharnos adecuadamente, descansar y pasar los fines de semana. 

Eso si, había que hacerse la comida y limpiar, sobre todo si te advertían los propietarios tras comprobar como lo dejamos alguna vez. Corramos un tupido velo.

Recuerdo los calamares fritos que nos hizo un (casi) paisano mio, al estilo de Almería, rebozados en harina, solo harina.


La marcha.
Me refiero a la diversión. Pufffff..., muchas veces he dicho que ese periodo en nuestra mili era como unas vacaciones, y en Ezcaray había muchos sitios y el ambiente para desmadrarse. Pero nada de lo que cuente sirve para describirlo, había que vivirlo.


El Cuartel.
Se puede apreciar perfectamente la diferencia entre su estado actual y el que tenia cuando se hacían los cursos.


Este edificio en la actualidad, ahora muy reformado, fue nuestro antiguo cuartel.


Se empezó a utilizar en 1977, y fuero soldados de mi compañía los que lo habilitaron para ser usado como vivienda.

Hubo un proyecto de hacer un cuartel nuevo en Ezcaray, pero finalmente no se llego a nada por la oposición de los políticos a todo lo que fuese militar, muy de la época. Esto es lo que se decía por radio macuto.

¿Quien perdió mas? no lo se, pero unas 400 personas, durante dos meses en invierno, le daban mucha vida, y no digo nada a la estación de esquí.

Creo que el curso de 1985 debió de ser el ultimo (este asunto me gustaría que alguien me lo ratificara), o uno de los últimos, que se realizo en Ezcaray. Por lo que se, en 1986 se realizo en Belagua (Navarra), después se volvió a Reinosa (Cantabria), y en los últimos tiempos se realizaba en Cerler (Huesca).



Continuara...


J. Florencio, 2º/84




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19 jul 2019

El Curso de Esquí de 1985

Cuartel en Ezcaray

Eran principios de Enero de 1985 y en Pamplona cayo una gran nevada,…,histórica. 

Podíamos esquiar en el campo de maniobras del cuartel, eso hizo que no se realizara la habitual instrucción sobre el manejo de los esquís en las cuadras, sobre la paja.

Lecciones en las cuadras, cuartel de Aizoain.

Siempre me había preguntado el ¿Por qué? de ese mote con el cual nos denominaban las otras unidades: pingüinos (nosotros los llamábamos a ellos pistolos). La primera vez que me puse los esquís y salimos del cuartel lo comprendí.

Henos aquí, todos los esquiadores moviéndonos por la plaza de armas con los esquís puestos, andando como pingüinos, torpemente y con cuidado de no caernos.

Una vez en el campo de maniobras la primera lección fue… como caerse. Siguieron la vuelta Maria, subir, bajar en cuña, hacer giros, el paso patinador, etc.

Así estuvimos los días previos a viajar hasta la estación de esquí de Valdezcaray, en la riojana Ezcaray, Sierra de la Demanda.

La estación, según nos contaron los veteranos, no se caracterizaba por la abundancia de nieves, sino por la cantidad de piedras que te encontrabas cuando esquiabas.

Conocía la estación de esquí de Sierra Nevada, Sol y Nieve, de hecho una semana antes de incorporarme al servicio militar estuve con unos amigos allí, para hacer montañismo, subir El Veleta.

Para mí fue una decepción pues esta estación consistía en un edifico donde estaba el restaurante autoservicio y una serie de remontes, la mayoría tele-esquíes. A la estación se subía a través de un telesilla en el aparcamiento de la carretera, sin urbanización ni nada por el estilo, muy diferente de la estación granadina, todo un emporio del turismo de nieve.

Telesilla que sube hasta la estación de esquí

El viaje de Pamplona a Ezcaray se hizo en los habituales camiones de la Compañía de Transportes de la División, con todo el confort que ello comporta.

El viaje se inició muy de mañana, fría y muy nublada. Las carreteras, aunque practicables, estaban nevadas, cosa que se acentuaba cuando atravesamos determinadas zonas.


Ezcaray.
Es la localidad a la que nos dirigíamos. Nuestro cuartel era una muy vieja fábrica de muebles, en un estado manifiestamente mejorable, acondicionado para albergarnos.

¿Estrecheces?, todas las imaginables: literas de tres alturas, menos de medio metro de separación,  subir,  bajar o vestirse había que hacerlo de lado…, una proeza.

Bueno, estábamos acostumbrados.  En el campamento El Carrascal había más espacio, pero las condiciones eran similares. Nada que ver con los lujos del Refugio General Garrido en Belagua.


¿Cómo es Ezcaray?

Calle de Ezcaray

Muy bonito, con calles con soportales para protegerse del clima y sobre todo, mucho vino, y muy barato. Ideal para los soldados, que no nos caracterizábamos por poseer mucho de él.

La combinación perfecta para que la primera salida del cuartel se convirtiera en todo un aquelarre. Todos los que lo vivimos no podremos olvidar jamás aquella formación nocturna en la cual la posición de firmes era imposible de mantener. A nuestros mandos sorprendidos, sin saber qué hacer, ninguna orden era obedecida. Todos, absolutamente todos, estábamos disfrutando de una anormal alegría. Nuestros mandos, ante la imposibilidad de controlar la situación, optaron por la sabia decisión de que subiéramos a los dormitorios y “durmiéramos la mona”. Qué noche la de aquel día.


Uniformidad.
Para salir de paseo o fin de semana no se usaban los zapatos con el traje de bonito, se usaban las botas de 3 hebillas (estaba todo nevado). Tampoco se usaba la gabardina 3/4, nos poníamos el chaqueton 2/4. Esto ocasiono algunos problemas con la Policía Militar a los que fueron a sus casas de permiso el fin de semana.

Los bollos preñados.
Todas las mañanas se nos suministraba un bollo preñado, es decir, un bollo que sé cocinaba con un chorizo en su interior. Eran las barritas energéticas de la época. Normalmente se guardaba para las pistas.


Las duchas.
Qué momento… En verano, durante el curso de escalada, hacer cola al aire libre no ocasiona ningún problema mientras esperabas a entrar en las duchas portátiles que apoyo logístico nos instalaba. Esas en las que tienes que lavarte muy deprisa.

Aquí, era invierno y hacia mucho frío. Las duchas estaban en el patio y allí estábamos, unos 300 soldados, haciendo cola, al aire libre y con espectadores desde los edificios cercanos. Que momentos.


Las guardias.
El cuerpo de guardia estaba a la entrada del cuartel. Las garitas, por la noche, duraban una hora y disponíamos de unos grandes capotes para combatir el frió, pero la principal arma para luchar contra el frío nocturno era…, siiiii, esa en la que todos pensáis: EL CARAJILLO.



Gran invento popular que cada noche era suministrado en cálidos termos de grifo y era recibido con aclamación y  jolgorio por los que teníamos que hacer la guardia.


La Patrulla.
Uno de los mejores recuerdos que guardo de Ezcaray fue cuando me toco hacer la patrulla nocturna. Andar por las solitarias calles solo con el ruido de tu pisadas cuando rompen la nieve, no tiene precio.


La vaquilla.
Tradicionalmente se soltaban unas vaquillas en un recinto cerrado del cuartel. Recuerdo al Teniente Cerezo con montera, o algo parecido , envuelto en un capote, que debía de ser una de las mantas del ejército.



La diversión duro poco pues la vaquilla se escapó del recinto, y ahí nos tienes a todos tras la vaquilla, muertos de la risa, buscándola por el pueblo…

Junto a un helicóptero en el patio. Ese día estábamos de guardia.


J. Florencio, 2º/84